lunes, 30 de marzo de 2015

Mathias Goeritz.




El retorno de la serpiente
Mathias Goeritz  
y la invención de la arquitectura emocional 


Centro de Arte Reina Sofía, mirador en la tercera planta.


Arquitectura emocional: la obra como estrategia

Mathias Goeritz (Danzig, hoy Gdansk, Polonia, 1915 - Ciudad de México, 1990) se formó en el Belín turbulento de entreguerras, en pleno ascenso del nacional socialismo. Durante el conflicto bélico y la posterior Guerra Fría cultural, Goeritz se forjó una personalidad múltiple, estando asignado como filósofo e historiador del arte en el Consulado alemán en el protectorado español de Marruecos, hasta su cierre en 1944, y posteriormente como pintor independiente en busca de su propia expresión, instalado después en España, desarrolló una actividad febril como promotor cultural empeñado en dar visibilidad internacional a aquellos artistas que experimentaban con el sintetismo abstracto bajo el nuevo horizonte de confrontación y bloques geopolíticos y culturales



Edificio Nouvel, visto desde la tercera planta.


Marcada por la defensa de la consigna bipolar de la libertad de creación, su actividad como artista y agitador se acentuó en México, a donde llega en el otoño de 1949. En este país  y en su breve lapso de tiempo Goeritz formula y condensa su práctica, teoría y estética bajo el nombre de arquitectura emocional, principio seminal presente en todo su trabajo y que no se restringe a la construcción de edificios, sino que se extiende a la pintura, la escultura, la gráfica o la poesía virtual. Uno de los aspectos más relevantes de la arquitectura emocional es que sirvió como dispositivo de la Guerra Fría cultural para confrontar el arte figurativo y de propaganda que a mediados del siglo XX predominaba en la escena mexicana.


Wheat & Steak, Tri-Uni-Corn / Trigo y Bistec / Trigo y Filete.
Antoni Miralta




Frente al rechazo de los realistas sociales, Goeritz encontró buena acogida en el gremio de los arquitectos, políticamente más conservador y con un potencial de encargos elevado propiciado por el auge constructivo del momento. Es a partir de entonces cuando el empleo de la escala monumental se erige en una de sus señas distintivas, opción estética y recurso representativo consustancial a las construcciones precolombinas y también emblema de los muralistas. De este modo Goeritz logra insertarse en el medio artístico mexicano con la formulación de un arte público diferente, desde un lenguaje sintético y soluciones geométricas asociado a la idea de modernidad y progreso económico.


Constelaciones




Sin embargo, su trabajo no se equipara a la noción de obra de arte total ( Gesamtkunstwerk), concepción romántica y operística del confluir de géneros artísticos, ni persigue el principio de integración de las artes entonces en boga, que ponía en diálogo a la pintura y la escultura con la arquitectura. En cambio, Goeritz promovió un arte estratégico, de agitación cultural, actuó como un constructor de especialidades donde establecer nuevas relaciones y sentidos y donde su arte de mediaciones sacudía instancias donde el arte y la práctica artística circulan y se validan, como el museo y la crítica (Museo Experimental El Eco), las formaciones artísticas y la galería (el grupo de Los hartos), la historia y los grandes sistemas de creencias (la serpiente y la pirámide, la cruz y la estrella de David). Acercarnos a su trabajo obliga a considerar una obra implicada con la agencia cultural, la cual intenta perturbar la subjetividad del espectador. El interés despertado hoy por los aspectos de circulación y recepción en el arte relacional, contextual y participativo contrasta con el desarrollo de esa modalidad creativa de mediación artística, esa estética de la conmoción con que Goeritz experimentó hasta su muerte.
 






Cómo funciona la arquitectura emocional: el corte, el doblez, el pliegue y la arruga

En la puesta en práctica y materialización del principio de arquitectura emocional Mathias Goeritz tomó algunas soluciones del campo del diseño industrial. Se trataba principalmente de recursos de repetición, como la elección de unidades modulares o la serie, cuya aplicación debía contribuir a su implantación en el imaginario social. Es así como Goeritz abordó y explotó un mismo motivo en distintos soportes y técnicas, de manera que ha lo largo de su trayectoria ciertos signos son constantes o se repiten reiteradamente: torres, pirámides, columnas o los trazos quebrados serpentinos. estos motivos acabaron erigiéndose en formas-signo, que pasaban de manera natural de la arquitectura a la serigrafia, de la escultura a la poesía virtual o de la pintura al diseño de objetos, desarrollando en esos tránsitos una estrategia de saturación similar a la utilizada por la propaganda. 




