jueves, 24 de julio de 2014

El efecto Niemeyer. (1907 - 2012)


Óscar Niemeyer




 Avilés en el Arco Atlántico

J.M. Iribas y F. Mangado 
  
El espacio central asturiano se conforma a partir de un triángulo cuyos vértices corresponden a las tres principales ciudades: Gijón, Oviedo y Avilés. Es una construcción territorial morfológicamente similar al triángulo vasco (Bilbao, San Sebastián y Vitoria), pero con algunos defectos estructurales de difícil subsanación: el desequilibrio poblacional y la ausencia de una estrategia productiva diferenciada.
Avilés tiene un peso demográfico y funcional claramente inferior y una deriva terciaria insuficiente y distante de las de Oviedo y Gijón. Su mayor dependencia de sectores declinantes como la siderurgia, y su inclinación productiva hacia un secundario poderoso pero refractario a las exquisiteces terciarias añaden dificultades específicas a los problemas genéricos del Principado. Avilés, es obvio, necesita algún empujón adicional que le ayude a superar la debilidad estructural de su población, notablemente envejecida, así como la precaria situación de su economía productiva, endeble tras el cierre de Endesa.
En materia de grandes equipamientos, Avilés ha sido postergada respecto a Oviedo (que cuenta con el Palacio de Congresos Princesa Letizia, el Auditorio Príncipe Felipe y el Museo de Bellas Artes) y Gijón (donde se encuentran la Laboral Ciudad de la Cultura y el Recinto Ferial Luis Adaro). Correspondía pues a Avilés recibir alguna dádiva dotacional de relieve, aunque sólo fuera para recuperar el optimismo de la ciudad y equilibrar en parte el desajustado tenor del triángulo asturiano, claramente vencido hacia los otros dos vértices. No parece objetable la elección del lugar, que a Niemeyer le gustó por sus resonancias proletarias.


 Centro Cultural Óscar Niemeyer
Avilés, Asturias

Sobre una gran plataforma vecina a la ría, cuatro edificios curvos con el trazo característico del maestro brasileño se disponen como piezas de un bodegón; con 55m. de diámetro y 18m. de altura, la cúpula es, desde el punto de vista constructivo, la pieza más singular del conjunto y alberga muestras temporales.
              
La construcción del Centro Niemeyer supone un aporte para la economía avilesina, cuyo máximo beneficio se obtiene al incorporar un programa de activación turística global de la ría y de la ciudad, combinándola con la oferta de Castrillón-Salinas, que actúa como un espacio complementario, y que da lugar a un binomio de enjundia turística cercana a la de las grandes capitales cantábricas.
La remembranza del Guggenheim bilbaíno resulta, en tal caso, pertinente. No sólo por los propósitos estratégicos inherentes a la operación, sino por algunas concomitancias evidentes: el acre paisaje circundante, la inmediatez a las hermosas rías; la cantábrica climatología; la orientación dotacional cultural de ambos recintos, la consideración de las propuestas arquitectónicas, como componentes indiscutibles de la "arquitectura espectáculo"; el contraste de las renovadoras propuestas con el envejecido casco histórico a que dan frente; la proximidad de actividades fabriles contundentes; y la recia y sabrosa gastronomía de fondo.


 Centro Cultural Óscar Niemeyer
Avilés, Asturias







 Ciudad de la Cultura, Santiago
Peter Eisenman







 Guggenheim, Bilbao
Frank Gehry



De Oporto , Portugal, a Le Havre, Francia, varias ciudades de Europa situadas en el denominado Arco Atlántico configuran un itinerario cultural y litoral alternativo al Camino de Santiago; el Centro Niemeyer de Avilés se sitúa entre la Ciudad de la Cultura compostelana, de Peter Eisenman, y el Museo Guggenheim bilbaino, de Frank Gehry.


Pero estas similitudes no bastan para garantizar el éxito de la operación. Demasiadas veces se olvida que el Guggenheim bilbaino fue el resultado de una insólita conjunción astral: un planteamiento arquitectónico entonces sorprendente firmado por un arquitecto reconocido; una alianza con la franquicia cultural más conocida del mundo; una ciudad de considerable tamaño (cuya área metropolitana decuplica la de Avilés) con una larga tradición en posiciones de liderazgo económico y financiero, pero que necesitaba un impulso externo para recobrarse de su melancólica postración; un lugar-escenario dominado por la presencia imponente de una ría degradada cuya regeneración simbolizaba la recuperación de la ciudad entera; una administración pública provista de sólidos argumentos financieros para llevar la operación adelante y mantenerla en el futuro; una excelente planificación económica y de márketing. Condiciones difícilmente repetibles, especialmente en lo que hace referencia a la institución cultural avalista de la operación, cuya presencia parece consustancial al éxito del proyecto. ¿hubiera sido el mismo si en lugar de llamarse Guggenheim se hubiera llamado Museo Euskaldún de Arte Contemporáneo?
Aunque el éxito del Guggenheim es más mediático  y simbólico que turístico y económico las cifras son relevantes (...). Cifras como éstas requieren colecciones muy nutridas y selectas y programas muy variados y prestigiosos. Cuando, por los escasos fondos presupuestarios, no se dispone ni de colecciones relevantes ni de una programación sostenida y poderosa, las cifras son ya insignificantes: los museos asturianos(...). Hay que vencer esta grave atonía de la oferta cultural. 




