viernes, 27 de marzo de 2015

Museo Nacional de Artes Decorativas. Madrid


Palacio de Cibeles. Calle Montalbán

 


 

El edificio es precioso, su función como Delegación de Hacienda...




  Museo Nacional de Artes Decorativas (MNAD)
Calle Montalbán, 12.
 

 
Siguiendo el ejemplo  del Victoria and Albert Muesum de Londres, ilustra la evolución de las llamadas "artes menores" (muebles, cerámicas, vidrio y textiles, etc.).

 

 Según se accede al interior, a la derecha, podemos ver una escalera de tipo imperial que conduce al primer piso.









 Habitación procedente de una casa valenciana del último cuarto  del siglo XVIII, decorada con más de  1.500 azulejos pintados. 
La separación entre los señores y los criados en las casas señoriales no fue drástica hasta el siglo XVIII, cuando se limitó la relación entre ambos. Por eso, sorprende que todavía en Valencia las paredes de las cocinas de las casas señoriales se decoraran con tanto cuidado, cubriéndose hasta el techo con azulejos esmaltados y pintados con trampantojos que, a modo de espejo idealizado, ilustraban la moda, los usos y las costumbres de la cocina y la mesa de las clases acomodadas levantinas.



 Esta sala es conocida como "la cocina valenciana" aunque en origen habría sido utilizada, más que como cocina, como lugar de recepción. Es una ventana abierta a la vida de finales del siglo XVIII en Valencia, pues en ella aparecen representados los útiles de cocina, los alimentos que se tomaban, los trabajos de los criados, la moda del momento, etc.



 En los preciosos azulejos se puede apreciar lo bien surtida que tenían la cocina los señores de la casa, no falta de nada.



La cocina, que perteneció a una casa palacio de Valencia de finales del siglo XVIII, situada en la C/ del Mar, nº 18, fue realizada en alguna de las fábricas de azulejos de la ciudad. Derribada tras la Guerra Civil, fue adquirida en 1941 por el Estado e instalada en el Museo en una sala realizada expresamente para ello. Su distribución fiel a la primitiva con sus 1604 azulejos.
 


En el panel principal se representan los preparativos para el "agasajo" o "refresco", reunión en la que se tomaban distintos platos dulces y salados, acompañados de bebidas frías y calientes, siendo el chocolate la más importante. 
Representa escenas de servicio doméstico: la señora de la casa supervisando la merienda (sorbetes de nieve presentados en una salvilla, dulces y chocolates en las mancerinas), un esclavo negro y otras gentes del servicio. La imagen de Nuestra Señora del Carmen con el escapulario del escudo de la orden, situada junto al pozo, hace pensar en una función protectora sobre el agua, aunque también puede hacer referencia a una devoción personal o al posible oficio de los navieros de la familia.
El suelo se cubría con una solería de losas rojas bizcochadas, sin esmaltar, que podían alternarse con otras decoradas. El ambiente se completa con muebles pintados levantinos y vasares y alacenas con cerámica de la segunda mitad del siglo XVIII y el siglo XIX.



 Brasero taller castellano 1675-1750. Latón y bronce fundido, batido, torneado y calado.

Alacena. Cataluña, último cuarto del siglo XVIII, madera de conífera policromada.



Silla de brazos. Norte de la Península. Último cuarto del siglo XVIII. Madera con talla de gubia.


Oratorio del dormitorio principal


(Detalle)
  


Talla de Jesús en marfil






Las salas del palacete de los duques de Santoña (casa que la noble nunca llegó a habitar) son hoy un recorrido por diferentes siglos.



Cómoda Luis XV (Nápoles, Italia). Madera de pino chapeada de palo de rosa y otras maderas finas, latón dorado.

En esta sala se exponen objetos realizados con dos de las técnicas características del siglo XVIII: la marquetería y la porcelana. En España Carlos III creó el Real Taller de Ebanistería y la Real Fábrica de Porcelanas del Buen Retiro, con las que quiso impulsar cierto desarrollo tecnológico, depender menos de las importaciones y fomentar el comercio de carácter suntuario.



 Detalles de un magnifico tapiz en uno de los salones del museo.





Pinturas y objetos de plata.
 

