martes, 3 de junio de 2014

Dulce María Loynaz (1902 / 1997) Antología lírica


Pompeya


No quiero, si es posible, que
mi beneficio desaparezca, sino
que viva y dure toda la vida de 
mi amigo.                             
Séneca    


Pompeya



Versos, 1920 - 1938

(1938)

(Selección)



Mi tristeza es suave...

Mi tristeza es suave como un claro de luna:
Ni queja ni temor
has de encontrar en ella nunca.
Mi tristeza es suave como un claro de luna,
como un verde temblor
de agua o de brisa entre los árboles...
Como un temblor de brisa...

(Mi tristeza es suave
que casi se parece a una sonrisa...)

                                                           Dulce María Loynaz              


Vincent van Gogh (1853 / 1890)
Geicha


Lourdes

Esta muchacha está pintada
en un papel de arroz que es transparente
a la luz; ella vuela en su papel
al aire...Vuela con las hojas secas
y con los suspiros perdidos.
Es la muchacha de papel y fuga;
es la leve, la ingrávida
muchacha de papel iluminado,
la de colores de agua...
La que nadie se atrevería
a besar por el miedo de borrarla...

                                         Dulce María Loynaz

 
Jam Adam Kruseman
Retrato de Alida Christina Assink, 1833
Rijksmuseum. Amsterdam 


Balada del amor tardío

Amor que llegas tarde,
tráeme al menos la paz:
Amor de atardecer, ¿por qué extraviado
camino llegas a mi soledad?

Amor que me has buscado sin buscarte,
no sé qué vale más:
la palabra que vas a decirme
o la que yo no digo ya...

Amor...¿No sientes frío? Soy la luna:
Tengo la muerte blanca y la verdad
lejana...-No me des tus rosas frescas;
soy grave para rosas. Dame el mar...

Amor que llegas tarde, no me viste
ayer cuando cantaba en el trigal...
Amor de mi silencio y mi cansancio,
hoy no me hagas llorar.

                                        Dulce María Loynaz  

Edward Robert Hughes (1851 - 1914)


Si me quieres,
quiéreme entera

Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra...
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, y verde, y rubia,
y morena...
Quiéreme día,
quiéreme noche...
¡Y madrugada en la ventana abierta!...

Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda...O no me quieras!

                                            Dulce María Loynaz  


Albert Williams

 
Rosa

Hueles a rosa y se te abre en rosa
toda el alma rosada:
¿De qué rosal celeste desprendida
viniste a rozar, Rosa, mi alma?
Rosa, lento rosario de perfumes...
Rosa tú eres...Y una rosa larga
que durará mañana y después de 
mañana... 

                                      Dulce María Loynaz


Edward Robert Hughes (1851 / 1914)


Desprendimiento

Dulzura de sentirse cada vez más lejano.
Más lejano y más vago...Sin saber si es porque
las cosas se van yendo o es uno el que se va.
Dulzura del olvido como un rocío leve
cayendo en la tiniebla...Dulzura de sentirse 
limpio de toda cosa. Dulzura de elevarse
y ser como la estrella inaccesible y alta,
alumbrando en silencio.
     ¡En silencio, Dios mío!...  

                                                       Dulce María Loynaz

Gustave Leonard de Jonghe (1829 - 1893)


Destrucción

Deshacer en la tierra y en el aire
la bruma de mi cuerpo y de mi alama.
Y todo este temblor ardiente y largo,
y todo este esperar atormentado,
y todo este huracán consciente y vivo...
Un poco más de tierra entre la tierra
y un poco más de aire para el aire

¡Y no ser...y no ser ya para siempre!

                                 Dulce María Loynaz

James Jacques Joseph Tissot


Juegos de agua.
Versos del agua y del amor

(1947)

(Selección) 

  
Mar cercado

 El mar es un jardín azul de flores de
cristal; pero la playa es siempre para
morir. Mí playa de morir tú eres...Son tus
ojos que me cercan, que me rompen la
ola. Y con el mar en los brazos y el 
horizonte abierto, he de morir en ti, playa
gris de tus ojos, fortaleza de un grano y
otro grano, muralla de musgo, escudo de vientos.

