domingo, 2 de noviembre de 2014

Villa - Rosa. Tablao Flamenco


Villa-Rosa. Calle Nuñez de Arce, 17.




Madrid ha sido y es la capital del flamenco desde principios del siglo XX. Artistas de toda índole y condición llegan para alcanzar fama y prestigio. Aquí se forman las primeras compañías, se estrenan los mejores espectáculos y se consagra el género flamenco tal como hoy lo entendemos.

 
Córdoba

Si preguntásemos a un aficionado por los lugares flamencos más emblemáticos del Madrid de los años 20, muy posiblemente el primer nombre que daría seria el de Villa-Rosa. 
Villa-Rosa se fundó por el 1911, en el lugar donde estaba un viejo molino de chocolate. Sus primeros dueños fueron los picadores Farfán y Céntimo junto con el banderillero Alvaradito y estuvo funcionando como freiduria andaluza y bar de tapas y chatos hasta 1918.
 
Madrid, fuente de la Diosa Cibeles

En 1918 se traspasó al valenciano Rafael Marcos Colombí, que lo utilizó como restaurante año y medio aproximadamente.
En 1919 el local pasó a manos de dos camareros del cercano bar Viña P; Antonio Torres y Tomás Pajares quienes lo transformaron totalmente. Instalaron un hermoso mostrador de madera y un artístico artesonado sostenido por columnas sobre las que cabalgan arcos apuntados lobulados que rememoran a la misma Alhambra de granada y unas paredes policromadas de azulejos, todo a estilo arábigo andaluz.

  
Azulejos obra de Alfonso Romero

Todas las escenas interiores pintadas sobre azulejos son de temática flamenca y taurina y fueron realizadas por los mejores ceramistas de Madrid, Antonio Ruiz de Luna y Julián Santacruz, que dicho sea de paso, el primero también fue el autor creador de todas las cerámicas que indican los nombres de todas las calles de la zona centro de Madrid.

 
Alfonso Romero. Palacio de Cristal del Buen Retiro


Alfonso Romero Mesa, autor de estas famosas cerámicas realizadas en 1928,  nació en Montellano, Sevilla, y en el barrio de Triana de esta ciudad aprendió el oficio de la cerámica de la mano de su maestro Antonio Romero. En 1906 se trasladó a Madrid. Primero trabajó en la fábrica de Carabanchel de Enrique Guijo, a quien ya había conocido en Sevilla y, en 1915 entró a trabajar en su famoso taller de la calle Mayor. Alfonso Romero falleció en Madrid en 1941.


Málaga desde el Monte Sancha


Detalle de la belleza de estos azulejos. 

 

Plaza de Canalejas, la plaza lleva este nombre en recuerdo del político y orador José Canalejas (1854-1912), que murió asesinado por un anarquista mientras miraba el escaparate de la famosa Librería San Martín, de la Puerta del Sol.

 


Madrid : capital cultural de la Edad de Plata.

 Durante un lapso de apenas cuarenta años, acotado en el tiempo como un paréntesis entre la derrota bélica del 98 -que supuso el punto final a un antiguo imperio colonial en decadencia- y una sangrienta guerra civil que sumió a España en una atroz dictadura, la convulsa historia contemporánea española vivió entre 1898 y 1939 su etapa cultural más brillante. Madrid se convirtió entonces en uno de los epicentros mundiales de la cultura, pero ¿en qué núcleos se puso en marcha esa transformación, ¿en qué espacios e instituciones se fue gestando el ambiente cultural de la Generación del 27 o Edad de Plata?, ¿por qué caminos se fue filtrando la modernidad hasta hacer de Madrid una de las capitales culturales más importantes del mundo?

 


 A finales del siglo XIX los intelectuales españoles estaban fuera de los principales circuitos internacionales, la vida cultural española daba vueltas en círculo ahogada en su propia mediocridad, no había instituciones públicas, organizaciones privadas, publicaciones periódicas ni editoriales que pudiesen sustentar un sistema intelectual propio, y sólo algunas figuras sueltas como Ramón y Cajal, Galdós, Sorolla y poco más, se asomaban a las princiales corrientes modernas.



El término "Edad de Plata", creado por cierto por José María Jover en los años sesenta, y difundido gracias al libro de José Carlos Mainer en los setenta, se refiere a la gran eclosión cultural que se produjo en España entre 1998 y 1936 por comparación con el denominado Siglo de Oro, en el que tuvo lugar la producción intelectual de la mayor parte de nuestros clásicos. pese al metal asignado, lo cierto es que Picasso, Lorca, Alberti, Miró, Gaudí, Machado, Unamuno, Ortega, Juan Ramón, Juan Gris, Aleixandre, Dalí, Cernuda, Buñuel, Gómez de la Serna, etc.,




La música española conoció en estos años también su Edad de Plata, gracias primeramente a la línea de renovación abierta por Felip Pedrell, y después ya a las obras de granados e Isaac Albéniz, representantes del nacionalismo postromántico coetáneo del 98. A su regreso de París en los años de la Primera Guerra Mundial, Manuel de Falla y Joaquín Turina introdujeron en España la música impresionista, teñida de un cierto carácter nacional, compartiendo el protagonismo musical con figuras como Oscar Esplá y Andrés Segovia. Falla fue sin duda la gran figura de la música culta en el primer tercio del siglo XX, y sus obras cosecharon grandes éxitos en Europa. 


El tentador escaparate de la Violeta


La última hornada musical de este periodo estuvo protagonizada por el denominado grupo de "Los Ocho", aquivalente musical de la Generación del 27 en el que sobresalieron Rodolfo y Ernesto Halffer, Gustavo Pittaluga, Rosa García Ascot y Salvador Bacarisse, que en la estela de Ravel, Falla o Stravinsky, combinaron el clasicismo, dodecafonía y las raíces folkloricas españolas.




En el siglo XIX las tertulias de los cafés fueron uno de los ejes tradicionales de la vida cultural española. Atentas al correr de los tiempos, varias de ellas constituyeron en el primer tercio del siglo XX uno de los espacios informales más singulares por los que encontraron una vía de penetración y una rápida forma de difusión varias de las corrientes culturales más modernas.
 











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