Plato de engaño, mancerinas, jarras etc,.
Porcelana de Alcora.


Suele dividirse la producción de la fábrica de Alcora en cuatro etapas. Dentro de ellas las piezas se agrupan por series creativas o por materiales.

Historia de la fábrica de Alcora

Fábricas patrocinadas por la nobleza: el modelo económico francés.
El ministro de Luis XIV, Jean Baptiste Colbert, con el fin de relanzar la economía, impulsó una serie de medidas proteccionistas entre las que se incluían la fundación de manufacturas reales y la creación de empresas por parte de las clases nobles. Los Borbones intentaron introducir modelos económicos "colbertianos" en España donde se mantenían los talleres y gremios artesanales, aunque de forma moderada, puesto que la iniciativa privada se topaba con el exceso de burocracia y la nobleza prefería fuentes de ingreso más tradicionales. Pero hubo excepciones.

Las razones del éxito

Siguiendo el modelo, el IX conde de Aranda, fundó en 1727 una "fábrica de loza o fayanza" en su señorío castellonense de Alcalatén. Sus motivos fueron el compromiso con sus territorios y con la Corona, así como el aumento del prestigio de su casa condal.
Escogió la villa de Alcora por la tradición alfarera de la zona, sus yacimientos de arcilla, la abundancia de leña para el combustible y su buena situación geográfica en relación con el comercio marítimo. A estas ventajas se sumaron los constantes privilegios y franquicias otorgados por la Corona; el empeño del conde por traer a maestros franceses que formaran a los operarios locales; y el establecimiento de una excelente red de distribución nacional; y la competitividad de los productos alcoreños, que ofrecían calidades próximas a la porcelana a mucho menor precio. 
La fórmula resultó exitosa, hasta tal punto, que en pocos años, todos los centros tradicionales de fabricación de loza tuvieron que producir "al modo de Alcora" si no querían verse desplazados en el mercado.





 Placa de San Diego de Alcalá. Real Fábrica de Alcora (Castellón) 1727-1750.
Depósito aguamanil. (Francia) 1738-1749.

 





Taller Guido u Orazio Fontana (1490-1576) perteneciente a una familia de ceramistas.
Cerámica de arte renacentista italiano,c.1540-1550.






Exposición temporal: Plata deseo y realidad

 
Jofaina y aguamanil 
 

Juego de tocador


Palmatoria y candelabros

Al calor del hogar

Denominamos platería civil a todas aquellas piezas cuyos usos exceden los del culto religioso católico. La escasez de piezas conservadas convierten a esta categoría en una gran desconocida.
Aunque en España atesoramos bastante platería civil, la encontramos casi únicamente organizada en colecciones públicas y privadas, o en el mercado del arte, un sector que se alimenta de las colecciones de pequeños y grandes propietarios desconocidas para el público en general.
Durante la Edad Moderna, en nuestro país la producción fue abundante, fortunas en metal que se acumulaban en las casas y palacios de los mejor situados. La plata se atesoraba en aparadores y adornaba las mesas de gala con una extensa variedad tipológica, piezas de las que tan solo se conservan ejemplares sueltos.


 Escribanía


Los factores que motivaron su desaparición son diversos:

Las crisis de las grandes casas nobiliarias de la Edad Moderna y la dispersión de su patrimonio.
La naturaleza propia de las piezas de plata, que las hace susceptibles de ser recicladas con cierta facilidad.
Las necesidades económicas de los conflictos armados con intervención española, en los que fueron empleadas como pago en especie, donativo para los gastos de guerra o materia prima para acuñar moneda de emergencia.


  
Las bebidas de los dioses

Las infusiones y el chocolate contaron con un contexto propio; un horario, unos espacios, una situación concreta y piezas de servicio específicas para cada producto e independientes de los de las comidas.

A medida que su consumo se iba difundiendo por Europa, sus recipientes principales fueron adoptando formas características: bajos y esféricos o achatados en el caso de las teteras, altos y de proyección vertical cuando eran cafeteras, troncocónicos para los chocolateros.

El chocolate fue precisamente el producto que mayor impacto produjo en la platería española. En el siglo XVI nacieron los chocolateros y pronto se generalizaron en plata, para verter en ellos el chocolate que posteriormente era dispensado por los sirvientes en los salones o habitaciones específicas de la casa.

