lunes, 16 de junio de 2014

Libro de poemas. Federico García Lorca (1898 - 1936)


Doménikos Theotokópoulos, (1541 - 1614)
Retrato del cardenal Fernando Niño de Guevara, 1600
The Metropolitan Museum of Art, Nueva York


Pero ¿qué voy a decir yo de la Poesía?¿Qué voy a decir de esas nubes, de ese cielo? Mirar, mirar, mirarlas, mirarle, y nada más. Comprenderás que un poeta no puede decir nada de la Poesía. Eso déjaselo a los críticos y profesores. Pero ni tú ni yo ni ningún poeta sabemos lo que es la Poesía.
Aquí esta: mira.Yo tengo el fuego en mis manos. Yo lo entiendo y trabajo con él perfectamente, pero no puedo hablar de él sin literatura. Yo comprendo todas las poéticas; podría hablar de ellas si no cambiara de opinión, cada cinco minutos. No sé. Puede que algún día me guste la poesía mala muchísimo, como me gusta (nos gusta) hoy la música mala con locura. Quemaré el Partenón por la noche, para empezar a levantarlo por la mañana y no terminarlo nunca.
En mis conferencias he hablado a veces de la Poesía, pero de lo único que no puedo hablar es de mi poesía. Y no porque sea un inconsciente de lo que hago. Al contrario, si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios -o del demonio-, también lo es que lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo, y de darme cuenta en absoluto de lo que es un poema. F.G. Lorca
                                                                                               
 


 Palabras de justificación

Ofrezco en este libro todo ardor juvenil, tortura y ambición sin medida, la imagen exacta de mis días de adolescencia y juventud, esos días que enlazan el instante de hoy con mi misma infancia reciente.
En estas páginas desordenadas va el reflejo fiel de mi corazón y de mis ansias teñido del matiz que le prestara, al poseerlo, la vida palpitante en torno, recién nacida para mi mirada.
Se hermana el nacimiento de cada una de estas poesías que tienes en tus manos, lector, al propio nacer de un brote nuevo del árbol músico de mi vida en flor. Ruindad fuera el menospreciar esta obra que tan enlazada está a mi propia vida.
Sobre su incorrección, sobre su limitación segura, tendrá este libro la virtud, entre otras muchas que yo advierto, de recordarme en todo instante mi infancia apasionada correteando desnuda por las praderas de una vega, sobre un fondo de serranía. (1921)
                                                                                                                                                   

Doménikos Theotokópoulos, (1541 - 1614)
San Jerónimo cardenal, 1610-14
Robert Lehman Collection, 1975
The Metropolitan Museum of Art, Nueva York



Canción primaveral

28 de marzo de 1919, (Granada)
 I

Salen los niños alegres
De la escuela,
Poniendo en el aire tibio
De Abril, canciones tiernas,
¡Qué alegría tiene el hondo
Silencio de la calleja!
Un silencio hecho pedazos
Por risas de plata nueva. 

II

Voy camino de la tarde,
Entre flores de la huerta,
Dejando sobre el camino
El agua de mi tristeza.
En el monte solitario,
Un cementerio de aldea 
Parece un campo sembrado
Con granos de calaveras.
Y han florecido cipreses
Como gigantes cabezas
Que con órbitas vacías
Y verdosas cabelleras
Pensativos y dolientes
El horizonte contemplan.

¡Abril divino, que vienes
Cargado de sol y esencias
Llena con nidos de oro
Las florecidas calaveras!

                                                          Federico García Lorca


 
 
 Cigarra
3 de agosto de 1918.     
(Fuente Vaqueros, Granada) 

¡Cigarra!
Dichosa tú
Que sobre el lecho de tierra
Mueres borracha de luz.

Tú sabes de las campiñas
El secreto de la vida,
Y el cuento del hada vieja
Que nacer hierva sentía
En ti quedóse guardado.

¡Cigarra!
¡Dichosa tú!
Pues mueres bajo la sangre
De un corazón todo azul.
La luz es Dios que desciende,
Y el sol
Brecha por donde se filtra.

¡Cigarra!
¡Dichosa tú!
pues sientes en la agonía
Todo el peso del azul.

