domingo, 27 de julio de 2014

"El Mal se desvanece". Rogelio de Egusquiza (1845 - 1915)


Museo del Prado

Egusquiza y el "Parsifal" de Wagner
Sala 60, Planta Baja. Edificio Villanueva


Rogelio de Egusquiza
Parsifal, 1910
Óleo sobre lienzo. Donación del autor 1914


El Museo del Prado se suma a la celebración del segundo centenario del nacimiento del célebre compositor alemán Richard Wagner (1813 - 1883), cuya obra sigue siendo hoy uno de los grandes referentes musicales de Occidente. Co n esta ocasión expone en su sala dedicada habitualmente a la presentación de obras singulares de las colecciones del siglo XIX un notable conjunto de pinturas, dibujos, estampas y una escultura realizados por el pintor cántabro Rogelio de Egusquiza (1845 - 1915) -rendido admirador del músico de Leipzig-, inspirados por su ópera, Persifal.


 Rogelio de Egusquiza
Richard Wagner, 1893
Aguatinta. Donación del autor 1902
 
  

Richard Wagner nació en Leipzig el 22 de mayo de 1813. Hijo de un escribano de la policía, Carl Friedrich Wagner, y de Johanna Rosine, de soltera Pätz, fue bautizado en la iglesia de Santo Tomás el 16 de agosto. Tres meses después, fallecía su padre, y al cabo de un año, el 28 de agosto de 1814, su madre contraía matrimonio con el retratista, actor y poeta Ludwig Geyer, quien moriría al cabo de pocos años.

En 1817 inició en Dresde su educación formal en la escuela dirigida por Carl Friedrich Schmidt, quién le trasmitió su admiración por la Antigüedad griega. El joven Richard se matriculó a finales de 1822 en la Kreuzschule y allí recibió sus primeras lecciones de piano y descubrió la obra de Carl Maria von Weber, una de sus primeras influencias musicales. Cuatro años más tarde, su familia se trasladó a Praga, y él decidió permanecer en Dresde para volcarse en la literatura. tradujo los cantos de la Odisea y esbozó un poema épico...

En 1882, cambió Alemania por Italia, período que coincidió con la conclusión de Parsifal, su último drama musical. La carrera dramática de Wagner culminará ese año con el estreno en Bayreuth de Parsifal, pieza en la que el compositor vuelve de nuevo su mirada al mundo medieval, y más en concreto a la leyenda del Santo Grial, que ya había aparecido en Lohengrin. Prácticamente no hay acción en esta obra, que, por su forma, es casi un oratorio.
 
Rogelio de Egusquiza
Richard Wagner, 1892
Bronce fundido. Donación del autor 1902



"Esa es la gracia del santo Grial: el mal se desvanece ante quien responde con el Bien."
Parsifal acto I


Rogelio de Egusquiza
Kundry, 1906
Óleo sobre lienzo. Donación del autor, 1914


Egusquiza era ya un artista de larga trayectoria cuando en septiembre de 1879 conoció personalmente a Richard Wagner, al que ya admiraba y seguía, y fue el único artista español que mantuvo una relación directa, aunque esporádica y respetuosa, con el compositor. El acercamiento al músico transformó por completo sus intereses artísticos, y desde entonces se concentró en la iconografía de las creaciones musicales del maestro alemán. Obsesionado  por su universo artístico, Egusquiza alcanzaría su mayor consagración como pintor con la exaltación de los protagonistas de la última gran ópera wagneriana, a cuyo estreno mundial acudiría  entusiasmado en 1882. Muchos años después, en 1902 y 1914, realizaría sendas donaciones al Museo de Arte Moderno de estas obras, con la intención de preservar unida la que consideró su creación más sobresaliente. Sin embargo, no hay constancia de que dicho conjunto fuera expuesto nunca en el desaparecido museo, y se muestra ahora por vez primera en el Museo del Prado, casi un siglo después de que su autor se desprendiera generosamente de él. 

