domingo, 8 de junio de 2014

Luces y sombras del flamenco. J.M. Caballero Bonald / Colita.


Rosita Durán
"Zambra", Madrid, 1969


El porqué, el cómo y el cuándo

Fue una fría y soleada mañana del mes de marzo de 1963, y aquella mujer menuda, embutida en un abrigo de astracán, enormes gafas de sol y una bolsa de paja que abultaba más que ella, bajaba las escalerillas del avión procedente de Méjico a barcelona. Era Carmen Amaya.
Carmen llegaba para incorporarse al rodaje de Los Tarantos de Rovira Beleta, y yo, enchufada por mi amigo Paco Rebés, amigo de la bailaora y asesor del tema gitano en la película, me colaba en el rodaje, siempre que el foto-fija oficial, un rottweiler con Rollei Flex, estaba distraído.
Y así la vi bailar.
Yo no era ajena al flamenco, pero jamás había visto ni sentido nada parecido en mi vida. Algo así como un deslumbramiento y una emoción hasta el llanto.
Desde entonces he padecido, sin yo saberlo (porque hablando con un amigo, dio con el nombre de mi enfermedad), el denominado "síndrome de Stendhal", que sobreviene cuando una persona es expuesta a una sobredosis de arte y de belleza, lo que convierte a tu corazón en un tambor y a tu cerebro en mantequilla derretida. La emoción es tan fuerte; la exaltación, tan intensa, que cuando acaba, eres un pobre ser perdido y desgraciado que echaron del cielo de una patada en el trasero.
A partir de ese momento, emprendes un viaje que nunca tiene fin, en busca de aquella emoción, de aquel sentimiento único, intenso, irrepetible, como una pequeña muerte que nos provoca el goce de sentir y el dolor de la pérdida. No sé si el viajero Stendhal se vio favorecido, en su peregrinar por otros países, con otras luces y otros paisajes, ni si encontró otra Florencia que hiciera añicos su corazón de puro placer. Ojalá que sí. 
En lo que a mí respecta, modestamente, no me puedo quejar. El arte flamenco me ha proporcionado algunos de los momentos más inolvidables de mi vida, y el privilegio de fijarlos en el tiempo, para transmitirlos y compartirlos.
Además, esta colección de fotos, con sus aciertos y sus errores, ha sido bendecida por un  magnífico texto de mi amigo Pepe Caballero Bonald, que es como si me hubiera tocado el gordo de la lotería. Porque Pepe es el mejor.
Que sea, pues Luces y sombras, con todo respeto, un homenaje a todas y todos aquellos que tanto me dieron y tanto me siguen dando. Gracias por vuestro talento, y gracias por el regalo de vuestro valioso tiempo, sin el cual ni habría fotos, ni libro, ni nada de nada (...)
Y abajo el telón.
Aquél viaje incierto que comenzó en 1963, y ha durado 43 años, no sé todavía a dónde me va a llevar...
Supongo que hasta que el cuerpo aguante, y con el síndrome a cuestas. Colita, septiembre de 2006
                                                                          

Carmen Amaya llegando de Mejico para el rodaje "Los Tarantos"
Barcelona, 1963


Mezquita de Córdoba, 1969


Las oscuras raíces del flamenco

...Lo único cierto, en todo caso, es que aún no se conocen los auténticos mecanismos sociales y culturales que hicieron posible el nacimiento de un arte popular donde se combinan, en una síntesis de tan singular naturaleza, los más ilustres sedimentos de la música oriental almacenados en Andalucía  a todo lo largo de su historia.
En realidad, el cante y el baile flamencos, tal como han llegado hasta nosotros, apenas cuentan con dos siglos de vida. Al menos, los primeros testimonios que empiezan a circular en este sentido datan del último tercio del siglo XVIII...  


La Singla  y mi Rollei Flex, 1963


Monumento  a La Niña de los Peines
Sevilla, 1969


Lo que hoy llamamos flamenco se fragua al margen de otras simultáneas ramificaciones folklóricas andaluzas, debido a muy específicas circunstancias raciales, se fraguó en el más riguroso anonimato con anterioridad a los años finales del siglo XVIII....

Dentro de este misterio secular que parece envolver su cuna, el flamenco es una de las manifestaciones de la música popular -no ya de España sino de todo el Occidente europeo- más claramente vinculadas a la supervivencia de ciertas antiguas formas de cultura y, a la vez. más reacias a dejarse analizar a partir de las pruebas sobre su existencia...


