domingo, 17 de agosto de 2014

Una temporada en el infierno. Arthur Rimbaud (1854 - 1891)


Claus Sluter
El pozo de Moises (1395-1403)
Claustro de la Cartuja de Champmol. Dijon


Rimbaud sin más
Después de un largo silencio -las "Poésies Complétes" de Rimbaud, con prólogo de Vodelaire, databan de 1895- su descubrimiento se produce en el período de entreguerras. Alrededor del año1930 se publican dos ediciones de sus obras completas, y empiezan las exégesis y la rebusca de sus cartas y de sus versos de colegial. Rimbaud tenía algo que decir a los poetas de entonces. Y también tiene algo que decir a los de hoy. Aunque quizás no sea lo mismo.
tenemos muchas imágenes de Rimbaud y hay que andar con cuidado para no perderse entre los mil espejos deformantes que nos lo muestran. Tenemos al Rimbaud de los surrealistas, poeta sin literatura, vidente, y para algunos como Rolland de Rennéville, mago y ocultista. Tenemos al Rimbaud rebelde y anarquizante que simpatiza con la Commune y se siente un poco derrotado con ella. Tenemos al Rimbaud, "místico en estado salvaje", según el católico Claudel. Y al Rimbaud amigo de Verlaine, Bohemio, sucio, borracho y homosexual. Y al colegial, "primero de Clase". Tenemos junto al Rimbaud, apasionado por la Literatura, para el que no había más dios verdadero que Baudelaire -eran sus palabras- , al hombre que desde Abisinia escupe los peores sarcasmos sobre la poesía. Y junto al mercader sin escrúpulos, al pío Rimbaud agonizante, que nos retrata su hermana pidiendo los Santos Sacramentos.
¿Cuál es la verdad de Rimbaud? ¿Fue un literato, un vidente, un anarquista, un mercachifle, un místico, un ambicioso, un aventurero, un bohemio, un pío arrepentido?


 


                              Verlaine escribió:                                                                                                   
                                                                                                 
"Mortel, ange et démon,
autant dire Rimbaud..."





Pero quizás, ni ángel, ni demonio, fue sencillamente un hombre, con toda la grandeza y toda la miseria que comporta el serlo y que en él aparecen agrandadas por la intensidad con que lo vivió todo. Y a fin de cuentas quizás lo único que pueda decirse de él sea lo que D'Aubonne en "Arthur Rimbaud ese desconocido": Rimbaud en tanto que hombre, hijo, de Valérie Cuif autor de la obra que se sabe, no fue ni un negrero, enriquecido por el tráfico de ébano ni el joven héroe que tiroteaba contra los versalleses. Su vida, como su obra, refleja la contradicción de un espíritu no "vidente" sino lúcido y genial, y que es el de un joven burgués de corazón generoso, hijo de oficial, perteneciente a una austera familia del Norte y que murió a los 37 años en 1891".




El lector tiene en sus manos una traducción de "Une saison en enfer". Es el único libro que Rimbaud publicó, en 1873, cuando tenía 19 años: "Alliance Typographique".. Bruselas. Precio: 1 franco. Tirada: 500 ejemplares. Cuando aún vivía , se publican "Les Illuminations", con prólogo de Verlaine, en 1886. Tirada: 200 ejemplares. Pero Rimbaud estaba entonces en Abisinia, había renunciado ya a la poesía, y quizás no recordaba siquiera estos poemas que empezo a escribir en 1872. "Une sanson  en enfer" es por tanto el único libro que Rimbaud consintió en publicar,  y tiene por eso un valor especial. (...) Gabriel Celaya.
                                 
                   


Ingerí un terrible trago de veneno.
¡Tres veces bendito sea el resultado que obtuve!
Las entrañas me arden. La violencia del toxico tuerce
mis miembros, me deforma, me aplasta.
Muero de sed, me asfixio, no puedo gritar.

                                                                                A. R.



Philipp Ferdinand de Hamilton
4 Variedades de buitres, 1723. Óleo sobre lienzo, 110 X 127cm
Colección Beldevere de Viena


¿Qué son para nosotros, corazón mío, esos mantos de sangre
Y de brasa, y mil crímenes y los largos gritos
De rabia, sollozos de todo infierno que voltean
Todo orden; y el Aquilón aún, sobre las ruinas?

¿Y toda venganza? ¡Nada!...¡Pero, sí, toda aún,
La deseamos! Industriales, príncipes, senados:
¡Pereced! Poder, justicia, historia: ¡abajo!
Esto no es debido. ¡Sangre! ¡Sangre! ¡Llamas de oro!
Todo a la guerra, a la venganza, al terror.
¡Espíritu mío!, agitémonos en la mordedura: ¡Ah! ¡Pasad!,
Repúblicas de este mundo! Emperadores,
Regimientos, colonos, pueblos: ¡basta! 

                                                                                  A. R.


Gerrit Dou
Bodegón con perro durmiendo, 1650.
Óleo sobre madera, 17 X 22cm. La Haya
Koninklijk Kabinet van Schilderijen Mauritshuis


(...) He llamado a los verdugos para roer, mientras perecía, la culata de sus fusiles. He invocado las plagas para ahogar con la arena, la sangre. La desgracia ha sido mi Dios. Me he tendido en el barro. Me he secado en el aire del crimen. Y he hecho buenas trampas a la locura. (...) (Pág. 47)


Jan Gossart
Retrato de hombre ca. 1530 (¿Jan Jacobsz Snoeck?)
Óleo sobre madera de roble. 63,5 X 47,6 cm.
Washington. National Gallery of Art



(...) Yo no he hecho el mal. Los días van a serme ligeros, se me ahorrará el arrepentimiento. No tendré los tormentos del alma casi muerta al bien, en la que se alza la luz severa como los cirios funerarios. El destino del hijo de familia, féretro prematuro cubierto de límpidas lágrimas. (...) (Pág. 55)  




Autor. Arthur Rimbaud Título: Una temporada en el infierno. (Une saison en enfer) Introducción y traducción: Gabriel Celaya Prólogo: Jacques Riviere Editorial Alberto Corazón, S.L. Colección Visor de Poesía Nº de Páginas: 93




 

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