jueves, 29 de enero de 2015

Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara. Madrid


Calle Fuenterrabia, 2. Madrid
 
 



Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara
 

 


Exterior de la Real Fábrica de Tapices. Calle Vandergoten

 La historia de los tapices

En la Edad Media, los tapices tenían una función meramente utilitaria. Al principio se diseñaron para proteger los salones medievales de la humedad y el frío, para cubrir las austeras paredes de los grandes castillos, o para aislar las habitaciones de gran tamaño y lograr que fueran confortables. Los tapices que decoraban los grandes castillos de piedra tenían un gran tamaño y exigían enormes telares, muchos trabajadores y grandes inversiones de capital.
Por esta razón surgieron numerosas fábricas en localidades prósperas, normalmente centros del tapiz. Hacia 1500, Flandes, y especialmente Bruselas y Brujas, se habían convertido en los principales lugares de producción. Debido a su tamaño y complejidad, los tapices se convirtieron en inversiones y muestras de riqueza y poder.
 



En estos primeros tapices figuras solitarias o grupos compactos destacaban contra un fondo que era normalmente liso o que estaba decorado con motivos de plantas y flores, los llamados mil flores. Los tapices se convirtieron junto con la pintura, escultura y arquitectura, en una de las principales formas de artes plásticas.
Con el tiempo los tapices se volvieron más complejos y empezaron a mostrar escenas de batallas llenas de gente o bien grupos grandes de figuras dispuestas en hileras bajo construcciones arquitectónicas. Más adelante, en el siglo XVI, los patronos decidieron ilustrar sus pasatiempos favoritos como la cacería, o campesinos trabajando y jugando (a menudo ellos mismos disfrazados). Posteriormente se puso de moda la vegetación, con paisajes pastorales en que se mostraban sus propiedades.



En 1720, Felipe V encargó al maestro tapicero Jacobo Vandergoten establecer una fábrica de tapices en las inmediaciones de la Puerta de Santa Bárbara, sobre un antiguo caserón extramuros de la ciudad conocido como Casa del Abreviador, y que hasta ese momento había sido almacén de pólvora.
Surge asi la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, en donde se elaboraron la mayoría de los tapices que engalanaron los Reales Sitios, o donde ya en el siglo XIX se realizaron las alfombras del Congreso de los Diputados.
En cuanto al edificio, que en 1749 pasa a propiedad Real, era de gran extensión, aunque pobre de arquitectura; según Madoz, estaba hecho de mampostería, albañilería y entramados de madera sin nada notable que destacar.
Derribada en 1889 con motivo del traslado de la fábrica a su nuevo emplazamiento en la calle  Vandergoten, su lugar lo ocupan hoy varios edificios de viviendas además del palacio de la condesa Adanero. 



Vandergoten
(s. XVIII) Familia de tapiceros de origen flamenco establecidos en España. Jacobo (?-Madrid, 1724) llegó a Madrid en 1720, procedente de Amberes, para organizar la naciente Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara.
Jacobo (?-1768), hijo del anterior, aprendió la técnica del alto lizo y creó, con telares de este tipo, una sucursal de la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara en Sevilla, que se mantuvo mientras la corte madrileña residió en la capital andaluza.  
 



 Este arte exigía el mecenazgo de los ricos. Prácticamente todos los fabricantes famosos (Beauvais, Arras, Gobelinos, Aubusson, Felletin, Audenarde, Brujas, Gante...) prosperaron donde tenían dominios ricos, reyes y monarcas de la iglesia. Naturalmente, aquellos que encargaban los tapices eran quienes elegían los temas.  Todos esos fabricantes famosos se encontraban en la parte norte de Francia y Flandes, la parte flamenca de la Bélgica actual. En el siglo XVII, se estableció la primera fábrica real de los Gobelinos en París. Cientos de tejedores trabajaron en los Gobelinos  durante este período.
 



 Los artesanos trabajaban en grupos en una sola obra cada vez y tejían para dar forma a las vistosas escenas. Los diseñadores siempre tenían un papel muy importante en la elaboración de un tapiz verdaderamente selecto. Este es el caso, por ejemplo, de Francois Boucher, diseñador para Beauvais desde 1736. Durante 30 años, diseñó seis juegos de tapices, de 4 a 9 piezas cada juego. Se tejieron al menos 400 tapices a partir de sus cartones, espléndidas obras maestras del Rococó. A finales del siglo XVIII, el papel pintado sustituyó a las colgaduras de lana y seda. 
Debido a la Revolución Industrial y a la creación de procesos automatizados, tales como los telares mecánicos y máquinas de tejer, las telas sencillas se podían reproducir en grandes cantidades, a mayor velocidad y menor coste que en el pasado. Desafortunadamente, los trabajadores podían generar tan sólo estampados extremadamente sencillos. El tejido de tapices se convirtió en algo muy caro.




