viernes, 12 de septiembre de 2014

La Lengua y la Palabra.


Real Academia Española


La Lengua y la Palabra.
Real Academia Española


"El español es una lengua moderna no solo porque la hablemos varios cientos de millones de personas en el mundo este factor cuantitativo es importante pero no único sino porque, a lo largo de su historia, ha ido evolucionando y adecuándose a las nuevas circunstancias históricas, culturales y sociales, de modo que nunca quedó desfasada con la actualidad de una vida que cambia sin cesar en función del avance del conocimiento científico, la evolución de las costumbres, las creencias, los paradigmas éticos y estéticos y de su cotejo con las otras lenguas representativas de la modernidad."
                                                                                                         Mario Vargas Llosa
   

Biblioteca de la Real Academia Española


 


La lengua, la palabra, no es lo que llamamos "la realidad", pero sólo la lengua y la palabra nos proporcionan un marco significativo para entender parcelas de esa realidad y, con ello, poder conformarlas y contribuir a su transformación.





La lengua y el habla.
Del sonido a la voz y a la letra.

 "Hágase la luz! Y la luz fue hecha"
(Génesis I, 3)


"En la vida de los humanos es la lengua y no la acción la que conduce a todo", llega a afirmar el Ulises de Sófocles (Filoctetes).


"El mundo comienza por ser un conjunto de nombres -escribe Octavio Paz-. Más exactamente: el mundo es un mundo de nombres y los nombres son nuestro mundo. Si nos quitan los nombres, nos quitan nuestro mundo".


La palabra , el habla, el lenguaje han tenido en el principio de casi todas las civilizaciones un origen mágico, un poder divino -"en el principio fue el Verbo"- que permite la existencia del mundo para los humanos, su comprensión y la denominación de las cosas. Para Platón, la palabra, como la música, tiene esa dimensión capaz de seducir y fascinar, de "encantar el alma", de mostrar a Sócrates hechizado con las palabras del sofista., palabras que suspenden todo juicio crítico. Sólo embelesan.

La palabra, el habla, el lenguaje, son en parte un fenómeno misterioso, ambiguo, ambivalente. Con él se construyen realidades y también se ocultan, se busca la verdad y el conocimiento de las cosas, pero también pueden tener un poder casi diabólico: la palabra que hipnotiza y que, como medio de persuasión se convierte en sí misma en acción política en nuestras sociedades de masas.  

Los nuevos parámetro del pensar contemporáneo a partir de criterios científicos nos han llevado a la constatación de que fundamentalmente somos lenguaje. Nuestra relación con el mundo y con los otros esta condicionada por el lenguaje (la aptitud natural para el habla de los seres humanos) y la lengua (formada por determinados símbolos y signos lingüisticos). Desligados estos signos de su contexto inmediato, permiten proyectar el significado del símbolo a situaciones ausentes de aquélla de que se habla; esto es, impulsa la capacidad cognitiva para transmitir saberes de una generación a otra y conseguir así una acumulación de conocimientos y cultura.

El poder demiúrgico de la palabra se fortalece con la escritura. Los alfabetos surgen, como las lenguas, en múltiples formas para inmortalizar  el sonido de la palabra. 

Joaquín Sorolla
Santiago Ramón y Cajal, 1906.
Museo de Zaragoza 




La creación de la
Real Academia Española
y la Ilustración


El 3 de agosto de 1713 se reunieron en el palacio del marqués de Villena, en la plaza de las Descalzas de Madrid (hoy el Monte de Piedad y Caja de Ahorros), un pequeño grupo de contertulios que decidieron levantar acta de la creación de una Academia dedicada a la tarea concreta de elaborar un diccionario de la lengua castellana. Su único apelativo definidor sería el de Española. Deciden igualmente recabar del rey Felipe V la protección real, que les llegaría -una vez vencida la inicial desconfianza del Consejo de Castilla -en octubre de 1714. Así, de una tertulia informal y espontánea de amigos ilustrados surge hace 300 años la Real Academia Española, afianzada como institución por la salvaguardia de la Corona.

