lunes, 26 de mayo de 2014

Poesía urgente. Gabriel Celaya (1911 - 1991)



"Todos piensan en cambiar el mundo, pero
nadie piensa en cambiarse a si mismo".

                                                                        Alexéi Tolstói    

 



Buenos Días
 
Son las diez de la mañana.
He desayunado  con jugo de naranja,
me he vestido de blanco
y me he ido a pasear y a no hacer nada,
hablando por hablar,
pensando sin pensar, feliz, salvado.

¡Qué revuelo de alegría!
¡Hola tamarindo!,
¿qué te traes hoy con la brisa?
¡Hola, jilguerillo!
Buenos días, buenos días.
Anuncia con tu canto qué sencilla es la dicha.

Respiro despacio, muy despacio,
pensando con delicia lo que hago,
sintiéndome vivaz en cada fibra,
en la célula explosiva,
en el extremo del más leve cabello.
¡Buenos días, buenos días!

Lo inmediato me exalta. Yo no soy yo y existo
y el mundo externo existe,
y es hermoso, y es sencillo.
¡Eh, tú, gusanito! También hablo contigo.
¡Buenos días, buenos días!
También tú eres real. Por real te glorío.

Saludo la blancura
que ha inventado el gladiolo sin saber lo que hacia.
Saludo la desnuda
vibración de los álamos delgados.
Saludo al gran azul como una explosión quieta.
Saludo, muerto el yo, la vida nueva.

Estoy entre los árboles mirando
la mañana, la dicha, la increíble evidencia.
¿dónde esta el secreto
¡Totalidad hermosa! 
Por los otros, en otros, para todos, vacío,
sonrío suspensivo.

Me avergüenza pensar cuanto he mimado
mis penas personales, mi vida de fantasma,
mi terco corazón sobresaltado,
cuando miro esta gloria breve y pura, presente.
Hoy quiero ser un canto,
un canto levantado más allá de mi mismo.

¡Cómo tiemblan las hojas pequeñitas y nuevas,
las hojitas verdes, las hojitas locas!
De una en una se cuentan
un secreto que luego será amplitud de fronda.
Nadie es nadie: Un murmullo
corre de boca en boca.

Cuando canta un poeta como cantan las hojas,
no es un hombre quien habla.
Cuando canta un poeta no se expresa a sí mismo.
Más que humano es su gozo,
y en él se manifiesta cuanto calla.
Comprended lo que digo si digo buenos días.

                                                              Gabriel Celaya


                                      Edward Atkinson Hornel (1864 - 1933)                


 "Te voy a comunicar una sentencia    
sagrada y misteriosa: No hay nada    
superior al hombre".            

Del Mokshadharma del Dahabharata.
                 
      

Edward Atkinson Hornel

       
A Pablo Neruda

Te escribo desde un puerto.
La mar salvaje llora.
Salvaje y triste, y solo te escribo abandonado.
Las olas funerales redoblan el vacío.
Los megáfonos llaman llaman a través de la niebla.
La pálida corola de la lluvia me envuelve.
Te escribo desolado.

El alma a toda orquesta,
la pena a todo trapo,
te escribo desde un puerto con un gemido largo.
¡Ay focos encendidos en los muelles sin gente!
¡Ay viento con harapos de música arrastrada,
campanas sumergidas y gargantas de musgo!
Te escribo derrotado.

Soy un hombre perdido.
Soy mortal. Soy cualquiera.
Recuerdo la ceniza de tu rostro de nardo,
el peso de tu cuerpo, tus pasos fatigosos,
tu luto acumulado, tu montaña de acedia,
tu carne macilenta colgando en la butaca,
tus años carcelarios.

Caliente y sudorosa,
obscena, y triste, y blanda,
la butaca conserva, femenina, aquel asco:
La pesadumbre bruta, la pena sexual, dulce,
las manchas amarillas con su propio olor acre,
esa huella indecente de un hombre que se entrega,
lo impúdico: Tu llanto.

Viviendo, yendo, oyendo,
sucediéndote a ciegas,
lamiendo tus heridas reptabas por un fango
de dulces linfas gordas, de larvas pululantes,
letargos vegetales y muertes que fecundan.
Seguías, te seguías sin vergüenza, viviendo,
¡oh blando y desalmado!

Tú, cínico, remoto,
dulce, irónico, triste;
tú, solo en tu elemento, distante y desvelado.
No era piedad la anchura difusa en que flotabas
con tu sonrisa ambigua. Fluías torpemente,
pasivo, indiferente, cansado como el mundo,
sin un yo, desarmado.

