lunes, 25 de agosto de 2014

El final de Rasputin. Félixovich Yusúpov (1887 - 1967)


Familia Yusúpov


El Príncipe Feliks Feliksovich Yusúpov, Conde Sumarókov-Elston (1887-1967) nació en una de las familias más ricas de Rusia, y su familia materna poseía una de las mayores fortunas de la época en todo el mundo. El príncipe se convirtió en heredero de esta descomunal fortuna tras la muerte de su hermano mayor en un duelo. Como miembro de la alta aristocracia y de la corte del Zar Nicolas II, con cuya sobrina contrajo matrimonio, se convirtió en habitual de las tertulias de Rasputin debido a su interés en el misticismo y lo sobrenatural.
Sin embargo, Yusúpov pasaría a la historia por intentar asesinar al monje. Tras la Revolución rusa se vio obligado a marcharse del país debido a la persecución sufrida por todo aquél relacionado con los Romanov.
La familia se estableció en París donde Yusúpov se convirtió en un generoso benefactor de la comunidad de exiliados rusos.


Feliks e Irina




(...) Su perfil me trae de vuelta un contraluz antiguo, el camafeo de la joven aristócrata rusa que tomó el expreso hace más de cuarenta años, en compañía de su marido y de su hija, ataviada aún con todo el esplendor que cabía suponerle a alguien de su linaje.
Una dama de ojos negros que no pasó desapercibida al resto de los pasajeros cuando entró en el vagón aquella tibia mañana de abril y ocupó el asiento de ventanilla, sin despojarse en todo el trayecto de una capa de martas cibelinas algo más ceñida de la cuenta al talle esbelto, como si se resistiera a admitir que el viaje iba a ser tan largo.(...) (Pág.12)

(...)Su imagen se solapó a la de la pequeña Irina, sentada frente a mí, junto a su madre como una zarina en miniatura, envuelta en su abrigo color canela de manguitos negros y su sombrero a juego, porque al volver los ojos desde el paisaje, mi hija estaba allí, haciendo trotar por su regazo el minúsculo carruaje dorado que yo mismo le había puesto entre las manos con un ademán cómplice, antes de subir al automóvil que nos llevó a la estación. (...) (Pág.13)
                                                                                                 Patricia Esteban Erlés





El final de Rasputin
Mientras él hablaba, yo observaba con atención la expresión de su rostro y reparé  en que, efectivamente, su rostro de mujik era algo singular. Cada vez me sorprendían más sus ojos y lo que en ellos me sorprendía era repulsivo. No solo no había ningún indicio de espiritualidad elevada en la fisonomía de Rasputin, sino que más bien recordaba a la cara de un sátiro: malicioso y lascivo. La singularidad de sus ojos consistía en que eran pequeños, sin brillo, estaban demasiado cerca el uno del otro en unas cuencas grandes y  excesivamente profundas, de manera que desde lejos los ojos los ojos en sí ni siquiera eran visibles, era como si se perdieran en lo profundo de sus órbitas. Debido a ello a veces era hasta difícil darse cuenta de si tenía o no los ojos abiertos, y solo una sensación como de agujas atravesándonos de parte a parte nos decía que Rasputin estaba mirándonos, que estaba observándonos. Su mirada era aguda, dura y penetrante. En ella se percibía, efectivamente, una fuerza oculta e inhumana. (...) (Pág.30-31)


 
 Familia Romanov







Autor: Príncipe Feliks Yusúpov, Conde Sumarókov-Elston
Título original: Konets Raspútina 

Traducción: Marta Sánchez-Nieves
Prólogo narrativo: Patricia Esteban Erlés

Postfacio: Luis Antonio de Villena
Editorial Nevsky Prospects
Nº Pág. 214




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