Herederos estos primeros académicos de la rica tradición de los novatores españoles del siglo anterior; buenos conocedores de instituciones europeas de excelencia como la florentina "Accademia della Crusca", o la creada por Luis XIV "Académie Française", emprendieron inmediatamente la redacción del gran diccionario que estimaron faltaba de nuestra lengua. Y, como resultado, en unos primeros años de "frenética actividad" dieron a la luz, entre 1726 y 1739, el espléndido Diccionario que se conoce como de autoridades (por la utilización, al estilo de la Crusca, de ilustrar cada una de las voces con abundantes ejemplos de escritores indiscutibles anteriores, de manera que cada vocablo estuviera avalado con un testimonio de uso, de Nebrija a Cervantes y al Siglo de Oro). Los seis Magníficos tomos de este gran Diccionario, realizado en un lapso de tiempo tan breve, siguen siendo timbre de gloria de esta Real Academia Española.



Joaquín Vaamonde
Retrato de Emilia Pardo Bazán, 1896.
Museo de Bellas Artes de Coruña.





Guerra y revolución: 1808-1812.
España en el siglo XIX.


De la Ilustración al siglo XVIII y de un ámbito reformista y más o menos estable, el estallido de la guerra con la invasión napoleónica y el levantamiento del 2 de mayo y sucesivos, nos sitúa en el siglo XIX que no dejará de ser conflictivo. La transición del Antiguo Régimen a un sistema liberal-constitucional a lo largo del siglo.

Especialmente por lo que concierne a la Real Academia Española y a los académicos, el siglo evidentemente fue bastante movido, pero quizás los peores momentos para la institución y sus miembros se vivieron en el primer cuarto de siglo, en la ruptura que supuso la invasión francesa y en una larga guerra contra el invasor, una guerra "gloriosa y fatal" -la más larga de las napoleónicas europeas- y en la vuelta del absolutismo de Fernando VII. Un largo período de guerra, revolución, represión, expatriación y división de la comunidad académica, con historias personales apasionantes y dramáticas que marcaron a tres generaciones. 

La "lengua revolucionada en el Cádiz de las Cortes", así como la impronta del vocabulario doceañista en el diccionario académico penetra en el mismo,, como ocurrirá a lo largo del tiempo en cada episodio histórico, y también trae en cada etapa nuevos perfiles de los académicos. a los eruditos y nobleza ilustrada del siglo anterior, suceden en el XIX escritores, profesionales, abogados y, justo a partir de la conmoción de 1812, encontramos también en la Academia excelentes intelectuales que, por primera vez, ostentan la doble condición de diputados y académicos, algo que permanecerá en parte durante todo el siglo y comienzos del XX.
  
  
María Moliner, (1900-1981)





España y América.
La lengua que nos une.


En este primer cuarto del siglo XIX otro gran hecho histórico tuvo lugar: la desintegración de los Virreinatos de la Monarquía Hispánica en los Reinos de Indias y el surgimiento e independencias de las Repúblicas americanas. Ambos procesos están vinculados a los sucesos peninsulares de 1808, 1812 y 1814: la invasión francesa, la guerra de España por la independencia, el vacío de poder, la constitución de Cádiz, en la que participaron activamente representantes españoles americanos (artº 1 de la Constitución "La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios"), pero de 1810 a 1824 la ruptura política es definitiva y precisamente en estos años de los Bicentenarios abundan las investigaciones y estudios sobre estos procesos.

Desde el punto de vista de la historia de la lengua y de la Real Academia Española, el hecho casi milagroso, de la no ruptura de la lengua española gracias a la voluntad, decisión e inteligencia de algunos próceres americanos en aquellas jóvenes repúblicas independientes y al buen hacer a ambos lados del Atlántico de personas e instituciones que, con independencia de la política, mantuvieron la lengua común, la lengua que nos une. Y no sólo el mantenimiento de la unidad de la lengua, sino la difusión de la misma. La hispanización lingüistica la realizaron los americanos después de su independencia política, al fomentar las nuevas repúblicas la alfabetización del español en las escuelas de todas las clases sociales. Se rompía así con la indefinición de una política lingüistica que, durante tres siglos, mantuvo la Monarquía Hispánica entre la defensa  y evangelización en las propias lenguas indígenas (de asombrosa y amplísima diversidad) -a través de la labor impresionante de las "gramáticas en cascada" de estas lenguas, que realizan y fijan los misioneros- y, por otro lado, la necesidad y utilidad de una lengua de comunicación general, facilitadora de movilidad social y de una educación para todos.

