sábado, 27 de diciembre de 2014

Belén Napolitano de los Duques de Cardona



CentroCentro Cibeles de Cultura y Ciudadanía
 Plaza de Cibeles, 1. Madrid


Tres décadas sin ser expuesto, el CentroCentro Cibeles acoge este belén napolitano de 1784 de la Casa Ducal de Medinaceli. Este proyecto ha sido realizado en colaboración con el Museo Salzillo de Murcia, cuya directora  María Teresa Marín Torres, ha comisariado el montaje que recrea el espíritu del Nápoles del siglo XVIII. El conjunto, formado por casi 200 figuras, está expuesto en 50 metros cuadrados y se representan escenas que van desde el pesebre y la adoración de los Reyes Magos a un grupo de músicos con instrumentos musicales de la época. El proyecto ha contado con la ayuda de la Fundación Juan-Miguel Villar Mir y el Banco de Sabadell. Se podrá ver  desde el 28 de noviembre hasta  el 1 de febrero de 2015.



Este  magnifico conjunto fue encargado por el duque consorte de Santisteban, futuro XV duque de Cardona don Luis María Fernández de Córdoba y Gonzaga. El duque solicitó a Nápoles en 1784 dos belenes de la mejor factura, uno para el príncipe de Asturias, el futuro Carlos IV, y otro para su familia. Éste último conjunto llegó a España en 1785 y en 1790 se volvieron a encargar más piezas. 












Cuenta la tradición familiar que 2 sólo se hicieron dos belenes de esta misma factura, el realizado para el duque de Medinaceli y otro realizado para los zares de Rusia".









Su primera exposición pública se realizó en 1860, en el que fue el palacio de la familia desde el siglo XVI hasta 1892, ubicado en el lugar donde actualmente se encuentra ubicado el Hotel Palace. 






Si bien desde el siglo XV la tradición belenística napolitana tiene una presencia incuestionable en España, no será hasta la llegada a España en 1759 de Carlos III -gran aficionado a este tipo de conjuntos- cuando el coleccionísmo de los presepi napolitanos cale en el ámbito cortesano y entre la aristocracia local, una práctica que, aparte de cuestiones devocionales, también hay que entender en clave de juego palaciego y divertissement elegante y refinado.









En este contexto ha de entenderse el encargo de dos belenes -cuya autoria desconocemos- que hace el duque consorte de Santisteban, don Luis María Fernández de Córdoba y Gonzaga (1749-1806), futuro XIII duque de Medinaceli y XV duque de Cardona, en enero de 1784. Los destinatarios de los mismos serían el Príncipe de Asturias, don Carlos -futuro Carlos IV- y él mismo, origen del actualmente conocido como belén napolitano de los duques de Cardona.
 











Habría que esperar al último trimestre de 1785 para que aquél primer encargo -que no incluyó coreografía- llegara a Madrid. Amén de las figuras del Misterio, este primer encargo consistió en dos ángeles turifenarios, seis querubines, nueve pastores -tres protagonistas de la anunciación y otros seis adorantes junto al pesebre -y otros 16 figurari, así como diversos animales.
En línea con los productos más exquisitos y excepcionales de los encargados por las más altas familias de la época, el Belén de los Medinaceli tenía las piezas talladas en madera, tanto cabeza, como brazos, manos, piernas y pies.

 




Inmediatamente tras la llegada de esta primera remesa, el duque hizo un nuevo pedido, del que se tiene acuse de recibo desde Nápoles en mayo de 1786. Este segundo encargo incluyó el cortejo de los Reyes Magos. En 1790 se hizo un nuevo encargo de unas cien piezas más.









Tras doscientos cuarenta años, el belén ha permanecido siempre ligado al mismo linaje. Tras el fallecimiento en 1956 de don Luis Jesús Fernández de Córdoba y Salabert, XVII duque de Medinaceli, el conjunto fue heredado por su hija pequeña, doña Casilda Fernández de Córdoba Rey (1941-1998), XX duquesa de Cardona, de quien pasó igualmente en 1998 a su hija, doña Casilda Ghisla Guerrero-Burgos y Fernández de Córdoba, XXI duquesa de Cardona y actual propietaria de uso de uno de los conjuntos más extraordinarios con que cuenta nuestro país de la exquisita tradición napolitana.




El Belén de los duques de Cardona se expuso públicamente por primera vez en 1860. Todavía ligado a la casa ducal de Medinaceli, a partir de aquél año gozó de gran predicamento entre la población madrileña. Con ocasión del nacimiento de su quinto hijo, doña Ángela Pérez de Barradas y Bernuy, esposa de don Luis Tomás Fernández de Córdoba, XV duque de Medinaceli, decidió que el nacimiento pudiera ser contemplado por todos los madrileños.

Aquella feliz iniciativa que conmovió a todo Madrid tuvo lugar en la que fuera residencia oficial de los duques de Lerma y de Medinaceli desde el siglo XVI hasta 1892. Conocida como Quinta del Prior o Huerta del Príncipe, ocupaba la parcela en la que hoy se erige el Hotel Palace.

 







Para la ambientación del Belén, la duquesa acudió a Federico de Madrazo, por aquél entonces director del Museo del Prado, a quien sucedieron en la labor de componer el conjunto familiar su hijo, Raimundo, el pintor Antonio Gilbert, Francisco Sans y Luis Álvarez Catalá, los tres directores de la pinacoteca madrileña en diferentes etapas hasta la muerte de doña Ángela.






El belén junto con las importantes colecciones de la casa de Medinaceli, fue trasladado a la nueva residencia de la familia en el palacio del duque de Uceda, construido en 1864 en la actual Plaza de Colón. Allí se mantendría la tradición de su montaje y probablemente su exposición pública cada Navidad, quedando constancia de la visita de la familia real en 1917.
 








Fotografías de época nos muestran que el belén disponía de un montaje típicamente español, con varias alturas en las que se presentaban las diferentes figuras hasta alcanzar la zona más elevada, en que se ubica el Nacimiento. A diferencia de la ambientación italiana entre las ruinas de un templo clásico, el Misterio se ubicaba en una choza, rodeada de palmeras, subrayado el carácter plenamente rural de la ambientación, otra diferencia sustancial con el entorno urbano que caracteriza a los napolitanos.





Tras la desaparición del palacio de Uceda en los años sesenta del siglo XX, el belén abandonó Madrid. Habría que esperar varias décadas para que la actual duquesa recuperara de nuevo en su entorno familiar el conjunto de sus antepasados con el esplendor de antaño. En 2007 terminaba un largo proyecto que resumía buena parte de las enseñanzas adquiridas tras el estudio de los conjuntos napolitanos más paradigmáticos.





El montaje final -diferente al que se ofrece estas Navidades en CentroCentro, hecho ex profeso para la ocasión- dio como resultado un belén ejemplar, con una composición abigarrada que no impide disfrutar de la excepcional factura de las más de 200 figuras  que lo componen, y que ofrece una visión teatral y de cuadros cinematográficos, modelo seguido en el Museo Nacional de Baviera, y en los belenes de los hermanos García de Castro, tanto en el Museo Nacional de Escultura como en el Museo Salzillo.
 



Hotel Palace
Plaza de las Cortes,7. Madrid





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