jueves, 19 de junio de 2014

El libro del té. Kakuzo Okakura (1862 - 1913)



(La ceremonia del Té japonesa)


El objetivo del "Libro del Té" de Kakuzo es reflexionar sobre el arte y los artistas. A primera vista puede parecer extraña esta aseveración: un texto sobre la historia y usos de la conocida infusión, ¿qué tiene que ver con el "arte"? En este caso, como en tantos otros, nuestros conceptos resultan a menudo demasiado estrechos para acercarnos a Oriente.
En Japón, el arte va unido indisolublemente a un camino interior. El artista se define no en la obra acabada (una pintura, un vídeo, una danza, unos poemas publicados en un libro) sino en el proceso, en el camino, que es donde se buscan y se hallan las respuestas al perfeccionamiento humano partiendo de lo más profundo se sí mismo. Tiene más que ver con una "dirección vital" que con un conjunto de técnicas o habilidades objetivas.
El arte entendido así se hace depositario de principios, verdades y enseñanzas generales que deben beneficiar tanto al artista como a cualquier persona que experimente sus sensaciones, no buscando necesariamente convencer al experto.
La palabra que resume estas ideas es Do. Casi todos nosotros hemos oído mencionar un buen número de actividades japonesas que contienen la palabra do en su nombre: Budo, Judo, Karate-do...¿pero qué significa exactamente?
La palabra Do es la traducción japonesa de la palabra china Tao, literalmente "Vía", "Sendero" o "Camino" en una acepción similar a la que empleara, salvando las distancias, Teresa de Ávila en su "Camino de perfección". La unidad del Do y la actividad artística indica la misma idea y podríamos definirlo como la "manera", o el "espíritu" con que se aprecia el arte. Es un concepto que ha introducido con extraordinario vigor el Zen, deudor a su vez del Taoísmo chino, en su encuentro de más de mil quinientos años con el pueblo japonés.






"Cuando el té está hecho con agua procedente de los abismos de la mente, cuyo fondo está más allá de toda medida, tenemos realmente lo que se llama Cha no Yu".





Kakuzo Okakura, descendiente de una rancia familia samurai, establecida desde tiempo inmemorial en la provincia de Fukui, hasta que su padre debe abandonar el camino del guerrero para afincarse en la ciudad de Yokohama donde en 1862 nace Kakuzo Okakura. La familia , a pesar de todo, supo sacar partido a la nueva situación prosperando económica y socialmente.Al joven Okakura se le encauza bien temprano en la disciplina de las letras y termina licenciándose en la Universidad de Tokyo y en un Instituto Británico donde se doctora en Filosofía occidental y Literatura Inglesa.
Probablemente hay comienza la profunda contradicción con que Okakura hubo de vivir siempre: por un lado, se despierta en él una profunda admiración hacia la cultura occidental, de la que se demuestra en sus obras un verdadero erudito; por otra, le duele ver cómo, lenta pero inexorablemente, se descomponen bajo la presión de Occidente sus propios rasgos culturales, las viejas artes japonesas.
El hecho no es exclusivo de Japón, ya existen en otros países orientales movimientos estéticos que se organizan para preservar la cultura tradicional.El caso de Rabindranath Tagore en la India sería el paradigma. Okakura se alinea en el mismo bando. En infinidad de artículos y conferencias, denuncia la corrupción de los artistas contemporáneos japoneses, acusándoles de perder su propio criterio en beneficio del gusto occidental. Públicamente se horroriza ante las ventas masivas de casas tradicionales y la construcción imparable de edificios europeos y apartamentos cuya demanda aumenta entre sus compatriotas...
Pero Okakura vivirá siempre a lomos de la contradicción. Cuando Fenollosa, uno se los más prestigiosos catedráticos americanos de Arte, llega a Tokyo en viaje de estudios y reclama un traductor, la historia querrá que sea él quien se le asigne.Okakura le servirá de anfitrión en Japón y juntos emprenderán un viaje a Europa durante el cual surgirán entre ambos profundas diferencias. De regreso a las islas, Fenollosa decide aceptar un puesto como director del Museo de Arte de Boston y el airado Okakura organiza un movimiento de protesta y resistencia activa contra la influencia occidental en el Arte, fundando la Escuela de Arte de Tokyo.
En 1902 visitó a Tagore en la India, reafirmándose en sus ideas proteccionistas para el pensamiento y las formas de vida orientales. Sin embargo, el gobierno japonés le niega poco después financiación para su Escuela y, ¡oh, de nuevo la paradoja! es entonces cuando recibe una invitación desde Boston para hacerse cargo del puesto de director que Fenollosa abandona en el Museo de Arte, donde al fin logra reunir una de las mejores colecciones de arte oriental que pueden contemplarse en el mundo.
En estos años hasta su muerte acaecida en 1913, dedicó sus mayores esfuerzos a escribir y siempre en inglés: entre sus obras más celebradas citaremos The Ideals of the East (1903), The Awakening of Japan (1904), y sobre todo este The Book of Tea que publicó en 1906.J.J. Fuente del Pilar, otoño 1996