La lengua que hablamos nos unió, pero la razón de constituirse en la lengua común de 500 millones de hablantes y ser una lengua universal no es sólo por la lengua que nos unía, sino porque "además de de ella y gracias a ella otros denominadores comunes se fueron tendiendo entre ese gran número de sociedades y países: creencias, valores, ideas, costumbres, mitos, formas artísticas e instituciones, sentimientos y designios de los que la lengua común fue semilla y fermento" (Mario Vargas Llosa). Ese fuerte entramado es producto de una larga historia, en cuyo inicio, en el encuentro entre españoles e iberoamericanos, se produjo un profundo mestizaje.

 
 
 Carmen Conde (1907-1996)



Entre dos siglos:
Las mujeres llaman a la Academia.


El día uno de abril de 1894 se inaugura con gran solemnidad el edificio actual de la Real Academia Española, con el que comenzaba una nueva etapa en la historia de la institución al contar, por primera vez en más de dos siglos, con edificio propio y, al mismo tiempo, la labor de la Academia se adecuaba en este final de siglo y ya como sello distintivo del XX, a nuevas concepciones lingüisticos que, basadas en los avances científicos y filológicos, constituirían las señas de identidad de la contemporaneidad.

Desde mediados del siglo XIX, siguiendo además la estela de una única mujer que en el siglo ilustrado -el siglo que comenzó a vivir una mayor liberalización y protagonismo de la mujer en el espacio público -ingresó como académica honoraria -primer paso en la época para pasar a numeraria- Dª María Isidra de Guzmán y de la Cerda (1767-1803), si bien por recomendación impuesta de Carlos III que, como en el caso de las Sociedades de Amigos del País y otras, rompió por decreto con la prohibición del acceso de las mujeres a estas instituciones culturales, académicas y cívicas. Sin embargo, ni Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1876), ni la gran doña Emilia Pardo Bazán (1851-1921), que aspiraron a ocupar un sillón fueron admitidas, sino rechazadas con el argumento de "no hay lugar para señoras". Igualmente ocurrió con las siguientes, de Blanca de los Ríos (1862-1956) a María Moliner (1900-1981).

La vuelta al hogar que experimentaron las mujeres occidentales en el siglo XIX, el potente mito del "ángel del hogar" por el que se les asignaba un lugar determinado que no debían intentar saltar, funcionó con más o menos matices en todo el mundo occidental hasta bien entrado el siglo XX. "A una mujer se le hace la corte y se le desposa como a un ángel -escribía en 1854 una líder feminista- y, sin embargo, se le niega la dignidad de un ser racional y moral".

En España, como en otros países, hay que esperar a la recuperación de la democracia y la liberalización de mentalidades y costumbres para el primer ingreso femenino, el de la poeta Carmen Conde en 1976. Seguirán, hasta ahora, ocho mujeres más de distintos espacios culturales y científicos.


 

Un agitado siglo XX.
La lengua como ciencia.

  Se puede considerar desde la perspectiva histórica que el siglo XX comenzó realmente para los españoles en 1898, estalló en 1936, sufrió la tragedia de la guerra civil hasta 1939, sobrevivió una posguerra prolongada y continuó su desarrollo bajo una dictadura de cuarenta años y fue capaz de restaurar una democracia parlamentaria con una Monarquía constitucional que, a partir de 1975 y con la Constitución de 1978, ha proporcionado décadas de estabilidad y crecimiento continuado. La historia general y la historia de la Rala Academia Española se incardinan en esta historia general de España a través de brillantes generaciones del 98, del 27, del 36...








 


    

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