Hacia 1805, Joseph Marie Jacquard (1752 - 1834) desarrolló el concepto y creó un telar más sofisticado utilizando tarjetas de cartón perforadas para marcar la posición de cada hilo en el proceso de tejer. Jacques de Vaucanson creó los primeros telares mecánicos en la segunda mitad del siglo XVIII. Con su conocimiento del diseño de tapices y su proceso de elaboración, Flandes se convirtió en una de las áreas más importantes donde se encontraban los talleres. Con el tiempo los telares se fueron haciendo más sofisticados. Esto significó mas flexibilidad para crear nuevos tapices.
La grandeza del viejo Flandes no se puede ilustrar mejor que a través de uno de sus más famosos productos de exportación: los tapices belgas.



En el tejido de un tapiz, se combinaban la aptitud artística con la artesanía para producir tesoros que hoy en día se conservan en colecciones privadas, museos de renombre y edificios públicos de todo el mundo.











La Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara es una de las manufacturas reales para la fabricación de objetos de lujo, fue fundada en el año 1720 por Felipe V, a imitación de los talleres reales franceses que seguían el modelo de Colbert, tras la interrupción de la importación de tapices flamencos tras la Paz de Utrecht, que proveían las piezas destinadas a las dependencias reales.
En sus inicios fue dirigida por Jacobo Vandergoten y su familia, procedente de Amberes y se ocupó una finca en las afueras de Madrid, al lado de la Puerta de Santa Bárbara, de la que la real Fábrica toma su nombre. Se instalaron telares de bajo lizo que se realizaban a partir de modelos realizados realizados por pintores de la corte. se siguieron en estos primeros años modelos flamencos, de la escuela de David Teniers y Philips Wouwermans. En 1734, su hijo Jacobo Vandergoten "El Joven" inaugura otra fábrica que trabaja el "alto lizo", más moderno.


Nudos de alfombra

 

Sin embargo, su verdadera importancia empieza en 1746 durante el reinado de Fernando VI, con la unificación de las dos manufacturas y el decisivo mecenazgo real. Se renovaron los estilos de los cartones, que se miraban ahora a pintores italianos como Jacopo Amiconi, Corrado Giaquinto o franceses, entre los que destacan Louis-Michel van Loo y Michel Ange Houasse, con la colaboración de Andrés Calleja y Antonio González Ruíz. Se renuevan también los temas, que abarcan ahora mayor variedad, desarrollando motivos mitológicos y un costumbrismo pintoresco, que respondían al fin decorativo de estas manufacturas.







Destacan también series históricas e incluso una Historia de Don Quijote, que se hace eco de los personajes de una novela ya elevada al rango de clásico. Pero será con Carlos III y la dirección de Antonio Rafael Meng que la fabricación de tapices experimenta su época más brillante. El checo, nombrado desde su llegada a España Primer Pintor de Cámara del Rey, introduce un concepto neoclásico en la composición no exenta de pintoresquismo que ahora se va a aplicar a temas de costumbres, escenas, tipos y paisajes españoles, producto del influjo de la Ilustración, que deseaba un mayor conocimiento de la realidad del país.





Para ello se ayudó de un arquitecto Sabatini en la labor de dirección de la Real Fábrica y posteriormente (y en sus ausencias) de Francisco Bayeu (nombrado director tras Mengs) y Mariano Salvador Maella. Se contrató a jóvenes artistas españoles, como José del Castillo, Ginés Andrés de Aguirre, Antonio Barbazza, Mariano Nani, Zacarías González Velázquez, José camarón Meliá y Ramón Bayeu. Por encima de todos ellos destacó la labor de Francisco de Goya desde su llegada en 1775 como pintor de cartones, hasta 1792 en que una grave enfermedad, que le produjo su sordera, le alejó definitivamente de este trabajo, su primer desempeño en la corte madrileña. Fue el quien logró conjugar en su quehacer los estilos de las escuelas anteriores y crear uno propio, que en adelante caracterizó a la Real Fábrica hasta su declive tras el reinado de Carlos IV y la Guerra de la Independencia.















La Real Fábrica de tapices continúa su actividad en la actualidad bajo la figura de una Fundación que continúa la tradición tricentenaria de la producción artesanal de tapices y alfombras con el objeto de mantener viva esta institución cultural y los oficios artesanos que le son propios, que están en vías de desaparición. Asimismo la Fundación tiene el objetivo de conservar y divulgar los tesoros artísticos históricos y mantener la tarea de reproducir los diseños de autores contemporáneos, como ya hizo en el siglo XX con obras de José maría Sert, Manuel Viola, Picasso o Dalí, entre otros pintores de reconocido prestigio.






Las alfombras, antes de su restauración, se lavan con agua desmineralizada y jabón neutro. Se secan a temperatura ambiente.




Proceso de restauración de El patriarca de Valencia.




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