Gades y Cristina Hoyos.
"La Arboleda". Palamós, Gerona, 1969 


Cristina Hoyos, 1970


Etimologías

...Por lo que hemos podido en este sentido, el más antiguo uso del vocablo se debe a Juan Ignacio González del Castillo, que en su sainete El soldado fanfarrón (escrito hacia 1785) lo utiliza como sinónimo de "cuchillo" y, sobre todo, de "gresca" o reunión festiva con cantos y bailes.
Sin embargo, la voz "flamenco" figura aplicada por primera vez a los gitanos en el libro Los zíncali, del viajero inglés George Borrow, que anduvo por España en los románticos años de 1830. Borrow comenta que en nuestro país se solía llamar a los gitanos, desde bastante antes de su visita, "germanos o flamencos"... 

 
Antonio Gades bailando en "la Arboleda"
Palamós, Gerona, 1969


Felicitación de Navidad de Antonio Gades, 1966


...Estébañez Calderón, por ejemplo, que nos suministra en sus muy aireadas Escenas andaluzas (1847) las primeras noticias aceptables sobre el clima expresivo del flamenco, jamás utilizó dicho nombre para bautizarlo.

"Flamenco" es una palabra jergal de la germanía, derivada de flamancia (flama = llama) que se usaba como sinónimo de fogosidad o presunción y que solía aplicarse a los gitanos de acuerdo con esos supuestos rasgos de su temperamento. Resulta evidente, en cualquier caso, que los gitanos españoles se llamaron -y se siguen llamando-  flamencos, y que el uso común generalizó el significado del término como equivalente de "valentón", "pendenciero".


La Pipi y la Gordi
Barcelona, 1962


La Chunga en el camerino, 1965


...Aunque sólo sea como apresurado recordatorio, interesa precisar que la vaga designación de "flamenco" se usó siempre -cuando empieza a difundirse en el primer tercio del XIX- en relación con algún pueblo perseguido y errabundo, especialmente con gitanos y moriscos...

Primitivas huellas orientales

Aunque en cualquier otra presunta ascendencia, la historia del flamenco -o la prehistoria, si se prefiere- hunde sus raíces en el sedimento artístico, abonado por diferentes y superpuestas civilizaciones, que daría origen al muy eminente orientalismo musical andaluz y, como una consecuencia más, a las formas expresivas reelaboradas y difundidas por los gitanos. Dicho trasfondo oriental empieza históricamente a concretarse desde el momento en que España se hace cristiana y adopta para su culto el ritual bizantino.


José Menese en el barrio de Palomares, 1968

 
La Chunga. Retrato de estudio.
Barcelona, 1980


La música popular -por así llamarla- va a ir acusando a partir de entonces el ascendiente de esos milenarios cantos litúrgicos, donde se conservaban no pocos indicios de los sistemas musicales hindú y griego, hebreo y persa. Ciertas melodías propiamente andaluzas pudieron adquirir de ese modo una cadencia de muy peculiar conexión con el canto gregoriano, sobre cuyas fórmulas expresivas irían después acumulándose otros familiares elementos de la música árabe y judía.


Regla Ortega en el Corral de la Morería
Madrid, 1967


Milagros Mengíbar
Madrid, 1997


En el fondo de algunas primitivas formas de tonás y seguiriyas, en su aliento salmodiado de plegaria, pueden llegar a percibirse esas adicionales correspondencias con la liturgia oriental aclimatada -andaluzada, se podría decir- dentro de las más persistentes tradiciones musicales. No es posible enumerar ahora, ni siquiera en un fugaz recuento, los numerosos influjos ejercidos en los cancioneros populares por esos cantos bizantinos, cuya pública propagación perduró, a través de la iglesia mozárabe, hasta el siglo XI. Pero en lo que sí se debe hacer hincapié es en que tan ilustre herencia oriental dejó en Andalucía una huella imborrable, que acabaría por convertirse en algo perfectamente asimilado a su propia personalidad expresiva y que iría después enriqueciéndose, con otras sucesivas apropiaciones musicales importadas principalmente de los árabes...


Paco de Lucía en las Ramblas
Barcelona, 1975



Paco de Lucía en las Ramblas
Barcelona, 1975 


El hecho de que el emir cordobés Abderramán II encargara a Ziryab -el "pájaro negro", famoso tañedor y poeta bagdadí- que difundiese la música tradicional persa por sus dominios, no sólo iba a propiciar la divulgación de unos sistemas expresivos que terminarían por enraizar en Andalucía, sino que incrementó la trasmisión de un sistema musical de antigua base hindú que, en cierto poético modo, también se identificaría vagamente con las nativas memorias folklóricas de los gitanos.