                                                                                            



Según el pensamiento neoconfuciano, las leyes cósmicas no se reflejaban en el mundo de los fenómenos, sino que el mundo de los fenómenos constituía las propias leyes cósmicas. Los eones no eran sino instantes que ofrecía el Nirvana constantemente. El ideal taoísta, según el cual la inmortalidad consiste en el cambio eterno, imbuyó todas las mentes. Es el camino, el progreso, el anhelo no la meta, lo único digno de atención en la vida.




I

La copa de la humanidad

Al principio, antes de ser consumido en infusión, el té era una medicina.
No es hasta el siglo VII que China le concede el referente lírico de convertirse en una distracción para los elegantes de la época.
En el siglo XV Japón lo ennoblece, elevando su consumo al rango de una liturgia estética: la Ceremonia del Té (Cha-no-yu)...





En el liquido ámbar que colma la marfileña taza de porcelana, el iniciado podrá saborear la exquisita reserva de Confucio, la ironía de Lao Tsé y la etérea fragancia de Sakyamuni*.
Quienes sean incapaces de sentir en su interior la pequeñez de las grandes cosas, tampoco podrán distinguir ni calibrar en su vida la gran magnitud de las pequeñas...
Confucio y Lao Tsé son dos filósofos chinos del siglo VI; Sakyamuni es el Buda histórico.





La primera referencia escrita conocida en Europa sobre el té, se remonta al diario de un viajero árabe, quien afirma que hacia el año 879 las principales fuentes de ingresos de la ciudad de Cantón eran los impuestos que grababan la sal y el té. Marco Polo narra la destitución de un ministro de Hacienda chino en 1285, a causa de un aumento arbitrario en los impuestos sobre el té. Pero no fue hasta la época de los grandes descubrimientos geográficos que Europa comenzó a estar mejor informada sobre el Extremo Oriente. A finales del siglo XVI los holandeses difundieron la nueva de que en Asia se preparaba una bebida deliciosa con hojas de cierto arbusto...




El té carece de la arrogancia del vino, del individualismo consciente del café y la infantil sonrisa del cacao. Es diferente.




Ya en 1711, decía The Spectator."Deseo dirigir especialmente mis reflexiones a las elegantes familias que cada mañana dedican una hora al té, el pan y la mantequilla, rogándoles ante todo, y por su propio bienestar, que exijan la presencia puntual de este periódico y lo consideren parte integrante del servicio  de té"...
 




Literalmente Tao significa Sendero, pero con frecuencia se traduce como Vía, Camino, lo Absoluto, la Ley, la Naturaleza, la Razón Suprema, La Forma, términos que , por otra parte, también resultan adecuados pues los taoístas conceden a la palabra significados diferentes en función del objeto principal de su búsqueda. Como dice el propio Lao Tsé. "Existe una cosa que lo contiene todo y nació antes que el cielo y la tierra. ¡Cuán silenciosa es!¡Que solitaria!Permanece sola y nunca cambia. Toma siempre de sí misma y es la madre del Universo. Como ignoro su nombre la llamo Sendero. Lleno de dudas la denomino también Infinito. Lo Infinito es Fugitivo, lo Fugitivo es Evanescente, lo Evanescente es Retorno".
El Tao está en el caminar más que en el final del camino. El espíritu del Camino Cósmico, del crecimiento eterno que regresa siempre así mismo para producir nuevas formas...





Definir es siempre limitar: "fijo" e "inalterable" son sólo vocablos que marcan patrones en el movimiento constante del desarrollo humano. Kutsugen decía: "Los sabios mueven el mundo"...