Todo lo vivo que pasa
Por las puertas de la muerte
Va con la cabeza baja
Y un aire blanco durmiente.
Con habla de pensamiento
Sin sonidos...
Tristemente,
Cubierto con el silencio
Que es el manto de la muerte.

Mas tú, cigarra encantada,
Derramando són te mueres 
Y quedas transfigurada
En sonido y luz celeste.

¡Cigarra!
¡Dichosa tú!
Pues te envuelve con su manto
El propio Espíritu Santo,
Que es la luz.

¡Cigarra!
Estrella sonora
Sobre los campos dormidos,
Vieja amiga de las ranas
Y de los oscuros grillos,
Tienes sepulcros de oro
En los rayos tremolinos
Del sol que dulce te hiere
En la fuerza del Estío,
Y el sol se lleva tu alma
Para hacerla luz.

Sea mi corazón cigarra
Sobre los campos divinos,
Que muera cantando lento
Por el cielo azul herido
Y cuando esté ya expirando
Una mujer que adivino
Lo derrame con sus manos
por el polvo.

Y mi sangre sobre el campo
Sea rosado y dulce limo
Donde claven sus azadas
Los cansados campesinos.

¡Cigarra!
¡Dichosa tú!
Pues te hieren las espadas invisibles
del azul.

                                  F. G. Lorca


Doménikos Theotokópoulos (1541 / 1614)
El entierro del señor de Orgaz, (1586 / 88)
Iglesia de Santo Tomé, Toledo


 


 


El diamante

Noviembre 1920.(Granada)

El diamante es una estrella
Ha rayado el hondo cielo,
Pájaro de luz que quiere
Escapar del universo
Y huye del enorme nido
Donde estaba prisionero
Sin saber que lleva atada
Una cadena en el cuello.

Cazadores extrahumanos
están cazando luceros,
Cisnes de plata maciza
En el agua del silencio.

Los chopos niños recitan
Su cartilla;es el maestro
Un chopo antiguo que mueve
Tranquilo sus brazos muertos
A la baraja.¡Es tan triste
La vida en el cementerio!

¡Rana, empieza tu cantar!
¡Grillo, sal de tu agujero!
Haced un bosque sonoro
Con vuestras flautas. Yo vuelo
Hacia mi casa intranquilo.

Se agitan en mi cerebro
Dos palomas campesinas
Y en el horizonte,¡lejos!
Se hunde el arcaduz del día.
¡Terrible noria del tiempo!

                                                        García Lorca


Doménikos Theotokópoulos
Adoración de los pastores, 1612
Museo Nacional del Prado, Madrid 



LLUVIA

Enero de 1919 (Granada)

La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
Algo de soñolencia resignada y amable,
Una música humilde se despierta con ella
Que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

Es un besar azul que recibe la Tierra,
El mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
Con una mansedumbre de atardecer constante.

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
Y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
Y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

La nostalgia terrible  de una vida perdida,
El fatal sentimiento de haber nacido tarde,
O la ilusión inquieta de un mañana imposible
Con la inquietud cercana del dolor de la carne. 

El amor se despierta en el gris de su ritmo,
Nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
Pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
Al contemplar las gotas muertas en los cristales.

Y son las gotas: ojos de infinito que miran
Al infinito blanco que les sirvió de madre.

Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
Y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
Lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
Lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
Lluvia buena y pacífica que eres la verdadera,
La que amorosa y triste sobre las cosas caes!

¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
Almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
Las rosas de mi pecho con tus sonidos abre.

El canto primitivo que dices al silencio
Y la historia sonora que cuentas al ramaje
Los comenta llorando mi corazón desierto
En un negro y profundo pentagrama sin clave.

Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
Tristeza resignada de cosa irrealizable,
Tengo en el horizonte un lucero encendido
Y el corazón me impide que corra a contemplarle.

¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
Y eres sobre el piano dulzura emocionante.
Das al alma las mismas nieblas y resonancias
Que pones en el alma dormida del paisaje!  

                                                                   Federico García Lorca 
 


Doménikos Theotokópoulos
La Sagrada Familia con Santa Ana, h.1595.( Detalle)
Hospital de San Juan Bautista, Toledo





Autor: Federico García Lorca
Título: Libro de poemas

Editorial Losada, S.A.
Nº Páginas: 139




 

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