miércoles, 11 de junio de 2014

Fahrenheit 451. Ray Bradbury (1920 / 2012)



Si os dan papel pautado,
escribid por el otro lado.
  
                                                     Juan Ramón Jiménez       



La estufa y la salamandra

Era un placer quemar.
Era un placer especial ver cosas devoradas, ver cosas ennegrecidas y cambiadas. Empuñando la embocadura de bronce, esgrimiendo la gran pitón que escupía un queroseno venenoso sobre el mundo, sintió que la sangre le golpeaba las sienes, y que las manos, como las de un sorprendente director que ejecuta las sinfonías del fuego y los incendios, revelaban los harapos y las ruinas carbonizadas de la historia. Con el simbólico casco número -451- sobre la estólida cabeza...




-Las aguas de la fe
alguna vez también las costas rodearon
con una clara túnica plegad.
Pero ahora sólo oigo
su largo y melancólico rugido
al retirarse, al hálito
del viento de la noche, desnudando
los tristes y afilados pedruscos de la tierra.

                                                                       
 

Las sillas crujieron bajo las tres mujeres. Montang concluyó:

-Ah, amor, ¡seamos siempre felices!
Pues en el mundo
que parece extenderse ante nosotros
como un país de sueños,
tan diverso, tan nuevo, tan hermoso,
no hay en verdad ninguna luz, alegría o amor,
verdad o paz, o alivio de amarguras.
Y aquí estamos como en un llano oscuro
con alarmas confusas de luchas y de huidas
donde ejércitos ciegos se acometen de noche.

                                                                                       La bahía de Dover
  




Fahrenheit 451: la temperatura a la que el papel se enciende y arde. Guy Montag es un bombero, y el trabajo de un bombero es quemar libros, que están prohibidos porque son causa de discordia y sufrimiento. El Sabueso Mecánico del Departamento de Incendios, armado con una letal inyección hipodérmica, escoltado por helicópteros, está preparado para rastrear a los disidentes que aún conservan y leen libros.
La visión de Bradbury es asombrosamente profética: pantallas de televisión que ocupan paredes y exhiben folletines interactivos; avenidas donde los coches corren a 150 kilómetros por hora persiguiendo peatones; una población que no escucha otra cosa que una insípida corriente de música y noticias transmitidas por unos diminutos auriculares insertados en las orejas. 





Como 1984, de George Orwell, como Un mundo feliz, de Aldous Huxley, Fahrenheit 451 describe una civilización occidental esclavizada por los medios, los tranquilizantes y el conformismo.


 

Ray Bradbury y Margaret Burk


Ray Bradbury nació en Waukegan (Illinois) en 1920 y residió en Los Ángeles desde 1934. Entre novelas, colecciones de cuentos, poemas y obras de teatro, ha publicado un centenar de libros.
En 1964, fundó el teatro Pandemoniun, donde se han representado algunas de sus piezas; desarrolló  una amplia actividad en el mundo del cine y de la televisión, y destacó como guionista en la película de John Huston Moby Dick (1956).
Algunas de sus obras han sido adaptadas en los programas de televisión The Twilight Zone y el Ray Bradbury Theatre. Artista polifacético, creó el escenario del pabellón norteamericano en la Feria Mundial de Nueva York de 1964, y en 1980 colaboró con la firma de arquitectos que proyectó el Westside Pavilion en Los Ángeles y la Horton Plaza en San Diego.
En 1989 fue nombrado Gran Maestro de la SFWA (Asociación de autores de ciencia ficción norteamericanos) y en 1999 recibió el SF Hall of Fame por toda su carrera. Falleció en 2012.


Autor: Ray Bradbury
Título original: Fahrenheit 451

Traducción: Francisco Abelenda
Ediciones Minotauro

Nº Páginas: 220











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