Más allá de lo local
 
Y, sin embargo es razonable tener una mirada optimista. Si la gestión del espacio es sólida, el centro Niemeyer puede incorporarse al Arco Atlántico del Arte Contemporáneo, un eje formado por instituciones asentadas en el litoral a lo largo de casi 2.000 kilómetros, y que incorpora siete ciudades que distan entre sí unos 300 kilómetros: Le Havre (Espace Niemeyer), Saint Nazaire-Nantes (Bienal Estuaire), Burdeos (CAPC), Bilbao (Guggenheim),, Avilés (Centro Niemeyer), Santiago (Ciudad de la Cultura) y Oporto (Museo Serralves). Y a la que se deberá incorporar la Fundación Botín en Santander, proyecto de Renzo Piano. Este Arco se puede fortalecer extendiéndose hacia el Norte, a Bruselas (Museo de Arte Moderno), Amsterdam (Museo Stedelijk) y Londres (Tate Modern).
Este Arco Cultural es una réplica litoral y contemporánea del Camino de Santiago, y un potencial itinerario turístico complementario a la ruta peregrina.(...)




 La torre-mirador, con casi 20 metros de altura, ofrece vistas de 360º sobre la ciudad , alrededor del fuste crece una escalera en espiral; la plaza es la base que unifica el conjunto; sus grandes dimensiones suponen un desafío al clima avilesino, con 150 días de lluvia al año, pro permite que los edificios conformen un espacio representativo.


El Centro Cultural Oscar Niemeyer
 
La fundación Niemeyer, surge fruto de un "regalo" que el arquitecto Óscar Niemeyer hizo a la comunidad de Asturias al recibir el Premio Príncipe de Asturias y con motivo del 25 aniversario de estos reconocidos premios.
Las palabras del autor a la hora de hacer este regalo hacían referencia a una justa compensación por recibir tan alto galardón, así como al hecho de que los músicos que lo recibían "contribuían a la celebración con música" y los literatos "lo hacían con discursos". Un regalo capaz de generar un impulso político, social y económico que con el tiempo transformó sus dibujos en realidad.(...). Pero quizá  también, y ésta fue una condición fundamental, muchos habitantes de Avilés confiaban y creían en la fuerza de una idea que, proveniente del otro lado del océano, parecía devolver algo de aquella corriente optimista que muchos de sus abuelos habían llevado consigo en la dura emigración hacia la tierra prometida de América.
Un regalo pues, que pudiéndose haber quedado en el papel, fue capad de impulsar una confluencia política, económica y ciudadana (...)
El proyecto elaborado y controlado en su parte ejecutiva por los arquitectos de la Consejería de Cultura del Principado a petición del propio Niemeyer, pasó por sucesivas vicisitudes técnicas y programáticas. Inicialmente pensado como un posible museo que albergara una colección relacionada con los Premios Príncipe de Asturias, ante el escaso interés de la Fundación titular de los mismos, adquiere autonomía propia y una dimensión más abierta que se materializa en el nacimiento de una nueva fundación, la Fundación Niemeyer, a cuyo frente se encuentra uno de los más eficaces agentes culturales de la península: Natalio Grueso.(...)
Así, poco a poco, con diversas insinuaciones y tanteos en el mercado, con guiños y pruebas, se ha ido confirmando la configuración programática del Centro Niemeyer.(...)




En términos arquitectónicos, el complejo y los edificios que lo componen, siguen la fórmula propia de Niemeyer, racional en la organización y sensual en la materialización. Una fórmula ya muy conocida pero que no deja de asombrar bajo el habitual cielo plomizo de Avilés. Situado en un extremo del proyecto urbano de gran calado -Fosters + Partners- y orientado hacia el puerto para recibir a los turistas de la cultura, el conjunto ofrece una imagen potente y reconocible. Un conjunto blanco y claro, de formas y perfil fácilmente asumible por la ciudadanía, que limpia en cierta manera el recuerdo de un entorno industrial más o menos degradado.(...)


 

  El auditorio tiene capacidad para unos 1.000 espectadores, y su escenario puede abrirse hacia la plaza, aumentando esa cifra hasta más de 10.000; la marquesina, de trazado curvo y una anchura que oscila entre los 3,5 y los 8 metros, permite desplazarse a cubierto entre los dos edificios principales atravesando la plaza, acabada en terrazo.


Cuatro piezas y una plaza
El complejo lo conforman cuatro edificaciones y una marquesina que une algunas de ellas. Las dos más importantes son el auditorio y la cúpula. El primero, con capacidad para mil personas, tiene forma ondulada y deja abiertos dos laterales que comunican visualmente por un lado con el tejido residencial de Avilés, y con su antigua zona industrial por otro.. El segundo, la cúpula, de forma rotunda y clara -una membrana exterior de PVC sobre la que internamente y previa presurización se proyectó hormigón gunitado-, y lleva camino de convertirse en el más simbólico del conjunto; esta cúpula alberga las exposiciones temporales, pues el programa no contempla colecciones permanentes.
                                                                                              Arquitectura Viva (Nº 132) 


 






 Óscar Niemeyer





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