domingo, 7 de septiembre de 2014

Felipe II. Bosquejo de una vida y de una época. Ludwig Pfandl.


Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial


(...) Queremos diseñar aquellas figuras de su mundo: sus esposas, sus hijos e hijas, sus consejeros y ministros, sus servidores fieles. Y , actuando y agitándose en contra, hemos de ver también a sus enemigos políticos, ideológicos y personales. Quisiéramos interpretar en su justo sentido su humilde sencillez en los éxitos y aquella su grandeza de alma en los  fracasos, su magnífica ecuanimidad en las felices y en las tristes jornadas, el victorioso paso de su muerte. Todo ello sin desconocer ni paliar sus faltas, sus debilidades, los límites de su capacidad. En una palabra: comprenderlo en todo su ser, y hacerle justicia en cada uno de sus aspectos. (...) (Pág. 12)

  

Autor: Ludwig Pfandl 

Título: Felipe II. Bosquejo de una vida de una época
Traducción del alemán: José Corts Grau                

Editorial: Cultura Española, S. L.                  
Nº de Páginas: 586 

 

Capitulo XXVVIII
Resumen y despedida

Un juicio conjunto de Felipe II tiene que apuntar ante todo dos negaciones capitales. Primera: este rey no fue la encarnación del absolutismo. Segunda: tampoco fue el paladín de aquella Monarquía universal católica, tan anhelada por los unos como temida por los otros...(Pág. 567)
 

Palacio de la Aljafería de Zaragoza.


Lope viviente
Ramón Gómez de la Serna  

  
Palacio Real de Madrid

 Lope demostró su madrileñismo en su vivir y en las muchas poesías que dedicó a su Madrid.
 Después de las ausencias obligadas que le apartaron  de Madrid por la fuerza y por la amenaza de muerte a mano de berdugos, ya no se apartaría nunca de la capital.
 Por eso de que fué el más permanente madrileño de nota, es el más perenne señaladero dela gloria de vivir en la villa y Corte. 

Bendiga Dios a Madrid.
Todo se halla y se gasta,
tanto trucha y bacallaos
como perdices y ranas.
Parece en esto Madrid
las hosterías de Italia;
que come, puesto a la mesa,
lo mejor, quien mejor paga.
Viene un español después,
roto de bolsa y de bragas;
pónenle un ave a comer
de esta manera trazada:
de los pedazos de otras
que en la primera se alzan
forman un ave no vista
en las Indias ni en la Mancha.
 

Gran Vía. Madrid

Una pechuga es de tordo,
otra pechuga de urraca,
una pata es de perdiz,
de palomino otra pata.
Esto con hilo de pita
tan sutilmente lo hilvanan,
que pasan plaza de venas
los hilos, cuando los mascan.





Esto cubren lindamente
con dulce y picante salsa;
viene a su tierra el soldado,
y a Italia de bella alaba;
que dan de comer a pasto
por tres reales mesa franca.
¿hay cosa que imite más
del buen Madrid a las damas,
compuestas de más mixturas
que un órgano, y disfrazadas
con la salsa del vestido
mejor la llamarás falsa?
Por la novedad también,
que Madrid es nueva y varia.




Es gente tan novelera,
que suele alquilar ventanas
solamente para ver
cómo se quema una casa.
¡Tanto, señor, tanto grande,
honra del mundo, que bastan,
¡persia a tal!, a hacer mil hombres
por las letras y las armas!
¡Tanta dama, tanto coche,
donde eternamente andan
coche acá, coche a cullá,
maldiciéndolos quien pasa!
A cuál el cuello jaspean,
a cuál un ojo le tapan
con lodos de perejil,
que fueron carnero y vaca.
¡Tanto letrado en los patios,
tanto pleitista en las salas,
tantas plumas en provincia
cercadas de tantas varas!!
Pierdo el contento el seso.
                                                        Lope de Vega




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