martes, 8 de julio de 2014

Paradoja y genio. Aforismos. Oscar Wilde (1854 - 1900)




Oscar Wilde

La imagen que invita al paganismo

Con gran acierto definió Borges "Wilde dio a su siglo lo que su siglo pedía, comédies larmayantes para los más y arabescos verbales para los menos". Pero Oscar Wilde fue -principalmente y además- una vistosa y trágica encarnación de su misma literatura. Cuando era joven, poeta y estudiante en Oxford, decidió hacer verdad, volver carne, las ideas estéticas de John Ruskin y de Walter Pater. Ellos -y los prerrafaelitas- crearon una nueva sensibilidad estética en la Inglaterra de la segunda mitad del siglo XIX, pero quien visibilizó todo ese amasijo de teorías y textos fue Wilde, discípulo convertido en maestro, y exquisito conferenciante en traje estético.
Con pelo largo y lacio, chaqueta de terciopelo, medias de seda y zapatos de charol, Oscar caminaba -se exhibía- con un girasol o un lirio en las manos. Si todos habían querido llevar el arte a la vida, Oscar teatralizó el arte. Fumaba con afectación, fabricaba paradojas -para lo que siempre poseyó un don exacto- y copió y reordenó las galas verbales de Pater y los latigazos desdeñosos de Whistler. Un día, en una exposición, le había dicho (imperdonable debilidad) al refinado pintor norteamericano: "Me hubiera gustado decir esa frase, James". A lo que respondió Whistler (el autor de El encantador arte de hacerse enemigos): "Ya la dirás, Oscar, ya la dirás...". ¡Y vaya si la dijo!. 
Al principio -solero aún- Oscar era el esteta superficial, medievalizante, amador de una Italia mítica, buscador de ángeles de tabla del trescientos, elegante y moderno por antiguo, socialista de bellas carreteras y fábricas con música. Luego (tras su moderada etapa de padre de familia) Wilde vería que los nineties, el más puro fin de siglo, lo volvían todo trágico. Ya no se trataba de idealizar o socializar. El tiempo pasaba y había que atraparlo paganamente, como quería Fausto.los idealistas morían de delirium tremens y la sociedad burguesa se negaba al gran mensaje terrestre de la paganía.
Wilde entonces -a partir de El retrato de Dorian Gray-, vestido de frac y sortijas, alto y gordo como emperador romano en decadencia, comprende que la felicidad es razonable pero el placer es trágico, y él busca la desesperación del mundo imposible de la sensualidad estética. Wilde de las veladas achampanadas del Savoy, de los cigarrillos opiados, de los redobles y lauros de la belleza del amor que no se atreve a decir su nombre.Wilde escandaloso e íntimamente dolido -quizá por la imposibilidad de la apuesta- se enmascara con telas de púrpura, y presenta a un desolado mesías que, en el poema El hacedor del bien, tiene que oír: "Hubo un tiempo en que estaba yo muerto y Tú me resucitaste. ¿Que voy a hacer más que llorar?".
Sin duda, Oscar Wilde fue un decadente y un esteta. Pero en no menor medida fue un pagano. Soñó -con ingenio, con talento lingüístico- desenterrar las viejas ciudades del alejandrinismo. Entrar, como nuevo Baco, en otra Antioquía en un carro tirado por tigres, desnudo en pámpanos él, invitado a la orgía, entre muchachitas escanciadoras y efebos agitando los tirsos alegres... 
Un pagano en la Inglaterra victoriana tenía que acabar como concluyó Wilde: dos años de trabajos forzados en una sórdida cárcel, por sodomita, y un final de vagabundo pobre, exiliado y perdido: Sebastian Melmoth. A Oscar se le toleró el aforismo y el estilo, se le rieron esas frases agudas que daban, temblando, en el centro de la hipocresía. Pero él -lo dije- encarnó la literatura.(...) (Pág. 5, 6, 7, 8) Luis Antonio de Villena
              
 

 Oscar Fingal O'Flahertie Wills Wilde nació en Dublin en 1854, hijo se sir William Wilde. oftalmólogo y folklorista, y de Jane Francesca Elgee, patriota irlandesa y escritora de renombre. Estudió en el Trinity Collage de Dublín y en 1874 ingresó en Oxford. Tras viajar por Grecia e Italia, se hizo inmediatamente un lugar en el mundo literario como ensayista y poeta y en la sociedad de Londres como noctámbulo y conversador.
Viajó también a París y a Nueva York, donde estrenó algunas obras teatrales.En 1891 se encontraba en su mejor momento creativo, pero fue su relación amorosa con el joven lord Alfred Douglas la que poco después le llevaría a ser condenado, y encarcelado, por prácticas homosexuales. Tras vivir en el destierro, murió en París en 1900.



Conversaciones
   
7) Lo que un hombre tiene realmente es lo que es en su interior. (Pág. 18)

14) Mis gustos son sencillísimos. Siempre estoy satisfecho con lo mejor. (Pág. 19)




22) Es muy triste. La mitad del mundo no cree en Dios, y la otra mitad no cree en mí. (Pág. 21)

36) No tiene un solo vicio que le redima. (Pág. 24)

 

67) Ser bueno es estar en armonía con uno mismo. La discordia, verse obligado a estar en armonía con los demás. (Pág.32)

Vera
 
94) A veces, uno vive durante años sin vivir lo más mínimo, y de pronto toda la vida se agolpa en una sola hora. (Pág. 47)



El ruiseñor y la rosa
 
118) ¡De qué cosas más pequeñas depende la felicidad! (Pág. 53)


 El cohete conspicuo

127) Me gusta ser yo el único que hable. Ahorra tiempo y evita discusiones. (Pág. 56)

 


El retrato de Dorian Gray
 
 139) Sólo hay algo en la vida peor que ser criticado: ser ignorado. (Pág. 61)

208)  -Dicen que cuando los americanos buenos mueren van a París -dijo sir Thomas riendo...
-¿En serio? ¿Y dónde van los americanos malos cuando mueren? -preguntó la duquesa.
-Van a América -murmuro lord Henry. (Pág. 75)



Autor: Oscar Wilde
Título: Paradoja y genio

Selección, traducción y notas: Olivia de Miguel
Introducción: Luis Antonio de Villena

Editorial: Circulo de Lectores S.A.
Nº Páginas: 234
 







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