lunes, 29 de diciembre de 2014

Belén Napolitano.


Museo de Historia de Madrid
Calle Fuencarral, 78


El Museo de Historia de Madrid fue creado en 1929 como Museo Municipal con la voluntad de ser la memoria histórica de la ciudad. Su primer director fue el poeta Manuel Machado.

Está instalado en el antiguo Hospicio de Madrid, edificio construido en el reinado de Felipe V, entre 1721 y 1726, por el arquitecto Pedro de Ribera, autor de la fachada principal y la espléndida portada, obra maestra del barroco español.
 
El edificio, declarado monumento histórico artístico en 1919, se salvó de su destrucción gracias a la intervención de la real Academia de Bellas Artes de San Fernando y a la iniciativa de la Sociedad Española de Amigos del Arte, que en 1926 organizó la Exposición del Antiguo Madrid, germen del futuro museo.
 

Maqueta del edificio


Las principales colecciones del museo -estampas, pinturas, fotografías, postales, dibujos, porcelanas, abanicos- muestran la evolución histórica y urbanística de la ciudad, las artes, la vida cotidiana y las costumbres de los madrileños, desde la época de los Austrias hasta el siglo XIX.
 
En ellas se muestran vistas, paisajes, edificios, monumentos, calles y plazas de Madrid, además de una variadísima iconografía de personajes: reyes, políticos, artistas, miembros de la nobleza. Escenas de género, costumbristas satíricas, mitológicas pueblan óleos y estampas, países de abanicos y delicadas figuras de porcelana de la Fábrica del Buen Retiro.
 
Entre sus piezas más significativas destacan La Alegoría de la Villa de Madrid, de Francisco de Goya y una de las maquetas históricas más importantes de Europa el Modelo de Madrid (1830), que por su precisión y detalle tiene un valor documental incalculable.

Recientemente el Museo ha sido objeto de una rehabilitación integral, que ha permitido crear nuevos espacios expositivos y nuevas formas de mostrar las importantes colecciones que definen el contenido de la exposición permanente.

El Museo explica la evolución de la ciudad desde su conversión en capital de la monarquía hispana, cuando era una pequeña villa medieval del reino de Castilla, en 1561, hasta llegar a ser la ciudad moderna y cosmopolita de las primeras décadas del siglo XX.



 Belén Napolitano. Siglo XVIII

La característica más definitoria del belén napolitano es la fusión sin preocupaciones anacrónicas de la evocación de la Navidad de Jesús con la descripción naturalista de los usos y costumbres del pueblo napolitano.
 





El empleo de figuras articuladas que permiten representar a los personajes en actitud de movimiento, la policromía y el detalle, la incorporación de ojos de cristal, la variedad multicolor de las vestimentas y los múltiples accesorios o finimenti sirven para expresar la condición social del pueblo menudo y notable.









Ricos y pobres, campesinos, burgueses de condición villana, pastores, vendedores ambulantes, músicos y el mundo de la corte oriental que compone el séquito de los Reyes Magos conforman el escenario circundante al episodio evangélico del Nacimiento.



Aunque la autoría de las piezas de los belenes napolitanos casi nunca aparece expresa, la calidad escultórica y la fuerza expresiva de los personajes de este singular belén parecen sugerir la mano de artistas de primera categoría como Giuseppe Sanmartino,  Francesco Celebrano, Lorenzo Mosca o los hermanos Vasallo.



Este magnifico ejemplo de la escultura barroca naturalista, que alcanzó su momento de mayor esplendor durante la segunda mitad del siglo XVIII, cuando el futuro rey Carlos III de España reinaba en Nápoles y al que se debe su difusión y arraigo, es una de las más genuinas representaciones del presepe tal y como era concebido por la tradición artesana y artística napolitana.








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