Junto a ellos las macerinas fueron piezas que gozaron de gran popularidad para el consumo de nuestro producto. Concebidas en el contexto americano, en la década de 1670 ya se enumeraban en algunos inventarios de bienes de la nobleza española. De diversas formas las de tipo venera triunfaron de manera extraordinaria en cerámica y porcelana.



Mesas resplandecientes

Los testimonios de la existencia de grandes conjuntos de piezas de platería en las mesas españolas, aparecen relacionadas en la documentación de muchos archivos de este país, en algunas pinturas y en grabados de época. La variedad de objetos documentados da una idea bastante precisa del fasto derrochado en los banquetes de la alta sociedad barroca.

Sin embargo, ya desde el Renacimiento, las piezas de presentación contaban con un abanico tipológico que se vio incrementado a lo largo del tiempo. Fuentes, salvas, bacías y platos de usos variados, cazuelas, azafates, tembladeras o escudillas, confiteras, hueveros, conserveras, vasos, cumplían funciones especifícas en el servicio de la mesa.



 En el siglo XVII las mesas españolas de más abolengo siguieron las costumbres austeras de los Austrias, en la centuria siguiente se produjo un lujoso giro hacia las modas francesas, que tenían a Versalles como modelo esencial, combinadas con un registro de tipo italiano característico de la rama borbónica afincada en España. En la platería, esta última influencia se vio acentuada a partir del matrimonio de Felipe V con Isabel de Farnesio, se mantuvo durante el reinado de Fernando VI y predominó hasta el fin de siglo con Carlos III y Carlos IV.

Atril taller andaluz

 

A la luz de la liturgia
  


Devoción pública



Exposición temporal: De animales y hombres

Estampa japonesa de Katagami del MNAD
 

Una parte considerable de los fondos de este museo está compuesta por piezas de origen oriental, entre ellas podemos encontrar una destacada colección de ukiyo-e y los recién identificados katagami.
De animales y hombres, nos permite adentrarnos en un mundo de papel que retrata un entorno natural y cultural a través del prisma del artista japonés del momento. Con una enorme capacidad de detalle, las piezas muestran escenas de la vida cotidiana en la ciudad de Edo; sus cánones de belleza y elegancia, una rica tradición literaria; su pasión por el paisaje y la naturaleza, desde la mirada científica a la poética. Todos ellos aspectos esenciales para comprender el inmenso magnetismo que provocan estas manifestaciones. 
 
Como otras manifestaciones de las artes plásticas japonesas, el Ukiyo-e -estampa de grabado xilográfico sobre papel con escenas y motivos de géneros diversos- es una técnica compleja en la frontera entre la producción artística y la artesanía de alta calidad. Nace de la revolución cultural y los cambios producidos en el periodo Edo (1603 - 1868). Las nuevas clases urbanas con mayor poder adquisitivo y sus nuevas formas de vida y ocio generarán una riqueza cultural sin parangón hasta entonces.


Kitagawa Utamaro


El Ukiyo-e, de consumo cotidiano, fue creado por y para esta sociedad. Con un gran abanico de usos (ilustración de libros, publicaciones periódicas, edición de compendios de imágenes, carteles publicitarios y propaganda de todo tipo) y temas (retratos, vida cotidiana, temas literarios e históricos, paisaje, repertorios animales), giraba entorno a cuestiones que conectaban con su cultura. Géneros que en occidentes eran propios de la Pintura, en Japón, a partir del siglo XVII se materializan en estampas de papel.

Algunos ejemplos de ukiyo-e ejercieron una gran influencia en el arte europeo desde la segunda mitad del siglo XIX, contribuyendo profundamente a su renovación. La especial capacidad que estas manifestaciones tuvieron para trasladar los elementos estéticos de la sociedad que los produjo, sus novedosos enfoques y su manera de mirar, su exotismo y su refinamiento fascinaron al público y a los artistas occidentales.

Esta producción se prolongará durante el período Meiji (1862 - 1912) llegando hasta mediados del siglo XX, cuando reciba de vuelta las innovaciones de las vanguardias históricas europeas. 



  

Fuente de Apolo 



Unas mancerinas con jícaras de rico chocolate.









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