jueves, 12 de febrero de 2015

Yo, Mahoma. José María Gironella (1917 - 2003)


Ilustración del siglo XV de una copia de un manuscrito de Al-Birundi que representa a Mahoma predicando El Corán en La Meca.
 

"El mayor mérito de Mahoma fue el haber conseguido reunir a su lado discípulos que profesaban la idolatría, para instruirlos en el culto del Dios único. La unidad divina, de la cual Mahoma logró compenetrarse y por la cual luchó con sus adeptos hasta morir, le da un puesto entre los filósofos griegos y, con mayor justicia, el título de primer filósofo árabe." (José E. Guraibeb)


La Meca

 Me llamo Mohamed (Mahoma). Nací en el año 569 de la era cristiana. Mi cuna -La Meca- no fue un vergel, sino el desierto (...) No cabe en la mente humana que un profeta nazca en tierra fértil, a la orilla del mar. El mar es la vida, la concupiscencia; el desierto es la muerte, la austeridad. Alá escogió para mí la estremecedora región de Arabia (...) (Pág.11)

Mi doctrina fue un revulsivo por cuanto declaré, en las plazas públicas, en las ferias que se celebraban por doquier y en la misma Kaaba que el politeísmo era un mal, puesto que era un error, y que Alá no sólo era el más grande de los dioses, sino que era el Único (...)
...La leyenda según la cual Alá no había tenido intención de hacer de la Arabia un desierto, es cierta. Alá creó el planeta y vio que estaba bien (Génesis). Sin embargo, al mirar por última vez, descubrió que faltaba algo: la arena. Un universo sin arena sería imperfecto y las obras de Alá son perfectas. La falta de arena hubiera sido un defecto grave. Los hombres, al salir de los ríos o del mar después del baño, no hubieran encontrado la arena suave y cálida para recostarse. Los camellos del desierto no hubieran tenido por la noche la arena blanda como un colchón para descansar en ella sus huesos fatigados por el viaje y las cargas. Todos los ríos serían turbios; porque sólo la arena que hay en el fondo puede conservar límpidas como una lágrima las aguas de los ríos, de las fuentes y de los manantiales (...) (Pág.13)




 
Habiendo, pues, creado la arena, Dios ordenó al ángel Gabriel que llenara un saco y la distribuyese por todo el globo, allí donde fuera necesaria: en el fondo del mar, en las fuentes, en las playas. pero el diablo voló detrás del ángel Gabriel y le rompió el saco. Casi toda la arena que debía haber sido distribuida por el mundo cayó sobre el país en que vivían -y viven- los árabes. Y desde aquél momento el país es un desierto sin fin.
Dios reparó el daño hecho por el diablo. Llamó al árabe y le hizo algunos regalos, destinados a hacerle la vida más fácil. Entregó al árabe un turbante, un caballo, un camello y le aseguró que este último sería el más resistente de los animales; y le dio además la espada, la tienda y el don de la poesía (...) (Pág 13)


La Meca, La Kaaba

 
Los árabes saben que todos los hombres van acompañados por un espíritu, djinn, al que llaman karin. Si el karin es creyente, lo es también el hombre; si es infiel, el hombre lo es también (...) (Pág. 14)

Al contrario de lo que ocurre con las plantas, la fe en Dios hecha raíces más profundas y con mayor facilidad en el desierto que en las tierras fértiles. En el desierto no hay obra humana ni natural que detenga la mirada, el pensamiento o el deseo de los hombres. Nada puede distraer al hombre de la contemplación de la eternidad. El hombre está en incesante contacto con el infinito, que comienza a sus mismos pies. Cuando el hombre se encuentra con Dios en el desierto, le permanece fiel para siempre...( Pág. 15)




La hospitalidad es sacrosanta en un medio ambiente donde la muerte es segura sin ayuda mutua. No hay tiempo límite para la hospitalidad beduina, pero como la vida de este pueblo es de lo más frugal, la etiqueta beduina prescribe que normalmente una visita no exceda de tres días (...) (Pág.19)

La venganza era casi un principio religioso, que yo, Mahoma -Alá sea alabado- he visto luego repetido entre judíos y cristianos. Vengar la afrenta a un pariente era deber de la familia y a menudo implicaba el honor de la tribu. Y estas deudas de sangre a menudo permanecían pendientes durante generaciones...(Pág. 21)
 


La Meca era una república comercial, plutocrática. Su gobierno no estaba definido y los distintos clanes se hubieran alzado contra toda hegemonía personal o poder netamente organizado.
El Consejo de Notables, la Mala, asamblea sin mandato preciso, ejercía no obstante una dirección general. En los casos graves reunianse en casa del Consejo.
El barrio aristocrático era el Batha, en cuya hondonada se encontraba la Kaaba, en el centro, a la que vertían diversas callejas, que tomaban su nombre de los clanes (...) (Pág.24)
 



La Kaaba era -es- una copia exacta de otra igual que hay en el cielo, exactamente encima de ella, en la que viven los ángeles. La primera gran mezquita fue edificada por Adán. Destruida por el diluvio, fue reconstruida, idéntica, por Abraham. Luego fue abatida muchas veces, pero siempre era reconstruida...(Pág. 25)