Pirámides, muros, umbrales y vacíos

Mathias Goeritz concedió al muro valor autónomo más allá de su función arquitectónica, síntoma, por lo demás, de su rechazo a la defensa del ángulo recto realizada desde las filas de la arquitectura funcionalista. En ocasiones sus muros se desplazan, se proyectan y convergen a partir de su desarrollo geométrico en el plano y en el espacio. En cuanto potencial superficie pictórica, en sus "muros" Goeritz relegó la figuración en favor de la monocromia; esto le servía para reforzar su posicionamiento teórico y estético frente a los muralistas y, con una voluntad épica y simbólica, reclamar la dimensión monumental de la superficie pictórica.
 

Mathias Goeritz
Animal herido,1951


Por el carácter absoluto que Goeritz confería a la escala, sus prismas triangulares y piramidales tendían a proyectarse hacia el firmamento en escala sobrehumana. Con motivo de la presentación de su trabajo al público europeo en la Galería Iris Clert: La pyramide mexicaine de Mathias Goeritz (París, mayo 1960), el artista fundió la idea de torre y pirámide, aludiendo así a un componente vernacular un tanto exótico, de raíz precolombina, a la vez que confería al icono de modernidad valores tradicionales.




Entre el repertorio de geometrías básica empleadas por Goeritz se encontraba la figura del cono, que por su estabilidad y sensación expansiva resultaba la solución volumétrica más adecuada para desarrollar la imagen corporativa de la empresa automovilística Automex. Mientras, reservaba el uso de la columna para reafirmar la imagen cultural del Hotel Camino Real, en cuyos espacios comunes se presentaban obras, de igual modo que en un museo.




Escrituras constructivas y poesía concreta

A Mathias Goeritz se le reconoce como uno de los precursores de la poesía visual, coincidiendo su propuesta y primeras manifestaciones, en 1953, con la aparición del concretismo poético impulsado, por un lado, por el Grupo Noigandres, en Brasil, y, por otro, por Eugen Gomringer desde Suiza.








La guerra fría comenzó en España

Entre 1941 y 1944, con la Segunda Guerra Mundial como telón de fondo y recién doctorado en Historia del Arte, Mathias Goeritz trabajó como profesor de alemán y como programador de actividades y exposiciones en el Centro Alemán de Cultura de Tetuán, entonces capital del protectorado español de Marruecos, y en su cercana filial de Tánger.
Tras el cierre del Consulado alemán viajó a España, instalándose en Granada, entonces centró su actividad en la pintura y en dar visibilidad al arte español de vanguardia, en especial a aquellos artistas que con sus obras constituían el más claro enlace entre el arte anterior y posterior a la Guerra Civil Española.




Es entonces cuando Goeritz castellanizó su nombre en Magó , bajo el cual intentó exponer en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, y asimiló el dibujo automático de Joan Miró y las esculturas articuladas de Ángel Ferrant como parte de su lenguaje. Ya con anterioridad, Goeritz había incorporado las formas amebianas y orgánicas de Hans Arp y la apelación al trazo infantil de Paul Klee, artistas los dos que habían sido atacados por la política artística y cultural del nacionalsocialismo.





Esta recuperación y difusión de la vanguardia española y europea la apoyó con una intensa actividad editorial y expositiva, que redundó directamente en la activación de la escena artística y la crítica española en favor del nuevo arte. Esta línea de trabajo la prosiguió en México, a donde se traslada de manera repentina en septiembre de 1949 y donde permanecerá el resto de su vida.






Mathias Goeritz
Gallo en la cueva, 1948
Gouche, arena y tinta sobre cartulina pegada a tabla


Mathias Goeritz (Danzig, Alemania 1915 - Ciudad de México, México 1990)

 


Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Edificio Sabatini
Santa Isabel, 52

Edificio Nouvel
Ronda de Atocha
(esquina Plaza del Emperador Carlos V)

Exposición
Mathias Goeritz
12 noviembre 2014 / 13 abril 2015 




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