martes, 15 de julio de 2014

Alma-Tadema y la pintura victoriana.




Colección Pérez Simón




"Belleza es la verdad, verdad lo bello".
Otro saber no tienes ni precisas.

John Keats
Oda a una mujer griega, 1819
(trad. Antonio Rivero Taravillo, 2005) 





Al cabo vi una dama no muy lejos,
inmóvil como el mármol cíncelado,
divinamente alta y muy bella.
    
Alfred Tennyson
Un sueño de mujeres hermosas, 1832
(trad. Antonio Rivero Taravillo, 2014)
 




(Antoninus Heliogabalus) oppressit in tricliniis
versatilibus parasitos suos violis et floribus
sic ut animam aliqui efflaverint, cum erepere
ad summum non possent.

Historia Augusta, vol. II, "Elagabalus", 21/5.





Un rostro de mujer pintó Natura
en ti, dueño y señora de mi amor;
de hembra el corazón, no la mudanza
que es guisa de mujeres engañosas.

William Shakespeare
Soneto XX
(trad. Antonio Rivero Taravillo, 2004)





Cuando se cumple una siglo de su desaparición, la pintura victoriana, largamente denostada, conoce hoy una importante revalorización estimulada por el interés de grandes aficionados. La colección de Juan Antonio Pérez Simón, hombre de negocios mexicano de origen español, viene reuniendo desde hace una treintena de años, es con toda seguridad, una de las más bellas que figuran en manos particulares.




Las cincuenta obras que presenta el Museo Thyssen-Bornemisza proporcionan una amplia panorámica de esta pintura, que abarca desde los años sesenta del siglo XIX al inicio de la Primera Guerra Mundial, e ilustran perfectamente los dos grandes ejes de esta creación, tan original en el contexto europeo de la época: el culto a la belleza formal -por regla general, femenina- y la pasión por la cultura grecorromana, pasión cuyo representante más genuino es Lawrence Alma-Tadema.


Lawrence Alma-Tadema
Las rosas de Heliogábalo, 1875 


Alrededor de esa pieza emblemática que es Las rosas de Heliogábalo, el Sr. Pérez Simón ha reunido una quincena de obras de este pintor: cuadros de pura reconstrucción histórica o pinturas delicadamente sentimentales, pertenecientes a la etapa final de su carrera.


 



El culto a la belleza femenina se hace patente en todo su eclecticismo: vinculado aún al movimiento prerrafaelita puro con Fátima, uno de los cuadros más tempranos de Burne-Jones, procedente de la cultura grecorromana, con obras cultas y desaparecidas durante mucho tiempo, pertenecientes al movimiento estético, como El cuarteto de Moore, o Muchachas griegas recogiendo guijarros a la orilla del mar, de Leighton, como reinterpretación del Renacimiento con Rossetti, o del clasicismo con Poynter; con el tema de la hechicera con Waterhouse.


Albert J. Moore (1841 - 1893)
El cuarteto, tributo del pintor al arte de la música, 1868
Óleo sobre lienzo 61,8 X 88,7 cm
Colección Pérez Simón 



Fotografía S. Aguilera


Frederic Leighton (1830 - 1896)
Muchachas griegas recogiendo guijarros a la orilla del mar


Y como otro privilegio del coleccionista estriba en amar con toda libertad lo que se sitúa al margen de las grandes corrientes artísticas, el visitante puede descubrir también la obra desconocida y delicadamente simbolista de Strudwick.