El monje Bohaira no trató de convertir a los caravaneros coraichitas. Por el contrario, los exhortó a esperar la llegada de un profeta propio, un árabe que les hablaría en su idioma árabe y que sería también un enviado de Dios, como Moisés, Buda y Zoroastro. Dios no había concedido el monopolio de sus revelaciones y de la verdad exclusivamente a judíos y cristianos. Dios no era propiedad exclusiva de un solo pueblo ni de una sola raza. No existía un "pueblo elegido", como pretendía la Biblia. Ni era obligatorio ser judío para entrar en el Paraíso. Dios habla en otras lenguas que no eran la hebrea (...) (Pág. 35)
 



El poeta era omnipotente. Podía matar por medio de la palabra. Podía, con sus versos, traer la alegría o la tristeza: podía desencadenar la cólera, la venganza, la guerra. La tranquilidad de espíritu, la amistad, el amor y la paz. Para cada estado de ánimo los árabes tenían el poema oportuno. Todos los jefes de tribu tenían, para poder ejercer su autoridad, el don de la elocuencia. Said, amir, qail, palabras que significan jefe, significan también "el que habla" (...) (Pág.38)

El vocabulario árabe es muy variado. La lluvia es "escupir de ángeles". El árabe tiene hasta trescientas palabras diferentes para el "caballo" montones de palabras poéticas para el "camello", y otras tantas para "espada". En el Corán se dice: "El hombre vale por su lengua y su corazón. Lo demás no es más que un despreciable edifico de carne regado  con sangre". (...) (Pág. 39)
 



Algo más tarde murió Kadidja. tenía sesenta y cinco años. Lloré amargamente sobre su tumba y me vestí de luto por ella y por Abu Talib, de modo que ese año fue llamado "el año del luto". Fui confortado por el ángel Gabriel diciéndome que Kadidja disponía en el paraíso de un palacio de plata...(Pág.55)

-No vengo más que para avisaros- les repetía sin cesar-. Tengo que transmitir un mensaje. Este mensaje es pesado y lo cumplo a la medida de mis fuerzas. Nadie hace milagros si no es con permiso de Dios. Los antiguos profetas hicieron milagros y sus pueblos se mofaron de ellos o los condenaron a muerte. Aun cuando mis palabras hicieran mover las montañas, abrirse la tierra y hablar a los muertos, todavía no me creeríais si vuestros corazones se endurecieran. El milagro que traigo para probar mi misión, os lo he dicho muchas veces, es el Corán, este libro revelado a un ignorante y del que ni los hombres ni los genios pueden presentar otro igual. Además, si no me escucháis, me basta tener a Dios por testigo. Yo no vengo más que para avisaros. (...) (Pág.57)
 



El Corán da testimonio de que yo había tenido ocasión de conocer gran número de cristianos. Primero los esclavos, abisinios en su mayor parte. Después, bizantinos, coptos y árabes conversos. Incluso tenían un cementerio en La Meca. La peinadora que fue de Kadidja, mi fiel esposa, era una abisinia cristiana. Cristianos eran también la mayoría de los médicos, dentistas, maestros de escuela, etcéra.
nunca pretendí ocultar mi simpatía  por los cristianos. El Corán da también testimonio de ello. En él propuse como modelo a los mártires de los primeros siglos y los más recientes del Yemen. Alababa a los monjes y sacerdotes que, como el ermitaño Boharia entregaban su vida a Dios. Vi en la gente del Libro unos aliados que confirmaban mis dichos, que creían en las verdades que yo anunciaba o recordaba. Declaré que mi misión estaba prevista en las Escrituras y apliqué a los musulmanes la parábola de la buena simiente. Negué la nacionalidad árabe a los judíos pero no a los cristianos, porque éstos "no eran nada orgullosos". En el Corán se permite a los musulmanes casar con cristianas y comer los alimentos de los cristianos, por ser ello signo de fraternidad...(Pág.59-60)
 



Dios dotó al hombre de una lengua y de dos oídos para que oiga el doble de lo que hable.


No hay soledad donde hay saber, ni aburrimiento donde hay libros.

Tu secreto es tu prisionero: una vez liberado se vuelve contra ti y te aprisiona.

Cuando el soborno entra por la puerta, la honradez sale por la ventana. 

Síntoma de retroceso de un país es la poca fe en su destino.  
  


Autor: José María Gironella
Título: Yo, Mahoma
Colección Memoria de la Historia



Editorial Planeta, S.A.
Ilustración de la cubierta: detalles de miniaturas del siglo XV
(Museo de Artes Decorativas, Teherán, y Biblioteca Nacional, París)
Archivo Editorial Planeta
Nº de Páginas: 194
Edición: febrero 1989



En este libro José María Gironella engarza una narración cronológica de los hechos que marcaron la trayectoria personal del profeta y de su proyección religiosa y social, con diversas citas del Corán, que permiten una comprensión de su doctrina, así como una comparación de la tradición islámica con la judeocristiana.

Uno de los personajes que más han contribuido a la historia de la humanidad aparece aquí retratado con singular viveza.




No hay comentarios:

Publicar un comentario