jueves, 2 de abril de 2015

Kostís Palamás (1859 - 1943) La tumba.



Autor:  Kostís Palamás
Título: La tumba
 
Traducción de Juan Antonio Pérez, Juan Francisco Rey  y José Manuel Ruiz   
                                                                   
Coordinación y prólogo de Francisco Javier Ortolá Salas

 Edición  bilingüe
 
 Nº de páginas: 105
 
Colección ROMIOSYNE, nº 4
(Director: Juan José Tejero)




Palamás poeta de la intimidad

El 24 de febrero de 1898 (...), ese día permaneció grabado para siempre  en la memoria y el corazón de Palamás y los suyos: la muerte de su hijo Alkis. De su matrimonio con María Valvi, Palamás tuvo tres hijos, el último de los cuales, el pequeño Alkis, murió a la edad de cuatro años. Este doloroso acontecimiento impulsó al poeta a componer una colección de poemas de carácter lírico bajo el título de La tumba. (pág. 11)

Para Palamás la poesía es liberación, y más en un caso tan doloroso como la muerte de su hijo. El mismo día en que murió Alkis, esa misma tarde, Palamás comenzó a escribir La tumba. El poema vio la luz dos meses más tarde, el 9 de mayo. (Pág. 12)
 


  
 
Para Palamás el recuerdo es la evocación poética, la evocación creativa del pasado en la poesía. No en vano en el epílogo sostiene que

Ni lágrimas ni llantos
ni Palabras ni Versos,

ni el Ritmo creador
ni la Rima de las nanas,
pueden liberar de su tumba
su más puro recuerdo

El Verbo, en efecto, es incapaz de traer consigo la resurrección. Pero también, cuando se marcan estos límites, se duda incluso de la verdad creativa de la Palabra, lo que llevaa Palamás a la siguiente conclusión:

¡Cada verso es un engaño,
una mentira cada palabra!
                                                                    (Pág. 18)  
       


 
La tumba

Ni de hierro,
ni de oro,
ni siquiera con los colores
que siembran los pintores

ni con los mármoles
artísticamente labrados;
¡te hice una casita
sempiterna para ti

tan sólo con la magia
de tu aliento! Te la erijo
en un lugar etéreo,
indemne al tiempo.

Con todas mis lágrimas
y con mi sangre toda
construí sus cimientos,
la cubrí con una bóveda.

Y si tienes miedo, amado mío,
de quedarte solo,
¡grita y retén
dentro de tu palacio

todo el amor que brotó
cuando eras un retoño
que hizo florecer y marchitar
el orgullo de una aurora!
                                                  (Pág. 25)



 
Cuando estaba con vida

¡Vuelve aquí, acurrúcate
y quédate, tú sólo quédate
quieto y en silencio,
querido mío!

¡Ay, ojalá estuviera, ojalá sintiera
sobre mi mejilla
tu mejilla suave,
tanto lo deseo que muero!

¡Ay, ojalá estuviera, ojalá sintiera,
y aún muero por esto,
su suavidad
por encima de este sueño cruel!

Su suavidad,
¿qué acompasada melodía,
qué impulso la creó?
¿Qué aterciopelado cabello,

qué pluma de cisne
y qué pétalo de rosa?
¿Qué seda inescrutable,
qué manzana encantada?

Sé de una flor como a nieve,
una flor sin mácula,
que sólo reparte caricias,
desde el alba hasta la madrugada;

que nunca amedrentó
a las verdísimas hojas,
al bramido del Bóreas,
a la negrura de una tromba;
                                                                       (Fragmento, Pág. 29)


  

Este ejemplar de La tumba
de Kostís Palamás, nº 4 de la 
colección ROMIOSYNE de poesía griega
contemporánea, se terminó de imprimir el 5 de diciembre de 
2014, doscientos veintitrés años después de la muerte del mayor
músico que vio componer la Humanidad, W.A. Mozart. Consta la
la edición de 1200 ejemplares impresos en tipos Janson Text, de los cuales
110 van sin coser ni guillotinar dentro de unas cubiertas especiales
(10 sin numerar y 100 numerados para suscriptores), numerados y
firmados por el editor.                                                            


Kathy  Hare 

  


 

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