El valiente Geraint, caballero de la corte de Arturo, se había casado con Enid, la hija única de Yniol. Y la amaba al igual que amaba la luz del cielo (...) la rodeaba de dulces atenciones y la adoraba, sin jamás abandonarla, y se volvió (...) olvidadizo de su reino y de sus cuitas, y su olvido fue para ella aborrecible.
                                          Alfred Tennyson
                     "La boda de Geraint", Los idilios del Rey, 1859 




(Heliogábalo) empleó el toldo de una sala de banquete para hacer caer en abundancia violetas y otras flores sobre los cortesanos de tal manera que varios de ellos, incapaces de salir a la superficie, murieron ahogados.
                                                                              Historia Augusta, vol.II, Elagabalus, 21/5,




-¡Oh, pueda yo llevarte entre mis brazos
como ese joven amante del romance
que amó y que consiguió con tanta gloria
a la hermosa princesa de Francia!

Como su amor a volar tan alto se atrevía,
él, cargado de su dulce peso, había de correr
hasta donde el monte tocaba el cielo.
Así había decretado el rey orgulloso.

Sin detenerse, debía cargar con ella,
sin parar un instante para ganar aliento,
y, una vez en la cumbre, la conseguiría:
¡y muerta fue conseguida!

                                             George Meredith
                                                  La corona del amor, 1859  
 



Al reconstruir con gran precisión escenas de la vida cotidiana de la Antigüedad, Alma-Tadema respondía al gusto británico por la cultura grecorromana y por la escena del género. Fascinado por la civilización romana a partir de su primer viaje a Roma y a Pompeya en 1863, el pintor recopiló una documentación impresionante en forma de fotografías, dibujos y escritos históricos (actualmente conservados en la biblioteca de la Universidad de Birmingham), que utilizó para "imaginar" sus obras.

Siguiendo la evolución del gusto y su propia fascinación por las artes decorativas, durante los años noventa del siglo XIX Alma-Tadema se alejó del rigor histórico y solo reservó una atmósfera propia de la Antigüedad para sus encantadores temas de carácter sentimental.


John William Waterhouse
La bola de cristal, 1902


Alma-Tadema. Esquina panorámica, 1895.


Lawrence Alma-Tadema ((1836 - 1912)


Dante Gabriel Rossetti (1828 - 1882)

1860-1914: Eclecticismo y esteticismo. Descendiente de una familia de intelectuales italianos emigrada a Inglaterra. Rossetti fue uno de los fundadores de la Fraternidad Prerrafaelita. A raíz de su encuentro con Elizabeth Siddal, se dedicó a la representación de la belleza femenina.


Edward Coley Burne-Jones (1833 - 1898)


La Fraternidad Prerrafaelita acababa de disolverse cuando empezó, a principios de 1860, su verdadera carrera de pintor. Fiel a la tradición poética del prerrafaelismo, y gracias a su excepcional sentido de la línea y de los colores, creó un mundo de pasión y de ensueño. Al mismo tiempo, dibujaba vidrieras para la empresa William Morris, antiguo compañero de la Universidad de Oxford. En 1877 tuvo lugar su primera exposición en la Grosvenor Gallery, que le proporcionó un gran éxito y reconocimiento, seguido de su primera retrospectiva en 1893.


John William Waterhouse (1849 - 1917)


Miembro asociado de la Academia en 1885, fue nombrado académico en 1895. La primera etapa de su obra se vio fuertemente influida por Alma-Tadema. Se dedicó después a la representación de heroínas sacadas de la literatura. fue el creador de varias imágenes icónicas de mujeres fatales de la pintura victoriana.


Alma-Tadema. El hallazgo de Moíses


Sir Lawrence Alma-Tadema
Una evocación de la antigüedad soñada

La creencia de una idealizada edad dorada, en una sociedad más armoniosa y bella reglada por los arquetipos platónicos, estarán a partir de ese momento siempre presentes en su obra, que buscará infatigablemente reflejar esa dimensión, más sutil que la realidad, en la que reina la belleza como valor atemporal, eterno. Los tiempos cambian, pero la esencia del ser humano es siempre la misma.


Alma-Tadema. Pandora, 1881. Acuarela.

Pese a los intentos de la Royal Academy, que organizó una gran retrospectiva de su obra al año siguiente al de su muerte, durante el siglo XX la obra de aquel que en vida había gozado de tanta fama y tanta estima fue condenada al olvido.

