domingo, 12 de abril de 2015

El canto del cisne.


William Bouguereau
Nacimiento de Venus, 1879


El canto del cisne
Pinturas académicas del Salón de París
Colecciones Musée D'Orsay
 



Las exposiciones de la Fundación Mapfre no suelen defraudar, y El canto del cisne. Pinturas académicas del Salón de París. Colecciones Musée d'Orsay no es una excepción. Formada por 84 obras maestras de la mejor pintura francesa de la segunda mitad del siglo XIX, todas ellas pertenecientes a la corriente academicista, es decir, que siguen fielmente las normas que dictaba la Academia de Bellas Artes de París, en pro de la tradición y de un canon de belleza universal. 

La Academia de Pintura estableció una serie de criterios que dominaron la producción artística en Francia durante los siguientes dos siglos.


Alexandre Cabanel
El nacimiento de Venus

Una de las obras sobresalientes de la colección del Museo d'Orsay es El nacimiento de Venus, de Alexandre Cabanel, que obtuvo un enorme éxito en el Salón de 1863. Tanto que Napoleón III la adquirió para su colección personal. Su dominó de la técnica, su virtuosismo en el dibujo, en el uso del color y la luz y la minuciosidad de los detalles lo convierten en un ejemplo del arte que gustaba entonces, tanto al público como a los estamentos oficiales. El hecho de que narrase una escena mitológica permitió a Cabanel representar a una mujer desnuda y tumbada, sin que fuera calificada de lasciva por los ojos de la época.


A partir de la mitad  del siglo XIX, pese a mantener muchas de estas convenciones, el arte académico buscó formas muy diversas de interpretarlas y derribarlas, tratando de modernizar la tradición desde dentro para adaptarse a un mundo en continua transformación y cambio. Esta pintura que se exponía anualmente en el Salón de París, ha sido denostada por la historiografía, que la ha tratado solo como el contrapunto necesario para la reacción del impresionismo y del resto de tendencias que condujeron directamente a las vanguardias del sigloXX. Sin embargo, es una pintura espléndida y refinada, que marca una de las páginas más notables de la historia del arte como última heredera de la tradición de la gran pintura.


 Jean Auguste Dominique Ingres
El manantial


¿Un desnudo ideal? A mediados del siglo XIX el desnudo seguía siendo considerado el ideal de belleza. Ademas de proclamar el ideal estético, el cuerpo es utilizado para narrar historias. El cuerpo voluptuoso y carnal de El manantial de Courbet, heredero de los de Rubens, se enfrenta a la superficie aporcelanada de los cuerpos de Cabanel en obras tan emblemáticas como El nacimiento de Venus. En ambos el cuerpo es el pretexto; su ambigüedad se hace evidente a través de la provocación que sugieren, suscitando críticas entre los más conservadores así como un enorme éxito comercial.


La colección del Museo de d'Orsay incluye algunos de los principales trabajos de autores como Gerôme, Alexandre Cabanel,  Carolus-Durán o Léon Belly. Estas obras, de factura refinada y detallista, en la que cobra un destacado protagonismo el desnudo y se deslizan todos los temas tratados, están inspiradas en muchos casos en los grandes maestros de la Antigüedad, el Renacimiento o el Barroco, de acuerdo con las enseñanzas de la Escuela de bellas Artes de París. En este centro se formaron los grandes pintores franceses de los siglos XVIII XIX, los alumnos aprendían asimismo unos principios estrictos e inflexibles sobre la misión del artista, las ideas que debía defender o los temas que podía interpretar.

Este movimiento se inscribe en un mundo que había sufrido profundas transformaciones, como consecuencia de las distintas  revoluciones políticas, económicas y sociales que habían jalonado el siglo XIX, y en el que las leyes estéticas y morales que regían desde el neoclasicismo estaban siendo profundamente cuestionadas. Así, la pintura academicista engloba una serie de artistas que quisieron adaptar la tradición de lo que se denominaba la gran pintura a unos tiempos cambiantes, tratando de adecuar el ideal de belleza universal y eterno al concepto que imponían las nuevas modas. 


 Charles Auguste Emile Durant
Retrato de Mademoselle X, marquesa de Anforti, 1875


Frente a la considerada como pintura moderna, , la pintura académica presenta una visión nueva de los orígenes de la modernidad, en la que se ponen de manifiesto los grandes problemas estéticos y los debates estilísticos de los inicios del arte moderno. Es el último canto del cisne de una pintura deslumbrante, que moriría con la llegada de las vanguardias.

 Jean-Léon Gérôme
La pelea de gallos, 1846


El canto del cisne, la primera exposición que se realiza sobre este tema, pretende analizar este último esplendor de la pintura académica. La muestra se organiza a través de los géneros tradicionales con la intención de mostrar las ambivalencias, los encuentros y las paradojas que se generan dentro de la propia dinámica académica.
 

