sábado, 27 de septiembre de 2014

Josefina De la Torre (Las Palmas de Gran Canaria,1907 - Madrid, 2002)


Jean Édouard Vuillard


Tú en el alto balcón de tu silencio,
yo en la barca sin rumbo de mi daño,
los dos perdidos por igual camino
tú esperando mi voz y yo esperando.
Esclavo tú del horizonte inútil,
encadenada yo de mi pasado.
Ni silueta de nave en tu...
                                                      Josefina De la Torre
                                         



La tarde tiene sueño
y se acuesta en las copas de los árboles.
Se le apagan los ojos 
de mirar a la calle
donde el día ha colgado sus horas
incansable.
La tarde tiene sueño
y se duerme mecida por los árboles.
El viento se la lleva
oscilando su sueño en el aire.
                                                                 Josefina De la Torre
                                                                                          La tarde
  



Josefina De la Torre nació en el seno de una familia burguesa de intelectuales en Las Palmas de Gran Canaria  y alli pasó su infancia y su juventud. Cuando era una joven de veinte años, viajó a Madrid Junto a su hermano Claudio, que había recibido el Premio Nacional de Literatura en 1923. Además de prepararse en la academia de canto de Dahmen Chao, fue testigo presencial de la efervescencia cultural que se cimentaba en la capital, colaborando en revistas poéticas de prestigio.

 En el año 1927, Josefina publicó Versos y estampas, su primera obra literaria. Esta plaquette es editada por la revista Litoral con prologada por Pedro Salinas, que la bautiza como muchacha.isla. Dos años más tarde, ve la luz su libro Poemas de la isla. En esa época, se trasladó junto a su hermano Claudio a los estudios franceses de la Paramount en Joinville, donde trabajó como actriz de doblaje.

Tras el estallido de la Guerra Civil, regresó a Las Palmas junto a su hermano Claudio y su esposa, Mercedes Ballesteros, con quienes fundó la colección La novela ideal. En ella escribe, bajo el seudónimo de Laura de Comminges, una serie de novelas amorosas. Una vez terminada la guerra regresó a Madrid, debutando en 1940 como primera actriz del Teatro Nacional María Guerrero. A la actividad teatral se suma la cinematográfica, interpreta una serie de papeles secundarios entre 1941 y 1945. La represión franquista, que había disuelto a los poetas republicanos de la Generación del 27, parece ser una de las causas de esta inclinación por la interpretación en detrimento de la poesía.

Sin embargo, su vocación como actriz se había fundamentado en su núcleo familiar. Prueba de ello es la celebridad que obtuvo el Teatro Mínimo, que es el nombre con que se conoce a una serie de representaciones que los hermanos organizaban en su casa de la Playa de las Canteras. Como resultado de esta inclinación en 1946 fundó su propia compañía teatral, la Compañía de Comedias Josefina De la Torre, junto a Ramón Corroto, que años más tarde se convertiría en su esposo.

Durante los años sesenta colaboró también como actriz en series televisivas y publicó su poemario Marzo incompleto (1968). A finales de los ochenta aparece su obra poetica reunida bajo el título Poemas de la isla, que diez años más tarde será recogida en una edición bilingüe a cargo de Carlos Reyes

En 2002 se le concede la Cruz de la Orden Islas Canarias. En ese mismo año muere Josefina De la Torreen su casa de Madrid.  




Quisiera tener sujeta
la naranja de la tarde
así entre las manos, fresca,
sin piel rubia y brillante,
tirabuzón de la luna
peinado por mi cuchillo.
Qué sabor a fruta nueva
ha de tener en los bordes
el mar, la arena y el aire.
¡Qué deseo de partir
en dos mitades la tarde!
Cuando la noche se asome
a su ventanal de cobre
se tragará la naranja.
¡Ay, niña desconsolada!
                                            Josefina De la Torre
                                                       (Poemas de la isla)
 

Jean Édouard Vuillard


Toda mi ilusión

Toda mi ilusión la he puesto
en la espera de un mañan.
¿Cómo vendrás? ¿Adornado
de blanca flor de retama
o de flor de pensamiento
que de luto se engalana?
¿Vendrás con rojas miradas
o con pálidas miradas?
¿tendrás voz, tendrás sonrisa,
o me guardarás nada?
¡Mañana, horizonte en niebla,
fiel timón de mi fragata:
hace tiempo que me llegas
con las velas desplegadas!
                                   Josefina de la Torre
                                          Versos y estampas


Guillermo Gómez Gil

 


El tiempo de la vida humana, un punto;
su sustancia, fluyente; 
su sensación tibia;
la composición del conjunto del cuerpo,
fácilmente corruptible;
 su alma una peonza;
su fortuna, algo difícil de conjeturar;
 su fama indescifrable.
En pocas palabras todo lo que pertenece al cuerpo,
 un río; sueño y vapor, lo que es propio del alma;
la vida, guerra y estancia en tierra extraña;
la fama póstuma, olvido.
¿Qué, pues puede darnos compañía?

                                                                                            Marco Aurelio
                                                                                              Meditaciones (II, XVII)

 
 Erika Kuhn



Mí alma, en fuego fatuo convertida,
vagar sabrá en la estación florida...

 


"Dadme la vida que amo,
que el resto pase a mi lado.
Dadme el cielo jovial en lo alto
y a mi vera el camino apartado.
Lecho en el arbusto bajo las estrellas,
pan para mojar en las aguas del río...
es la vida que quiero llevar,
he ahí para siempre la vida.
Cáigame el rayo después o antes,
que lo que haya de alcanzarme alcance;
dame el resto de la tierra en torno
y ante mi la carretera.
Ni riqueza ni esperanza busco
o amor o amigo que me conozca;
tan solo el cielo en lo alto busco
y bajo mis pies la senda.
Sobre mi decaiga el año
donde me haya demorado,
cuando acalle a las aves del árbol,
muerde mis dedos amoratados.

                                                                                  R. L. Stevenson

 


¿No son las montañas, las olas, y los cielos, una parte
de mí y de mi alma, como yo de ellos?
¿No es el amor de ellos el fondo de mi corazón
Con una pasión pura? ¿no debería despreciar
Todos los objetos, si se compara con estos? y el vástago
Una marea de sufrimiento, en lugar de renunciar a 
Tales sentimientos por la flema dura y mundana
De aquellos cuyos ojos sólo se encienden a continuación,
Mirando al suelo, con pensamientos que no se atreve a brillar?
                                                                                      Byron










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