viernes, 30 de mayo de 2014

Ezra Pound (1885 - 1972) Patria Mía.


Cuando en 1911 Ezra Pound dejó los Estados Unidos lo hizo casi para siempre: sólo regresará después de la Segunda Guerra Mundial, acusado de traición a la patria y colaboración con el fascismo italiano.
cuando llegó a Londres -en agosto- llevaba consigo un ensayo escrito durante el invierno y cuyo tema central era la posibilidad de un renacimiento de las artes en su país. Sin duda alguna el texto había sido escrito a la luz de sus anteriores experiencias en Europa, pues sus breves páginas eran un lamento nacido de la comparación de ambos continentes (...)

 


  En cierto modo Patria Mía es un muestrario de algunos temas que obsesionaron a Pound el resto de su vida, y en este sentido el breve ensayo de una magnífica introducción a sus obras más detalladas y voluminosas. Frases y preocupaciones expuestas aquí reaparecieron más tarde , insertadas en contextos amplificadores de su sentido: la nación norteamericana (con la que Pound mantuvo una relación ambigua, pero siempre apasionada) aparece en los intrincados Cantos sobre el Presidente Adams y en su bizarra cruzada destinada a "salvar la Constitución de los Estados Unidos" (...)

 Sin embargo, la ironía -o la dialéctica- lo convirtió en un renovador de la cultura europea y en un defensor de las más arcaicas tradiciones norteamericanas. Visto así, Patria Mía es el pequeño crisol donde aclaró sus ideas y confundió los elementos de su experiencia cultural.M. L.

                                                                                                       
Estados Unidos, mi país, es casi un continente y, sin embargo, a duras penas logra ser una nación; pues ninguna nación llega a ser considerada históricamente como tal antes de haber construido una ciudad a la que conduzcan todos los caminos, y de la cual emane la autoridad (...)

Habiéndome criado dentro del sistema medieval norteamericano, también veo un signo en las emergentes multitudes de la Séptima Avenida (Nueva York). Una multitud tan pagana como lo fue la de la Roma imperial, ávida, despreocupada, con un vigor animal que no he visto en ninguna población europea (...)

Uno sabe que son los que dominan, y que están en contra de todas las cosas delicadas. Nunca imaginarán bellos placeres. Nunca se sentirán "a contemplar las estrellas", como dijera  Joseph Cambell, el campesino irlandés (...)



              "Y en estos días nuestra política no es sino una rama de los negocios".


 


 ¿Y es Nueva York la ciudad más hermosa del mundo?
No dista mucho de serlo. No hay noches urbanas como las suyas. He contemplado a la ciudad desde la altura de ciertas ventanas. Es cuando los grandes edificios pierden realidad y asumen sus poderes mágicos. Son incorpóreos, es decir que uno no ve sino las ventanas encendidas.
Cuadrado en llamas tras cuadrado en llamas, engastados en el éter. Aquí hay poesía, pues hemos hecho descender a las estrellas (...)





El tipo actual es antes que nada una máscara, su ideal es la caja registradora enchapada en níquel, hacia cuyas virtudes tiende y se esfuerza por llegar.
El primer hombre trato con hombre, el actual trata con papeles. lejos de su negocio es un hombre de "pocas comodidades" y falto de conversación. 





El patriotismo del artista, casi el único deber cívico que le es permitido, exige que su obra libre a la nación del bochorno que significa atravesar una situación ridícula ante los ojos del mundo(...)

 


Nuestra situación puramente colonial generó a Irving y a Hawthorne. Allí la tradición era el inglés impoluto, y para nosotros teníamos a Whitman, "El Reflejo", quien dejó en nuestras manos un documento humano, pues un hombre no puede ser llamado artista hasta haberse mostrado capaz de mesura, hasta haber demostrado de cierta manera que controla las fuerzas que se abaten sobre él (...)




He dejado de creer en las utopías. O este mundo es una especie de incubadora en la cual somos empollados para nacer a otra realidad mejor o peor, o no lo es. en todo caso, el planeta parece conservar una temperatura promedio de estupidez, tiranía, intemperancia y holgazanería; y esto produce una especie de alegría parcial y convulsa para aquellos a quienes les gusta. Y parecería que este estado de cosas subsiste debido a cierto equilibrio de temperamentos. Es probable que una utopía sólo sería satisfactoria para la minoría más enérgica de la especie. Sin embargo, aunque nos hayan sido negadas la armonía y la perfección, aún podemos realizar una serie de mejoras. Está bien decir que Erasmo señaló las locuras de la guerra antes de que lo hiciera el señor Shaw, y que una especie estúpida continúa utilizando mosquetes. Pero también es innegable que algunas de las locuras diagnosticadas por Erasmo han sido, desde aquel tiempo, corregidas.
Probablemente sea cierto que no escapamos de las tiranías, sino que pasamos de tiranías obvias a tiranías más sutiles (...)

 

Es lamentablemente cierto que las facultades y universidades hablan de democracia e incuban snobismo, y que se inclinan hacia un mezquino monopolio (...)



Autor: Ezra Pound
Título original: Patria Mía

traducción: Mirko Lauer
Turquet Editor

Nº Páginas: 75
Fotografía de cubierta: Ugo Mulas 
 


 
Ezra Pound (1885 / 1972)



Ezra Pound envió Patria mía en 1913 a su amigo y editor, Ralph Fletcher Seymour, quien empezó en seguida a preparar la edición del libro. Debido a una reorganización interna en el despacho del editor, se extravió el manuscrito. Se revolvió en vano todo lo que podía revolverse en un despacho de editor. Pero el manuscrito no resucitó de entre viejos papeles hasta 1950 cuando, por fin pudo publicarse.
Patria mía es un comentario intuitivo sobre el estancamiento cultural de Norteamérica en la primera mitad del siglo XX. El europeo que se sobrepuso siempre al norteamericano Pound es el que se detiene a examinar su patria de origen y, más que su patria, Nueva York, que levanta sus edificios como Florencia levanta sus torres, símbolo de poder; Nueva York, donde ya la velocidad, la técnica, la improvisación y el dinero dominan; Nueva York , donde aún el arte es cosa de locos.
No hay que olvidar que en esta época Pound vivía hace tiempo ya en Ingaterra, donde, al trabajar con W.B.Yeats en una antología de poemas descubrió a James Joyce. Estaba sumergido en el renacimiento de las artes en Europa.






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