domingo, 22 de junio de 2014

Gabriel Metsu (1629 - 1667). Lara Audenaert


Le corset rouge, 1661-64

Irónicamente considerado durante el siglo XX como un "maestro menor" frente al gran exponente de la pintura holandesa del siglo XVII, Johannes Vermeer, Gabriel Metsu (1629 - 1667) fue en vida un renombrado y caro pintor que conseguiría convertirse rápidamente en una figura de referencia en aquella Edad de Oro del Barroco neerlandés. Todavía en los siglos XVIII y XIX su obra era tenida en enorme estima, incluso atribuyendo a su mano algunas pinturas del maestro de Delf.

 

Su existencia fue breve, pero su carrera comenzó muy pronto, y gracias a ello logró desarrollar un estilo pleno a pesar de su prematura muerte. Hijo de un hombre que se dedicaba también a la pintura, a Metsu de le considera ya pintor cuando a penas contaba 14 ó 15 años, hacia 1644. Cuatro años más tarde aparece registrado como maestro en el Gremio de Pintores de san Lucas, en su ciudad natal, Leiden.

 
Mujer leyendo una carta, 1664-66




Allí inició su carrera, creando obras de gran tamaño y ejecución audaz, algunas centradas en temas religiosos. Un ejemplo de esta etapa es La expulsión de Agar (ca. 1653 - 1654) que muestra el momento en el que el octogenario Abraham echa a la esclava egipcia Agar y al hijo de ambos, Ismael. Según el relato bíblico, el niño había sido concebido después de que la mujer de Abraham, Sara, entregara a su marido aquella esclava para que obtuviera de ella descendencia, al ver que ella misma era incapaz de concebir. No obstante, Sara, también de avanzada edad, quedará en cinta años más tarde y dará a luz a Isaac. Impulsada por los celos, pedirá a su esposo que expulse a Agar y a su primogénito. Metsu convierte esta alegoría del nacimiento del pueblo judío (descendiente de Isaac) y del pueblo musulmán (descendiente de Ismael) en una escena sombría en la que, sin embargo, los personajes parecen danzar destacando la elegante pose de Agar, con su llamativo vestido de un rojo precioso y su rostro de campesina reflejando la desolación. Una tormenta se cierne sobre la escena, de la que participan también dos perros, detalle propio del realismo anecdótico holandés. 


Gabriel Metsu. La expulsión de Agar, 1653-54


Gabriel metsu. Autorretrato del pintor, 1659-62

 
Metsu se mudó a Ámsterdam posiblemente en 1654, seguramente atraído por la prosperidad de la ciudad y su amplio mercado artístico. Allí comienza a ocuparse de las escenas de la vida doméstica y las actividades cotidianas que se desarrollan en la ciudad, inspirándose en Gerard Dou y en Gerard ter Borch. El ajetreo de la urbe se traduce en sus cuadros en imágenes de criadas y mercaderes en su trajín diario, así como en escenas de taberna, de personajes bebiendo y fumando. En 1658, contrajo matrimonio con Isabella de Wolff, quien posó para él como modelo en diversas ocasiones. Aparece retratada, por ejemplo, en Una mujer artista o Le corset rouge, una encantadora escena en la que destaca la espontaneidad del gesto, la mirada entre cohibida y complacida de la posante, sus mejillas quizá teñidas por el rubor, con su rico jubón de terciopelo y pieles, una de sus manos acariciando a un perrillo -un español continental enano- y la otra sosteniendo delicadamente una tabla de dibujo (no se sabe si Isabella de Wolff ejercía alguna actividad artística, pero sí que su madre fue una de las pocas pintoras de la Holanda de su época). Sobre la mesa que está a su lado, la estatua de un niño parece sostener una rama florida, como un amorcillo que bendijera con aquel ramo un amor tierno.
 

Gabriel Metsu. Viejo bebedor, 1657-58

 
G. Metsu. Un panadero soplando su cuerno, 1660-63

En los trabajos de Metsu de la década 1660 se observa un mayor refinamiento, a la vez que un interés creciente en la representación de personajes acaudalados dedicándose a sus pasatiempos: la caza, la música, el amor...En este período abundan imágenes ligeras y deliciosas, delicadas y evocadoras, encantadoramente íntimas o sutilmente festivas.


Gabriel Matseu. Hombre escribiendo una carta, 1664-66

La magnifica Hombre escribiendo una carta, una de las pinturas de Metsu que se hallan entre las obras cumbre de la pintura holandesa. La naturaleza pasional de la epístola es señalada por el cuadro de grueso marco que cuelga en la pared, que representa unas cabras, símbolo de la lujuria, al igual que lo es la paloma que corona el marco dorado.


G. Metsu. Niño enfermo, 1664-66




En niño enfermo, la escena de género parece remitir también a algo más que una simple representación de la vida íntima contemporánea: detrás de la mujer que sostiene al niño doliente cuelga una estampa de la Crucifixión, lo que hace pensar que el motivo se relaciona con la simbología de la Caridad. la combinación cromática es potente: el contraste del rojo, el amarillo y el azul de los ropajes se ve realzado por brillantes acentos en blanco y sublimado por el sutil juego de grises y marrones que los rodean.









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