sábado, 7 de febrero de 2015

Poesía Española e Hispanoamericana. José Bergua


Postigo de San Martín, Madrid


"Todas las cosas de este mundo y de los otros mundos pueden ser objeto de la Literatura: objeto literario es todo cuanto ha sido creado y todo cuanto han hecho, pensando e imaginando los hombres, y cuanto en adelante puedan hacer pensar o imaginar". Navarro Ledesma


La Central de Callao, Madrid


Los géneros literarios son, esencialmente, tres: Didáctica, Oratoria y Poesía.

La Didáctica tiene por objeto "enseñar"  y su característica es la verdad. 

La Oratoria tiene por objetivo "persuadir" y su característica es la elocuencia.

La Poesía tiene por objetivo "deleitar" y su característica es la belleza.



La princesa y el guisante


¡Señor, yo te conozco! La noche azul serena
Me dice desde lejos: "Tu Dios se esconde allí".
Pero la noche oscura, la de tinieblas llena
me dice más pujante: "Tu Dios se acerca a ti".
                                                                         José Zorrilla



La Central de Callao. Madrid


Si soy pobre en mi vivir,
y de mil males cautivo,
más pobre nací que vivo,
y más pobre he de morir.
                                               Quevedo


   

Muerto estoy, no hay que dudar; 
que aunque ansí me ven vivir,
es que el gusto del morir
me vuelve a resucitar.
                                        Quevedo


Fnac de Callao. Madrid

   
Era mi corazón...

Era mi corazón un ala viva y turbia.
Un ala pavorosa llena de luz y anhelo.
Era la primavera sobre los campos verdes.
Azul era la altura y era esmeralda el suelo.
Ella -la que me amaba- se murió en primavera.
Recuerdo aún sus ojos de paloma en desvelo.
Ella -la que me amaba- cerró lo ojos. tarde.
Tarde de campo azul, azul. Tarde de alas y vuelos.
Ella -la que me amaba- se murió en primavera.
Y se llevó la primavera al cielo.
                                                                 Pablo Neruda


 Fnac, Preciados, 28. Madrid 


Mendigo

Cirilón de Burgohondo; analfabeto
áspero de miseria y de montaña;
agrio de soledad, triste alimaña
que alarga por las manos su esqueleto.
Mendiga calderilla y el secreto
cardenillo del odio le acompaña.
Larvada pena de una triste España
que hace bárbaro y triste mi soneto.
¿Por qué tanto destierro? Encadenado
hay dentro de un hombre a la carroña atado,
Mientras nosotros, santos de la tierra,
jugamos al amor bajo la sierra
y vela Dios sobre la luz de Gredos.
                                                        Luis López Anglada


 Elektra, tienda de comic en la calle San Bernardo, Madrid.


Concéntrica VI

Raro misterio insoluble.
Último fin del saber.
La luz ignora que luce.
El agua no tiene sed.
Y en el fondo del espíritu
nuestro ser,
ignora ser.
                                             Antonio Esina (1894-1970)

 
    

Esos cerros

¿Pureza, soledad? Allí son grises.
Grises intactos que ni el pie perdido
sorprendió, soberanamente leves.
Grises junto a la Nada, melancólica
bella que el aire acoge como un alma,
visible de tan fiel a un fin: la espera.
-¡Ser, ser y aún más remota, para el humo,
para los ojos de los más absortos,
una Nada amparada; gris intacto
sobre la tierna aridez, gris de sus cerros.
                                                   Jorge Gillen (N. 1893)


Corte Inglés de Sol, Madrid




   Balada


El pasó con otra.
¡Yo le vi pasar!
Siempre dulce el viento
y el camino en paz.
¡Y estos ojos miseros
le vieron pasar!
El va amando a otra
por la tierra en flor.
Ha abierto el espino,
pasa una canción.
¡Y él va con la otra
por la tierra en flor!
El besó a la otra
a orillas del mar.
Resbaló en las olas
la luna de azahar.
¡Y no untó mi sangre
la extensión del mar!
El irá con otra
por la eternidad.
Habrá cielos dulces.
(Dios quiera callar.)
¡Y él será con otra
por la eternidad!
                                                 Gabriela Mistral
                                                                        (Lucila Godoy  Alcoyaga)     

   





Meciendo

El mar sus millares de olas
mece divino.
Oyendo a los mares amantes,
mezo a mi niño.

El viento errabundo en la noche
mece los trigos.
Oyendo a los vientos amantes,
mezo a mi niño.
Dios padre sus miles de mundos
mece sin ruido.
Sintiendo su mano en la sombra,
mezo a mi niño.
                                              Gabriela Mistral
                                               (1889-1957) 





Chocolatería Valor
Postigo de San Martín, 7. Madrid



Desnudos

Nacía, gris, la luna, y Beethoven lloraba
bajo la mano blanca, en el piano ella...
En la estancia sin luz, ella, mientras tocaba
morena de la luna, eres tres veces bella.
Teníamos los dos desgranadas las flores
del corazón, y a caso llorábamos sin vernos...
Cada nota encendía una herida de amores...
...El dulce piano intentaba comprendernos.
Por el balcón abierto a brumas estrelladas,
venía un viento triste de mundos invisibles...
Ella me preguntaba de cosas ignoradas
y yo le respondía de cosas imposibles...
                                                                       Juan Ramón Jiménez
                                                                                                  (1881- 1958)  

   






Nocturno de la Puerta del Sol

El gran reloj, en las sombras, parece una ruleta.
Bolsín de los bigardos, lonja de las tusonas,
los pigres del sablazo y de la pirueta
plantan el campamento de sus vidas busconas.
Propicio acechadero del clásico cesante,
corazón del Madrid bullanguero y jovial;
tahúres en Correos, toreros en Levante,
cupletistas y cómicos del café Colonial.
Si es Madrid la sirena que hechiza y envenena,
es la Puerta del Sol la voz de la sirena,
que llega al más remoto rinconcito español.
Sonrisa de la corte, que acoge cada día
a todo soñador, lleno de fantasía
que viene a la conquista de la Puerta del Sol.
                                                                                 Emilio Carrere
                                                                                                             (1881- 1947)  






El narigudo

Erase un hombre a una nariz pegado;
érase una nariz superlativa;
érase una nariz sayón y escriba;
érase un pez espada muy barbado.
Era un reloj de sol mal encarado;
érase una alquitara pensativa; 
érase un elefante boca arriba;
era Ovidio Nasón mal naridado.
Erase  el espolón de una galera;
érase una pirámide de Egipto;
las doce tribus de narices era.
Erase un naricismo infinito,
muchísima nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuese delito.
                                                     Francisco de Quevedo y Villegas
                                                                            (1580-1645)  









A la abeja semejante,
Para que cause placer,
El epigrama ha de ser.
Pequeño, dulce y punzante.
                                       Martínez de la Rosa



Autor: José Bergua

Título: Las mil mejores poesías de la lengua castellana

 

Ediciones Ibéricas
Año de la edición: 1973



Nº de páginas: 810


 

¡Feliz Carnaval!
 


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