sábado, 27 de diciembre de 2014

Cristina Ataíde. Esperando que nieve...


Cristina Ataíde
 
 






La montaña nos seduce y nos da miedo porque se mantiene como un misterio insondable, nacida de la voluntad implacable de la naturaleza, surgiendo de las profundidades de la tierra en dirección al cielo. Acontecimiento geo-físico que surge de movimientos sísmicos, de ajustes de placas, de volcanes voluntariosos, la montaña nace de la voluntad soberana de Hades. La montaña es, a la luz del entendimiento mito-filosófico, la casa de los dioses, el Olimpo, la casa de Zeus, dios de los dioses. Es también metáfora de las realizaciones humanas, símbolo individual de la existencia en la que cada humano tendrá que subirla, sea ella mágica o no. La presencia y la fuerza de la montaña ejercen una inconmensurable atracción sobre el hombre, robando vidas de aquellos que la desafían, volviéndose, no obstante, un espacio privilegiado para autores que la ven como inspiración continuada.
 





En Esperando que nieve lo que Cristina Ataíde hace es inmortalizar (su) experiencia de (su) cuerpo en esos lugares y, así, tornarla forma inequívoca de arte. Al final, como ha enunciado Arthur Schopenhauer, los artistas nos prestan sus ojos para que veamos el mundo.

 
 Bronce
18 X 44 X 14,5 cm.


Cristina Ataíde es uno de esos autores que ven en la montaña algo que trasciende desde el espacio físico al símbolo y a la metáfora, manteniéndose también como un misterio en sí mismo. Nace de ahí su necesidad de recorrerla, dada la necesidad de comprensión de su naturaleza física, desde sus acontecimientos -oquedades y protuberancias, concavidades y convexidades, abismos que provocan vértigo, visiones, aclaraciones. Los paseos de cristina Ataíde -ya sean físicos o mentales- sobre algunas montañas le dan materia e impulso para el laborioso ejercicio artístico. A esta su práctica se suma el de la constante necesidad de registrar mentalmente (la memoria evocada como experiencia fenomenológica) y corporalmente (el esfuerzo físico como componente conceptual) el espacio recorrido. Así puede transformar estas superficies en algo palpable, táctil, es decir, en instalaciones donde conjuga el dibujo, la escultura y la escritura.

 
Cristina Ataíde nació en 1951 en Viseu, Portugal.
Licenciada en Escultura por la Facultad de Bellas Artes Esbai, Lisboa.



Centro de Arte Alcobendas

Mariano Sebastián Izuel nº 20

Alcobendas 



Convéncete bien de esto.
Un día tu alma abandonará el cuerpo
y serás arrastrado tras el velo fluctuante
entre el mundo y lo incognoscible.
Mientras esperas, ¡sé feliz!
                                                             Omar Khayyam (1048-1131)




Corro de sombras

En los campos Elíseos. Una luz difusa y sin brillo ilumina un boscaje de hojas de un verde mate y flores que parecen transparentes al través de un tul. Al centro del boscaje, un prado de hierba menuda, espesa y también florecida; estrellitas de oro, margaritas blancas la salpican graciosamente.
 Una sombra sale del boscaje. Detrás de ella asoman otras muchas que van agrupándose en el prado. Al decir sombras, debe entenderse que son cuerpos, pero cuerpos en extremo sutiles, despojados del gravamen de su materio y rellenos como buñuelos de viento de algo más fino y leve que la carne y los huesos y los vísceras y la sangre mortal. Quedan, sin embargo bien patetentes las formas que revistieron en vida, y nadie podría desconocerlas; son celebridades, poetas oradores, conquistadores, semidioses, humanidad superior. Se acercan y cambian impresiones en voz algo sorda, perceptible, sin embargo.

La sombra de Orfeo: ¿Qué es eso? ¿Vuelve el tedio a dominaros? Aquí la lira de oro. Os cantaré mis versos, oiréis un himno que no conocéis aún...(Pág. 230) Cuentos (Edit. Lumen) Emilia Pardo Bazán 
 




 

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