jueves, 25 de septiembre de 2014

El escritor y sus fantasmas. Ernesto Sabato (1911-2011)



Algunos interrogantes
(...) Para mí, como para otros escritores de hoy, la literatura no es un pasatiempo ni una evasión, sino una forma -quizá la más completa y profunda- de examinar la condición humana.(...) (Pág.9)

 

Ideas en la novela
 (...) Nunca como hoy la novela ha estado tan cargada de ideas y nunca como hoy se ha mostrado tan interesada en el conocimiento del hombre. Es que no se debe confundir conocimiento con razón. Hay más ideas en Crimen y Castigo que en cualquier novela del racionalismo. Los románticos y los existencialistas insurgieron contra el conocimiento racional y científico, no contra el conocimiento en su sentido más amplio. El existencialismo actual, la fenomenología y la literatura contemporánea constituyen, en bloque, la búsqueda de un nuevo conocimiento, más profundo y complejo, pues incluye el irracional misterio de la existencia.(...) (Pág.11)




El escritor y los viajes
(...) Creo que Baudelaire dijo que la patria es la infancia. Y me parece difícil escribir algo profundo que no esté unido de una manera abierta o enmarañada a la infancia. Por eso aun los grandes expatriados, como Ibsen o Joyce siguieron tejiendo y destejiendo es misma y misteriosa trama. Viajar es siempre un poco superficial. El escritor de nuestro tiempo debe ahondar en la realidad. Y si viaja debe ser para ahondar, paradojalmente, en el lugar en el lugar y en los seres de su propio rincón...(Pág. 18)



Despertar al hombre

Decía Donne que nadie duerme en la carreta que o conduce de la cárcel al patíbulo, y que sin embargo todos dormimos desde la matriz hasta la sepultura, o no estamos enteramente despiertos. Una de las misiones de la gran literatura: despertar al hombre que viaja hacia el patíbulo. (Pág. 22)


 
El arte como conocimiento

Desde Sócrates, el conocimiento sólo podía alcanzarse mediante la razón pura. Al menos ese ha sido el ideal de todos los racionalismos hasta los románticos, cuando la pasión y las emociones son reivindicadas como fuente de conocimiento, momento en que llega a afirmar Kierkegaard que "las conclusiones de la pasión son las únicas dignas de fe". (Pág. 22)



La maldita intervención del autor

Consideremos un árbol. Primero lo pinta Millet y luego lo pinta Van Gogh. Resultan dos árboles distintos, en virtud de esa "maldita intervención del autor" (las comillas pertenecen a los teóricos del objetivismo). Pero es precisamente esa inevitable irrupción del artista en el objeto lo que hace superior el árbol de Van Gogh al árbol de Millet y al de cualquier fotógrafo.
Más, todavía: ese árbol es el retrato del alma de Van Gogh. (Pág. 55)

 

¿No son las montañas, las olas, y los cielos, una parte
De mí y de mi alma, como yo de ellos?

                                                                                      Lord Byron                 


Autobiografías

Dada la naturaleza del hombre, una autobiografía es inevitablemente mentirosa. Y sólo con máscaras, en el carnaval o en la literatura, los hombres se atreven a decir sus (tremendas) verdades últimas. "Persona" significa máscara, y como tal entró en el lenguaje del teatro y de la novela. (Pág. 59)



La novela de la crisis

Hace unos treinta años, T.S.Eliot afirmó que el género había terminado con Flaubert y Henry James. En una forma o en otra, diferentes ensayistas reiteraron ese juicio funerario.
Ocurre que con frecuencia se confunde transformación con decadencia, porque se enjuicia lo nuevo con los criterios que sirvieron para lo viejo. Así, cuando algunos sostienen que "el siglo XIX es el gran siglo de la novela", habría que agregar "de la novela novecentista"; con lo que su aforismo se haría rigurosamente exacto, pero también completamente autológico. (Pág. 92)



El otro oficio de escritor

Si nos llega dinero por nuestra obra, está bien. pero escribir para ganar dinero es una abominación. Esa abominación se paga con el abominable producto que así se engendra. (Pág. 98)




"Este libro -nos dice Ernesto Sabato en su pórtico- está constituido por variaciones de un solo tema, que me ha obsesionado desde que escribo: ¿por qué, cómo y para qué se escriben ficciones?"

No se responde a ello con una teoría formulada externamente como cuerpo de doctrina orgánico -aunque ciertamente sí lo sea, y con ejemplar rigor y lucidez, en lo profundo-, sino en una forma particularmente viva, al ritmo de los estímulos externos o interiores, en apuntes que -como señala Sabato- tienen algo del "diario del escritor" y se parecen más que nada a ese tipo de consideraciones que los escritores han hecho siempre en sus confidencias y en sus cartas".



Autor: Ernesto Sabato
Título: El escritor y sus fantasmas

Editorial Seix Barral, S.A.
Biblioteca Breve

Nº de Páginas: 219
Cuarta edición: marzo 1987

 


  

Ernesto Sabato nació en Rojas, provincia de Buenos Aires, en 1911, hizo su doctorado en física y cursos de filosofía en la Universidad de la Plata, trabajó en radiaciones atómicas en el Laboratorio Curie y abandonó definitivamente la ciencia en 1945 para dedicarse exclusivamente a la literatura. Escribió varios libros de ensayo sobre el hombre en la crisis de nuestro tiempo. Su novela Abaddón el exterminador escrita en 1974 fue premiada en París como la mejor novela extranjera publicada en Francia en 1976. Sabato fue galardonado con el Premio Cervantes en 1984.






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