Paco de Lucía. Costa Brava, Gerona 1969


Retrato de Carmen Amaya con abrigo de astracán.
Barcelona, 1963


Fase de apogeo: los cafés cantantes

...El flamenco ingresa en su más notoria etapa de apogeo a mediados del siglo XIX y no saldrá de ella hasta principios del XX. Las formas gitano-andaluzas, que hasta entonces se habían propagado de una manera más o menos difusa y circunstancial, van a encontrar un inmejorable medio de difusión: el café cantante, cuya moda empieza a extenderse por Andalucía -y por España- a partir de 1842. Se ha querido atribuir el auge de estos cafés a la cada vez más nutrida minoría de aficionados al flamenco....
En el terreno del baile, el café cantante supuso el primer y más decisivo punto de partida para la creación y multiplicación de moldes expresivos. Así como el tronco fundacional del cante permaneció, a pesar de sus abundantes ramificaciones, prácticamente inamovible, el primitivo baile flamenco -reducido tal vez a los ceremoniosos zapateados y a las incontrolables modalidades "festeras"- va a ensayar las más desembarazadas y espontáneas innovaciones. Como tributario del cante, el baile podía adecuarse mucho mejor que aquél a los gustos de la época y a las exigencias de los "tablaos".  


Gades, Alberti y María Teresa León en Roma, 1968


Gades y Rafael Alberti en el Trastevere de Roma, 1968


III

El marco geográfico

La zona nativa del flamenco

...El reducto nativo del flamenco coincide, más o menos exactamente, con un cuadrilátero cuyos vértices fueron Cádiz, Ronda, Écija y Sevilla. Dentro de esa zona territorial deben situarse, entre otros pueblos intermedios menos significativos, los siguientes: Utrera, Alcalá de Guadaira, Carmona, Mairena de Alcor, Morón de la Frontera, Puebla de Cazalla, Marchena, Jerez, Lebrija, Osuna, Arcos, Medina Sidonia, Sanlúcar de Barrameda, Puerto de Santa María, Puerto Real, Chiclana y San Fernando...


José Mercé, Madrid, 1998
  

Camarón, 1963



No cabe duda que el flamenco empieza a existir como tal expresión artística popular desde el momento en el que los gitanos cantan tonás y seguiriyas o bailan zapateados y jaleos. Lo que sigue sin saberse es cómo llegaron a elaborar esas fórmulas expresivas entre las provincias de Sevilla y Cádiz, probablemente desde mucho antes de que salieran de su anonimato...



Título: Luces y sombras del flamenco
Texto: José Caballero Bonald

Fotografías: Colita
Fundación José Manuel Lara

Fotografía de cubierta: Antonio Gades, 1967
Nº Páginas: 340

   


  


 José Manuel Caballero Bonald nació en Jerez de la Frontera en 1926. Su padre era cubano y su madre pertenecía a una rama de la familia del vizconde de Bonald -filósofo tradicionalista francés- radicada en Andalucía desde finales del XIX. Fue profesor de literatura española en la Universidad Nacional de Colombia y en el Bryn Mawr College y trabajó en el Seminario de Lexicografía de la Academia Española. Ha obtenido los premios de poesía Platero, Boscán y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2004 al conjunto de su obra, los de novela Biblioteca Breve, Ateneo y Plaza & Janés. Recibió también en tres ocasiones el Premio Nacional de Crítica, dos como poeta y uno como novelista, y el Premio Pablo Iglesias de Literatura y Premio Andalucía de Letras. Premio Internacional de poesía Federico García Lorca, 2009. premio ABC Cultural & Ámbito Cultural 2010. Premio Cervantes 2012. Autor del Año 2013 por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

 
Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares
Discurso de José Caballero Bonald, Premio Cervantes, 2012 




Colita (Isabel Steva, Barcelona 1940) aprende el oficio de la fotografía de la mano de sus amigos y colegas Oriol Maspons y Xavier Miserachs. En 1963, recopilando archivo de gitanos para la película Los Tarantos de Rovira Beleta, conoce a Carmen Amaya y a Antonio Gades, y realiza sus primeras fotos de flamenco.






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