Estaciones, transcursos,
circunstancias confusas,
oceánicos hastíos, relojes careados,
eléctricos espartos, posos inconfesables,
naufragios musicales, materias espumosas
y noches que tiritan de estrellas imparciales,
te hicieron más que humano.

Así todo se funde.
Los objetos no objetan.
Liso brilla lo inmenso bajo un azul parado
y en las plumas sedantes la luz del mundo escapa,
sonríe, tú sonríes, remoto, indiferente,
bestial, grotesco, triste, cruel, fatal, adorado
como un ídolo arcaico.

Sin intención, sin nombre,
sin voluntad ni orgullo,
promiscuo, sucio, amable, canalla, nivelado,
capaz de darte a todo, común, diseminabas
podrido las semillas amargas que revientan
en la explosión brillante de un día sin memoria.
No eras ni alto ni bajo.

La doble ala del fénix:
Furor melancolía,
el temblor luminoso de la espira absorbente,
la lluvia consentida que duerme en los pianos,
las canciones gangosas lentamente amasadas,
los ojos de paloma sexuales y difuntos,
cargas opacas, pactos.

Caricias o perezas,
extensiones absortas
en donde a veces somos tan tercamente abstractos
y otras veces los pelos fosforecen sexuales,
y fría, dulce, ansiosa, la lisa piel de siempre,
serpiente, silba, sorbe y envuelve en sus anillos
un triste cuerpo amado. 

No hay clavo último ardiendo,
no hay centro diamantino,
no hay dignidad posible cuando uno ha visto tanto
y está triste, está triste, sencillamente triste,
se entrega atribulado y en lo efímero sabe
ser otro con los otros, de los otros, en otros:
Seguir, seguir flotando.

¡Oh inmemorial, oh amigo
amorfo, indiferente!
deslizándote denso de plasmas milenarios,
tardío, legamoso de vidas maceradas,
cubierto de amapolas nocturnas, indolente,
por tu anchura sin ojos, ni limites, acuosa,
te creía acabado.

Mas hoy vuelves; proclamas,
constructor, la alegría;
te desprendes del caos; determinas tus actos
con voluntad terrena y aliento floral, joven.
Ni más ni menos que hombre, levantas tu estatura,
recorres paso a paso tu más acá, lo afirmas,
llenas tu propio espacio.

Los jóvenes obreros,
los hombres materiales,
la gloria colectiva del mundo del trabajo
resuenan en tu pecho cavado por los siglos.
Los primeros motores, las fuerzas matinales,
la explotación consciente de una nueva esperanza ordenan hoy tu canto.

Contra tu propia pena,
venciéndote a ti mismo,
apagando, olvidando tú sabes cuánto y cuánto,
cuánta nostalgia lenta con cola de gran lujo,
cuán triste sustancia cotidiana amasada
con sudor y costumbre de pelos, lluvias, muertes,
escuchas un mandato. 

Y animas la confianza
que en ti quizás no existe;
te callas tus cansancios de liquen resbalado;
te impones la alegría como un deber heroico.
¿Por las madres que esperan, por los hombres que aún ríen.
debemos de ponernos más allá del que somos,
sirviéndolos, matarnos!

Con rayos o herramientas,
con iras prometeicas,
con astucia e insistencia, con crueldad y trabajo,
con la vida en un puño que golpea la hueca
cultura de una Europa que acaricia sus muertos,
con todo corazón que, valiente, aún insiste,
del polvo nos alzamos. 

Cantemos la promesa,
quizá tan sólo un niño,
unos ojos que miran hacia el mundo asombrados
mas no interrogan; claros, sin reservas, admiran
¡Por ellos combatimos y a veces somos duros!
¡Bastaría que un niño cualquiera así aprobara
para justificarnos!

Te escribo desde un puerto,
desde una costa rota,
desde un país sin dientes, ni párpados, ni llanto.
Te escribo con sus muertos. Te escribo por los vivos,
por todos los que aguantan y aún luchan duramente.
Poca alegría queda ya en esta España nuestra.
Mas ya ves, esperamos. 

                                                              Gabriel Celaya

                                                                                  
Edward Atkinson Hornel


Cualquier cosa que hagamos
se carga de sentido.          
  G. Celaya  

Edward Atkinson Hornel

Somos seres vulgares y
a un tiempo extraordinarios.