Lawrence Alma-Tadema (1836-1912), a pesar de lo que se suele creer no era inglés, sino holandés. Había nacido en un pequeño pueblo cercano a Leeuwarden, la capital de la Frisia, donde su padre, notario, terminó instalándose. Aunque desde muy niño se mostró interesado por el dibujo, obedeciendo los deseos de su madre,  que quería que su hijo fuese abogado, el joven Laurens, intentó durante algún tiempo estudiar Derecho sin abandonar su pasión por el dibujo, pero la tensión y el esfuerzo terminaron haciéndole enfermar.
El diagnóstico de los médicos fue terrible: el adolescente estaba tuberculoso y le quedaba muy poco  tiempo de vida.
 

Alma-Tadema. El beso de despedida, 1882

Siguiendo el consejo de los médicos, la familia decidió permitir que el adolescente gastase el tiempo que le quedaba en aquello que más le gustaba. A partir de ese momento, el joven se restableció y se convirtió en el hombre robusto y vigoroso que sería el resto de su vida.
En 1852, consigue ingresar en la entonces muy prestigiosa Academia de Amberes que dirigía Gustave Wappers, maestro del pintor prerrafaelitas Ford Maddox Brown entre otros. Ama-Tadema inicia sus estudios en un momento en que el mundo del arte se haya agitado por un debate que opone a los continuadores del estilo neoclásico de David, que había muerto en Bruselas en 1824, todos aquellos que siguieron las enseñanzas de Wappers, optan por el entonces innovador estilo romántico. Es en este periodo cuando comienza a pintar algunos cuadros que, como su autorretrato de 1852, dejan ya ver su enorme talento.


Alma-Tadema. En la cuna de Afrodita, 1908

Es también durante esos años cuando recibe influencias que serán para él fundamentales, la del profesor de arqueología de la Academia Louis de Taye, que le animará a estudiar la historia antigua, y la del ya famoso egiptólogo Georg Ebers, que le inculcaría la pasión por la civilización de Egipto. 
En 1862 viaja por primera vez a Londres para visitar la Exposición Internacional. Visita el British Museum y los mármoles del Partenón que acaba de traer Elgin le impresionan profundamente. Como la hacen las fabulosas antigüedades egipcias de este museo, que de alguna manera le inspirarán su segundo gran cuadro de esta temática, Diversiones en el Egipto antiguo hace 3000 años, que obtendrá la medalla de oro en el Salón de París del año siguiente.


Alma-Tadema. Cortejo vano, 1900

En 1864 se casa con Marie Pauline Gressin, la hija de un periodista francés de ascendencia real que vivía en Bruselas. Realiza un viaje con su esposa a Italia que le llevará a Florencia, Roma, Nápoles y Pompeya. Este viaje sería de gran importancia pues le lleva a la fuente de inspiración de los temas clásicos que iban a hacerle célebre.


Alma-Tadema. Los baños de Caracalla, 1899

Poco después en París, encuentra a Ernest Gambart, cónsul general de España, compraba y vendía pinturas en todas las ciudades europeas importantes. Gambart firma un contrato con Tadema, por el que el pintor se compromete a pintar veinticuatro cuadros, de los que al menos la mitad debían tener como tema el mundo clásico. E inmediatamente después de que el pintor finalizara esta primera serie, Gambart renueva el contrato, esta vez por cuarenta y ocho nuevos cuadros. Pero en medio del éxito profesional la desgracia le golpea. En 1865 muere su único hijo varón y tres años más tarde fallece su esposa.


Alma-Tadema. Safo, 1881
  
En Londres no permanecerá mucho tiempo viudo. El 29 de julio de 1871 vuelve a contraer matrimonio con una de sus jóvenes alumnas, Laura Therese Epps, hija de un rico fabricante de cacao.




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