Léon Belly
Peregrinos yendo a la Meca


Considerado desde su presentación en el Salón de 1881 como una obra maestra de la pintura orientalista, este cuadro de Léon Belly representa una larga caravana atravesando el desierto y dirigiéndose a La Meca, el lugar santo de peregrinación de los musulmanes. Un jurado profesional le concedió entonces el primer premio. El público alabó el efecto que producía ese largo séquito avanzando hacia el propio espectador, una sensación tan envolvente que parecía que el observador formara parte de la expedición. Egipto, Marruecos, Argelia o el desierto en general son los lugares más comúnmente visitados por estos artistas académicos. Pintores que a menudo plasmaron en sus cuadros una mirada imaginada, la mirada que se tiene desde Occidente de esas culturas lejanas e insólitas. En este cuadro Belly aparece como heredero del exotismo de Delacroix o de Ingres. Sin embargo, los propios especialistas del Musée d'Orsay especifican sobre esta obra que "de un modo muy discreto, el artista otorga un alcance ecuménico a su obra. A la izquierda de la composición hay un grupo de tres personajes: un hombre de pie acompañando a una mujer con su niño, montada en un burro. Se trata de un sorprendente recordatorio de la huida a Egipto de María, José y Jesús. Mediante esta asociación, Belly muestra su apego a la idea de que , más allá de las divisiones, existe una religión universal, una fe en Dios único".


 Gustave Guillaumet
El Sahara, 1867
 


(Detalle)


Orientalismos: del harén al desierto.
Herederos del romanticismo que sacudió el Salón durante la primera mitad del siglo, los artistas de la siguiente generación hicieron una reinterpretación del orientalismo. Desde la perspectiva de la Academia, ofrecieron una vía de escape a los visitantes del Salón, que cayeron rendidos ante los encantos que el imaginario les ofrecía. La odalisca tumbada de Benjamín-Constant se ofrece al espectador con la misma provocación que la Venus de Cabanel, pero su exotismo la hace aún más irresistible.


Hector Leroux
Herculano, 23 de agosto del año 79


El recorrido comienza con los dos pilares de la tradición académica. la Antigüedad como modelo a imitar y el estudio del desnudo, que pierden su carga moral y ejemplarizante para convertirse en espejo de las preocupaciones y los deseos del hombre del siglo XIX. La exposición se detiene con especial atención en la evolución de los grandes géneros. la pintura de historia, que se convierte en escenario de dramas íntimos o colectivos, la pintura religiosa, que sufre una profunda regeneración para adaptarse a las necesidades de culto de la Francia postrevolucionaria, y la pintura mitológica donde el academicismo dio sus frutos más excesivos y anacrónicos, pero también más espectaculares.


 Jean-Paul Laurens
La excomunión de Roberto II el Piadoso, 1875.


Pasión por la historia, historia de las pasiones
La pintura de historia era considerada el gran género. Abarcaba tanto las historias sacras como las mitológicas y profanas, tal y como se aprecia en los Romanos de la decadencia de Thomas Couture, donde, casi como si de un manifiesto de este tipo de pintura se tratara, se dan cita casi todos los aspectos de este imaginario.


 William Bouguereau
Dante y Virgilio


El mito: la eternidad de lo humano en cuestión
Las escenas de carácter mitológico sirvieron a los artistas para plantear las eternas cuestiones sobre el origen y el destino del hombre, más allá de las apariencias pasajeras que el mito adopta a lo largo de la Historia. Así, por un lado, buscaron mitos que sus predecesores ignoraban, más sombríos y violentos, de herencia miguelanguelesca y barroca como el Perseo de Joseph Blanc, pero también mitos paganos como Dante y Virgilio de Bouguereau.


 James Tissot
Retrato del marqués y la marquesa de Miramon y de sus hijos, 1865
 

Jaques-Émile Blanche
Retrato de Marcel Proust, 1892


La muestra también expone el auge del retrato y de géneros hasta ese momento considerados menores, como el paisaje orientalista o ensoñador, que sirve como huida del mundo moderno. Finalmente, la exposición cierra con una sección que muestra el resultado de estas revoluciones desde dentro: el ideal único e inalterable de la Academia finalmente fue transformado en múltiples ideales que permitieron a los artistas transmitir ideas y sueños, manifestar aspiraciones por lo inmaterial y dar forma a lo inefable, abriendo el camino al simbolismo y a otras tendencias de fin de siglo.
 




Fundación Mapfre
Salas de Exposiciones Recoletos

Paseo de Recoletos, 23. Madrid
Del 14 de febrero al 3 de mayo de 2015

Entrada gratuita  





  

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