G. Celaya



Señor Excelentísimo, mi llanto    
ya no consiente márgenes ni orillas:
inundación será la de mi canto.  

Quevedo

Charles Burton Barber

"La duda es un gusano miserable"  

Schiller

Charles Burton Barber (1845 - 1894)


España en Marcha

Nosotros somos quien somos.
¿Basta de Historia y de cuentos!
¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos.

Ni vivimos del pasado,
ni damos cuerda al recuerdo.
Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos.

Somos el ser que se crece.
Somos un río derecho.
Somos el golpe temible de un corazón no resuelto.

Somos bárbaros, sencillos.
Somos a muerte lo ibero
que aún nunca logró mostrarse puro, entero y verdadero.

De cuanto fue nos nutrimos,
transformándonos crecemos
y así somos quienes somos golpe a golpe y muerto a muerto.

¡A la calle!, que ya es hora
de pasearnos a cuerpo
y mostrar que , pues vivimos, anunciamos algo nuevo.

No reniego de mi origen
pero digo que seremos
mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo.

Españoles con futuro
y españoles que , por serlo,
aunque encarnan lo pasado no pueden darlo por bueno.

Recuerdo nuestros errores
con mala saña y buen viento.
Ira y luz, padre de España, vuelvo a arrancarte del sueño.

Vuelvo a decirte quién eres.
Vuelvo a pensarte, suspenso.
Vuelvo a luchar como importa y a empezar por lo que empiezo. 

No quiero justificarte
como haría un leguleyo.
Quisiera ser un poeta y escribir tu primer verso.

España mía, combate
que atormentas mis adentros, 
para salvarme y salvarte, con amor te deletreo.

                                                     Gabriel Celaya


Charles Burton Barber


La poesía es un arma
cargada de futuro

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades;
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades:

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica, qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: Poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunte al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: Lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.

                                                               GABRIEL CELAYA
  
Charles Burton Barber (1845 - 1894)


Nota


Bajo el título Poesía directa se recogen en la primera parte de este volumen catorce poemas extraídos de los libros Las cartas boca arriba (1951), Paz y concierto (1953) y Cantos iberos (1955). A esto se añade como segunda parte la cantata Lo demás es silencio (1951) y como tercera, Vías de agua: un largo recitativo inédito escrito en los años 1956-57 (...)

En 1951, como prólogo a una selección de poemas para la Antología consultada, escribí entre otras cosas: "La poesía no es un fin en sí. La Poesía es un instrumento entre otros para transformar el mundo". Lo dije con pleno conocimiento, pero en aquella época aún no me daba cuenta de todo lo que esto implicaba, aunque era evidente (...)

Pero sería ilusorio confiar sólo en los recursos literarios. Para salvar la poesía, como para salvar cuanto somos, lo que hay que transformar es la sociedad. Y a esto debemos consagrarnos con todo y, por de pronto, sí damos en poetas, con la poesía como arma cargada de futuro. Gabriel Celaya

                                                                

Autor: Gabriel Celaya
Título: Poesía urgente

Nota: Gabriel Celaya
Editorial Losada S.A.
Nº Páginas: 181






Rafael Gabriel Juan Múgica Celaya (1911 - 1991)


En la poesía de Celaya relampaguea el arrebato, la ira, la imprecación, el desgarramiento del dolor; pero el ímpetu de su verbo nos ofrece al mismo tiempo remansos en que brota incontenible la esperanza.
Este doble timbre de su apremiante voz sorprende, vulnera y conforta y cuaja en un tono de urgente diálogo. Celaya es una delas figuras más brillantes de esa generación española del 36, tan abundante en valores frustrados y tan dramática en su encrucijada vital.
Nació en Hernani (Guipuzcoa) en 1911, cursó el bachillerato en San Sebastian y la carrera de ingeniero industrial en Madrid. Para su formación intelectual fueron decisivos los años que vivió en la célebre Residencia de Estudiantes de la calle del Pinar, la "colina de los chopos" de Juan Ramón Jiménez. En 1935 publicó su primer libro: Marea del silencio, y al año siguiente obtuvo el Premio del Centenario Bécquer.
Después se encerró en un total silencio que se prolonga diez años. Pero a partir de 1946 empieza a desplegar una gran actividad: da conferencias, colabora en la prensa y las revistas de poesía, en unión con Amparo Gastón funda la colección de poesía Norte, que en tres años edita una veintena de libros, traduce obras de Rilke, Rimbaud, Eluard etc...y publica numerosos libros.





No hay comentarios:

Publicar un comentario