domingo, 15 de febrero de 2015

L. Alas (Clarín) (1852 - 1901) El gallo de Sócrates y otros cuentos.




El gran crítico y novelista español nació en Zamora el 25 de abril de 1852, donde su padre era gobernador civil. Su vida, desde muy temprano, hasta su muerte ocurrida el 13 de junio de 1901 transcurre en Oviedo, la Vetusta de sus obras. Ganó la cátedra de Economía política de la Universidad ovetense, en un principio, aunque luego explicó Derecho Romano. Su tesis doctoral, lo que explica su talante y su filiación filosófica krausista, se tituló Relaciones de la Moral con el Derecho (1878).
Clarín no salió apenas de la ciudad de Oviedo, lo que le impidió pertenecer a la Real Academia Española de la Lengua por no residir en Madrid, mas sin dejar de ejercer una influencia decisiva en las letras españolas de su época.
En sus apenas cuarenta y nueve años de vida, Clarín alcanzó una perenne obra literaria. Primero tuvo fama como crítico duro y exigente, según prueban los cinco tomos de Solos de Clarín (1898). Era polemista agudo, de grandes recursos dialécticos, de magnífica formación cultural. Su estilo incisivo e irónico se depura con el tiempo, hasta lograr una de las prosas mejores de las letras hispanas como puede verse en sus Paliques, en sus cuentos, de fama universal y, sobre todo, en La regenta (1884), una de las novelas fundamentales de la literatura en español, que le trajo muchos quebraderos de cabeza por su asunto, no siempre comprendido por algunos apasionados de la poca flexibilidad mental.
Sus polémicas con Fray Candil (Emilio Bobadilla), Bonafoux o doña Emilia Pardo Bazán fueron famosas.
En Clarín hay un anticipo de la nueva sensibilidad estética y crítica que surgirá con la generación del 98. Pero no se trata de un mero anticipador, sino de un creador, según ha probado el paso del tiempo.


Plaza de Colón, Madrid.


El Gallo de Sócrates y otros cuentos

El gallo de Sócrates.    El rey Baltasar.    Tirso de Molina.    El Cristo de la Vega...de Ribadeo.    Un voto.    La médica.    El pecado original.    El sombrero del señor cura.    Dos sabios.    En la droguería.    Aprensiones.    En el tren.    La fantasía de un delegado de Hacienda.    El entierro de la sardina.    Reflejo.


Floristería Flores Colón

El gallo de Sócrates
 
Critón, después de cerrar la boca y los ojos al maestro, dejó a los demás discípulos en torno al cadáver, y salió de la cárcel dispuesto a cumplir lo más pronto posible el último encargo que Sócrates le había hecho, tal vez burla burlando, pero el tomaba al pie de la letra en la duda de si era serio o no. Sócrates, al expirar, descubriéndose, pues ya estaba cubierto para esconder a sus discípulos, el espectáculo vulgar y triste de la agonía, había dicho, y fueron sus últimas palabras:

-Critón, debemos un gallo a Esculapio, no te olvides de pagar la deuda -y no habló más...(Pág. 9) 

...Discípulos del genio, testigos sordos y ciegos del sublime soliloquio de una conciencia superior; por ilusión suya y vuestra, creéis inmortalizar el perfume de su alma, cuando embalsamáis con drogas y por recetas su doctrina. Hacéis del muerto una momia para tener un ídolo. Petrificáis la idea, y el sutil pensamiento lo utilizáis como filo que hace correr la sangre. Sí; eres símbolo de la triste humanidad sectaria. De las últimas palabras de un santo y de un sabio sacas por primera consecuencia la sangre de un gallo (...) (Pág. 13) 





El rey Baltasar

...Gran marejada político-moral-administrativa había por entonces en Madrid y en toda España; una de esas grandes irregularidades que de vez en cuando se descubren, había puesto una vez más sobre el tapete la cuestión de los cohechos, prevaricaciones y demás clásicas manos puercas de la administración pública.
Los periódicos de circulación venían echando chispas; se celebraban grandes reuniones públicas para protestar y escandalizarse en colectividad; el Círculo Mercantil y una junta de abogados se empeñaban en empapelar a un ministro y a muchos próceres, al parecer poco delicados en materia de consumos y ferrocarriles...

Los subsecretarios, los directores, los jefes de negociado, estaban hechos unos Catones, más o menos serondos; no se hablaba más que de revisiones de cuentas de expedientes, en fin, se quería que la moralidad de los funcionarios brillara como la patena. Había mucho miedo (...) (Pág. 25)


 Lhardy
Carrera de San Jerómo, 8. Madrid
  

    
Autor: Leopoldo Alas (Clarín)
Título: El Gallo de Sócrates y otros cuentos.
Colección Austral Nº 1547
Editorial: Espasa-Calpe, S.A.
Nº de Páginas: 141






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