martes, 10 de junio de 2014

Un blanco deslumbramiento. Andres Aberasturi.



"No utilicéis un lenguaje que sólo amontone ruido"
                                                                        Kazuyoshy Kino


 
"No pienso en lo que puedo hacer, sino en lo que soy capaz de hacer"

                                                                      Setsuko
  
 
"Vivir es crecer, persistir en el verdadero esfuerzo,
seguir en el camino mirando siempre adelante".

                                                                          Yaeko Nogami


 
La Planta Quinta
(enero, 1980)


La planta 5ª
es tan solo un instante,
un raro espacio en blanco
sin otra dimensión
que no sea el presente.
Aquí todo
es presente.
Cada instante
es presente
y el pasado
carece de memoria.
El pasado
es tan sólo un cúmulo de datos
escritos a vuela muerte
sobre unos folios blancos:
pulso, temperatura,
ritmo de corazón,
niveles de glucosa.
Memoria de ordenador,
datos sin imágenes.



Las horas atraviesan los pasillos reptando.
Los minutos se detienen
espantados
junto a las grandes puertas
de la 5ª planta
y no quieren entrar.
Huyen las madrugadas
y retroceden cobardes los ocasos
mientras la noche
-tela negra de araña
con huecos para el miedo--
se recoge
igual que una crisálida
inútil
y ya muerta
de antemano.

Cambian los turnos
pero nada cambia.
Cambian las guardias
pero todo permanece...

  
  
 La planta 5ª
 es sólo una pregunta sin respuesta,
un blanco silencio
que se rasga
por el sonido gutural del llanto.



La planta 5ª
es una columna de desgracias
marchando
sobre llantos.
Innominados llantos
de ángeles sin rebelión posible,
de dulcísimos seres
sobreviviendo apenas,
aprendiendo a seguir,
a continuar en esta incoherencia
amarga que es su vida
agarrados al suero,
pendientes del oxígeno;
pequeños niños entubados
de cuya vida
solo da fe un monitor
azul
indiferente
a la tragedia.
Aquí
está
el hijo...


 

A mi hijo -18 años-
lo que más le gusta
es que le coja en brazos.
Pero yo ya estoy viejo y me cuesta
y me niego.
Y mi hijo me trepa, me coge, me mira,
me mira de tal modo
que me vence
y lo levanto en brazos
y entonces se me agarra y se ríe
y restriega su cara con la mía
y me abraza.
Y ese abrazo es un canto.



Autor. Andres Aberasturi
Título: Un blanco deslumbramiento

Colección Contrapunto
Sial Ediciones
Nº Páginas: 71


Andrés Aberasturi


Comencé el poema -entonces yo no sabía que iba a ser un poema- una madrugada fría en la que, de vuelta a casa, pasé como siempre por el cuarto de Cris -mi hijo con parálisis cerebral-, que medio despierto, me miró, me dedicó una sonrisa un poco de cumplido y se dio la vuelta para seguir durmiendo... Andrés Aberasturi
                                                                                             

 


 

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