                                                Dulce María Loynaz

 

 
Domingo de lluvia

¡Si pudiera ir a ti
por los trémulos hilos de la lluvia,
 pasados uno a uno entre mis dedos...!

Si yo pesara ya tampoco
que pudiera colgarme
de estos flecos de agua
y deslizarme sobre los tejados
y las casas y las tristezas
de los hombre...

¡Y llegar con el corazón mojado
a allí donde tú estás -tibio ...-esperando...

                                                               Dulce María Loynaz

Claude Monet (1840 / 1926)


Actitud

Inclinada estoy  sobre tu vida, como el
sauce sobre el agua.

                                                               Dulce María Loynaz

Italia, 1890


Poemas sin nombre

(1953)

(Selección)


Poema XIX

Las hojas secas...,¿vuelan o se caen?¿O es que en todo
vuelo la tierra queda esperando, y en toda caída hay un
estremecimiento de ala?                                                       

                                                                  Dulce María Loynaz
    

Jozef Israëls (1824 - 1911)


Poema XL

Para que tú no veas las rosas que haces crecer, cubro
mi campo de ceniza...De ceniza parezco toda, yerta y gris
a la distancia; pero, aun así, cuando pasas cerca, tiemblo
de que me delate el jardín, la sofocada fragancia.

                                                      Dulce María Loynaz

Augustus Edwin Mulready (1844 / 1904)

 
(Detalle)   

          

Autora: Dulce María Loynaz
Título: Antología lírica

Introducción: María Asunción Mateo
Maqueta de cubierta: Enric Satué

Editorial: Espasa-Calpe S.A.
(Colección Austral)
Nº Páginas: 261
 



Dulce María Loynaz (1902 - 1997)


Dulce María Loynaz, la "Gran Dama" de las letras cubanas.

Visité a Dulce María en su casa de El Vedado en La Habana, situada en una calle ensombrecida por el plateado verdor de los álamos. Era un atardecer primaveral, casualidad literariamente inevitable tratándose de una poeta. Sin embargo, su jardín no recordaba, en su abandono, florecimiento de primavera alguna, ni conservaba huellas de nadie que lo hubiera paseado. parecía olvidado de lo que fue su ayer, como en un afanoso deseo de borrar cualquier fragancia del pasado y guardar todo el esplendor vivido tras los muros de la hermosa mansión, repleta de recuerdos...

Dulce María cuyo verdadero nombre es María Mercedes, como un latido constante en su poesía ("muchas cosas me dieron en el mundo: sólo es mía la pura soledad"). Tarde inolvidable aquella, durante la cual me habló con su su voz firme y suave -inimitable cuando lee sus propios versos-, de su vida, su infancia, de su quehacer poético, de sus amigos de España a la que tanto ama y a la que estaba segura que ya no iba a regresar nunca. Esa España que visitó por última vez en 1958, en la que se había editado casi toda su obra, de cuya Real Academia de la Lengua es Miembro de Honor y que en 1947 le concedió la Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio, así como el Premio Isabel la Católica de periodismo (1991), y que hoy la recibe de nuevo para ofrecerle el más preciado de sus galardones literarios, el Premio Cervantes de Literatura que, aunque nominada para él en varias ocasiones, en ningún momento ella pensó se le concediera.

La personalidad literaria de dulce maría Loynaz refleja también su personalidad humana, su aparente contradicción entre esa huida del mundo, esa búsqueda del intimismo más puro, de la placidez ("Yo no quisiera ser más que un estanque"), y esa rebelión, ese afán de lucha, de combate, sin duda heredado de su padre, el general, que le da una fuerza inusual para una mujer de su época y de tan frágil aspecto ("Cerraste el camino, / yo seguí de largo; / alzaste una torre, / yo seguí cantando...")

                                                                        María Asunción Mateo





  

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