viernes, 13 de marzo de 2015

Meditaciones del Quijote. José Ortega y Gasset (1883 - 1955)


Ministerio de Agricultura. Madrid

La falta de sensibilidad para los problemas específicamente intelectuales y filosóficos: "para quien no existen los problemas, son artificiosas, rebuscadas y paradójicas las soluciones". (pág. XVII). (Ortega y Gasset "Teoría del clasicismo)
 
 

Lo primero que hay que tener en cuenta si se van a leer las Meditaciones del Quijote es el "argumento" de este libro: su misma existencia es un libro filosófico es ya el principio del descubrimiento más importante de Ortega. La estructura dramática de todo decir -conferencia, artículo, ensayo, libro- va a ser requisito insoslayable, factor necesario de su verdad y de su eficacia comunicativa. La expresión "yo soy yo y mi circunstancia", dirá Ortega en 1932, "no significa sólo la doctrina que mi obra expone y propone, sino que mi obra es un caso ejecutivo de la misma doctrina. Mi obra es, por esencia y presencia, circunstancial. Con esto quiero decir que lo es deliberadamente, porque sin deliberación, y aún contra todo propósito opuesto, claro es que jamás ha hecho el hombre cosa alguna en el mundo que no fuera circunstancial. (Pág. XVII). (Julián Marías)
 


Se trata de saber a qué atenerse. Pero, para ello, lo primero que hay que hacer es salir de sí, a lo que va a llamar Ortega desde ahora la circunstancia: "las cosas mudas están en nuestro próximo derredor". Esa circunstancia es primeramente España: "El individuo no puede orientarse en el universo sino al través de su raza, porque va sumido en ella como la gota en la nube viajera". Y por raza entiende una manera histórica de interpretar la realidad, una versión original de lo humano. (Pág.XXI). Julián Marías.



Pero Ortega tiene buen cuidado de advertir que todos en alguna medida somos héroes, que el heroísmo no está adscrito a ciertos contenidos específicos de la vida, que donde quiera subsiste subterránea esa posibilidad, que la voluntad es el tema trágico; es decir, que heroísmo y tragedia pertenecen esencialmente al hombre, son la forma de la vida en que ésta se desprende de su mera condición biológica y descubre o patentiza su verdad. Don Quijote es el paradigma de esa consistencia el ejemplo en que ésta resulta visible, inteligible, porque Cervantes la interpretó, alumbró su lógos, su sentido, la desveló al recrearla imaginativamente. (Pág. XXVII) Julián Marías.





(...) Quien quiera enseñarnos una verdad que no nos la diga: simplemente que aluda a ella con un breve gesto, gesto que inicie en el aire una ideal trayectoria, deslizándonos por la cual llegamos a nosotros mismos, hasta los pies de la nueva verdad. Las verdades, una vez sabidas, adquieren una costra utilitaria; no nos interesan ya como verdades sino recetas útiles. Esa pura iluminación subitánea que caracteriza a la verdad, tiénela ésta sólo en el instante de su descubrimiento. Por eso su nombre griego, alétheia -significó originariamente lo mismo que después la palabra apocalipsis-, es decir, descubrimiento, revelación, propiamente desvelación, quitar de un velo o cubridor. Quien quiera enseñarnos una verdad, que nos sitúe de modo que la descubramos nosotros. (...) [Pág.80-81]







Autor: José Ortega y Gasset
Título: meditaciones del Quijote
Comentario: Julián Marías



Ediciones de la Universidad de Puerto Rico
Revista de Occcidente
Colección: Biblioteca de Cultura Básica



Edición 1957
Nº de Páginas: 445 
 
Chris Riddell



Laura Medei










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