 
 Rogelio de Egusquiza
Titurel. Sanguina sobre papel, 440 X300mm.
Madrid.Museo Nacional del Prado
Donación del autor, 1902 


Parsifal está inspirado en un poema medieval relacionado con la literatura artúrica y narra la historia del legendario caballero Perceval, cuya vida está destinada a custodiar el Santo Grial. Con la misión de salvar a Amfortas, gobernador del reino del Grial, de una herida mágica producida por la lanza de Longinos, que le ha hecho enfermar, Parsifal -considerado como un "casto inocente, iluminado por la compasión"- parte del castillo de Montsalvat. Tiene como misión recuperar esa misma lanza, que está ahora en poder del mago Klingsor, quien para impedírselo cuenta con la ayuda de Kundry.
Ésta es una malvada hechicera que anhela secretamente redimirse de sus malas acciones -haberse reído del sufrimiento de Cristo camino del Calvario-, que la mantienen maldita desde hace siglos. El triunfo de Parsifal y su regreso a Montsalvat, debido no sólo a su habilidad como caballero sino a su ascética independencia y a la bondad de sus decisiones, coincide con la muerte de Titurel, padre de Amfortas y primer custodio del Grial y de la lanza, fallecido sin conocer el feliz desenlace.
La lanza cura definitivamente el sufrimiento de Amfortas y Parsifal, aclamado ya como nuevo guardián, oficia una ceremonia con el Grial tras la que Kundry queda también perdonada y encuentra descanso eterno mientras una simbólica paloma se posa primero sobre el cáliz y finalmente sobre el propio Parsifal.  
El Mal, en cualquiera de sus manifestaciones, se desvanece así ante la presencia del Bien Supremo. Por ello, Egusquiza escogería precisamente estas palabras del libreto, "das Böse bannt" (El Mal se desvanece), para rotular con ellas su grabado del Santo Grial, que preside la muestra y que el propio artista escogió para que presidiera su capilla ardiente. 


Rogelio de Egusquiza
El Santo Grial, 1893
Aguatinta y punta seca sobre papel japonés
Donación del autor, 1902


Parsifal es la última creación operística de Richard Wagner. Aunque empezó a trabajar en ella en 1857, no la estrenó hasta 1882, cuando Egusquiza ya le conocía y le trataba. Concebida como una gran alegoría religiosa de la salvación humana, Wagner la bautizó como Festival Escénico Sacro y prohibió la representación de la misma fuera del teatro de Bayreuth, único escenario donde se garantizaba una puesta en escena a la altura de la intensidad moral y religiosa de su creación.
Fue precisamente en España -país en el que está ambientada la obra- donde se estrenó legalmente por primera vez fuera de Bayreuth, en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona, el 31 de diciembre de 1913, tras levantarse la prohibición wagneriana que había sido respetada universalmente y alterada sólo por la Metropolitan Opera de New York en 1903.
No es extraño que España fuera el escenario de ese primer estreno respetuoso con los designios de su autor, pues era uno de los lugares fuera de Alemania donde Wagner tuvo más fervorosos -y organizados- adeptos. 

 
 Rogelio de Egusquiza
Amfortas, 1890
Clarión y carbón sobre papel
Donación del autor, 1902




"Apenas he caminado y, sin embargo, ya me siento lejos."
Parsifal acto I


El propio Egusquiza es buen ejemplo de ello es un buen ejemplo de ello, pues participó, junto a otros importantes personajes de la cultura del momento, en la llamada Asociación Wagneriana de Madrid, y otras agrupaciones parecidas surgieron en varios puntos del país, dedicadas a promover la difusión de su música. Algunas, como la de Barcelona, destacaron enormemente en el panorama internacional por sus brillantes y activas iniciativas.

 



 
Rogelio de Egusquiza y Barrena (Santander, 1845 - Madrid, 1915). Pintor escultor y grabador. Discípulo de Francisco de Mendoza, en 1860 se traslada a París e ingresa en la Escuela de bellas Artes, donde tiene como profesor a Léon Bonnat. En 1862 viaja por Inglaterra, Bélgica, holanda, y Alemania. En 1869 se instala definitivamente en la capital francesa....


 Rogelio de Egusquiza
Tristán e Isolda, 1910




 

 


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