Los historiadores han considerado al taoísmo como "el arte de estar en el mundo", pues la filosofía apunta al presente, esto es, a nosotros mismos. En nosotros, Dios se encuentra con la Naturaleza y ayer es muy distinto de mañana. El presente es infinito en movimiento, conformando la esfera legítima de lo relativo. La relatividad tiende a la adaptación. La adaptación es el arte.
El arte de la vida consiste en una readaptación constante al medio. El taoísta acepta el mundo tal cual es...





Si nos acercamos al budismo zen, comprobamos que profundiza en la filosofía taoísta. La palabra Zen proviene del vocablo sánscrito Dhyana, que significa "meditación". El zen sostiene que, practicando meditación sagrada, se puede alcanzar la realización suprema de uno mismo. la meditación es una de las victorias que conducen al estado de Buda, y los budistas zen aseguran que Sakyamuni, en sus últimos sermones, insistió particularmente acerca de los beneficios de su práctica y que había transmitido las reglas a su discípulo predilecto Mahakasyapa.
Según la tradición Mahakasyapa, el primer patriarca zen, transmitió el secreto a Ananda, y a partir de él, uno tras otro lo fueron recibiendo nuevos elegidos hasta el vigésimo, Bodhidharma, que llegó al norte de China durante la primera mitad del siglo VI y fue el primer patriarca zen chino...

Los primeros sermones zen se atribuyen al sexto patriarca chino,Daikan Eno (638-713), fundador del zen del sur, pues es en esa parte de China donde adquirió predominio. le sigue inmediatamente el gran Baso (709-788) quien convirtió al zen en una influencia viva para el pueblo chino y Hyakujo (719-814), fundador del primer monasterio zen donde estableció las reglas y los ritos monacales...





La realización espiritual de la Ceremonia del Té implica la asunción del ideario zen en lo referente a la grandeza que existe en los detalles mas nimios de la vida. El taoísmo sentó los fundamentos de los ideales estéticos, el zen los puso en práctica...

Los taoístas aseguran que el gran comienzo del No-Ser, Espíritu y Materia establecieron un combate a muerte, del cual derivó la victoria del Emperador Amarillo, el Sol del Cielo, sobre Shuhyung, el Demonio de las Tinieblas y la Tierra. El Titán, en su agonía, golpeó con su cabeza la bóveda celeste haciendo saltar en pedazos la cúpula de Jade Azul. Las estrellas se precipitaron desde sus nidos, la Luna vagó sin rumbo por los abismos desiertos de la oscuridad. Desesperado, el Emperador Amarillo buscó quien reparara los Cielos, y sus esfuerzos dieron fruto: del mar oriental emergió una reina, la divina Niuka, con una corona de cuernos y una cola de dragón refulgentes en su armadura de fuego. Niuka soldó los colores del arco iris en su caldera mágica y rehizo el cielo chino. Aunque también se dice que olvidó tapar dos diminutas oquedades en el firmamento azul. Este descuido da origen a la naturaleza dual del amor: dos almas errabundas a través del espacio que no encontrarán descanso hasta que logren fundirse para completar el Universo. Cada una debe construir, independientemente de la otra, su propio cielo de esperanza y paz.
El cielo armónico de la Humanidad se quebró en la lucha ciclópea entre la riqueza y el poder. El mundo avanza ciego a través de las tinieblas del egoísmo y la vulgaridad. la ciencia se compra con objetivo perversos y se practica la bondad sólo si reporta beneficios. Oriente y Occidente, cual dos dragones agitados por un mar en estado de fermentación, disputan en vano la reconquista de la piedra preciosa de la vida. Precisamos de otra Niuka para reparar el gran desastre. esperamos al gran Avatar*. Mientras tanto, saboreemos una taza de té. La luz de la tarde ilumina las cañas de bambú, las fuentes cantan melodías, el suspiro de los pinos crepita ante la tetera. Permitamos que los sueños se desvanezcan y dejémonos arrastrar por la fascinante sencillez de las cosas.
  *Reencarnación






Autor: Kakuzo Okakura
Título: The Book of Tea (Cha no Yu)
Traducción y Prólogo: José Javier Fuente del Pilar


Ilustración de la portada: "Otoño", de la serie
"Cien famosas vistas de Edo", de Hiroshige (1856 - 1858).



Miraguano Ediciones S.A. Los libros de los malos tiempos Nº Páginas: 121






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