viernes, 4 de abril de 2014

Sonetos espirituales. Juan Ramón Jiménez (1881 - 1958)



Sonetos Espirituales


Primavera

Abril, sin tu asistencia clara, fuera
invierno de caídos esplendores;
mas aunque abril no te abra a ti sus flores,
tú siempre  exaltarás la primavera.

Eres la primavera verdadera;
rosa de los caminos interiores,
brisa de los secretos corredores,
lumbre de la recóndita ladera.

¡Qué paz, cuando en la tarde misteriosa,
abrazados los dos, sea tu risa
el surtidor de nuestra sola fuente!

Mi corazón recojerá tu rosa,
sobre mis ojos se echará tu brisa,
tu luz se dormirá sobre mi frente...




Para quererte, al destino
le he puesto mi corazón.
¡Ya no podrás libertarte
-¡ya no podré libertarme!-
de lo fatal de este amor!

No lo pienso, no lo sientes;
yo y tú somos ya tú y yo,
como el mar y como el cielo
cielo y mar, sin querer, son.





Cual la brisa, recuerdas
al viento;
al mar, como el arroyo,
recuerdas;
cual la vida, recuerdas
al cielo,
recuerdas, cual la muerte,
la tierra. 





Coje, cada día nuevo,
tu alma de lo que viene
tras de ti. ¡Siempre rocío
a la hoja siempre verde! 


 

 
Soledad, te soy fiel.
Espérame en el último
rincón de aquél jardín con luna grande,
donde soñamos tanto, juntos.

Yo dejaré por ti al amor
sin mí; yo te daré, temblando, en un nocturno
abrazo de pasión y palidez,
con mis tesoros puros, ricos para ti,
el hastío de los tesoros suyos.





Ocaso de entretiempo

Eres, dulce
paisaje,
igual que una mujer
que va a acostarse, un poco
cansada, por la tarde.

Se le ha salido el alma hacia la noche
y es forma de su cuerpo -niebla suave-,
y, alejada, en los oros interiores
de su mente, la demostrada carne,
se le ven los colores, por el sueño,
fuertes aún en la pálida ternura
en que está ya de su sencillo desnudarse.

Rosa fresco, puro celeste, malva
amable,
lo mismo
que tu ocaso paisaje.
    




Nací en Moguer- Andalucía- la noche de Navidad de 1881. Mi padre era castellano y tenía los ojos azules; mi madre es andaluza y tiene los ojos negros. La blanca maravilla de mi pueblo guardó mi infancia en una casa vieja de grandes salones y verdes patios. De estos dulces años recuerdo bien que jugaba muy poco y que era gran amigo de la soledad; las solemnidades, las visitas, las iglesias me daban miedo. Mi mayor placer era hacer campitos y pasearme en el jardín, por las tardes, cuando volvía de la escuela y el cielo estaba rosa y lleno de aviones.- Los once años entraron, de luto, en el colegio que tienen los jesuitas en el Puerto de Santa María; fui tristón, porque ya dejaba atrás algún sentimentalismo: la ventana por donde veía llover sobre el jardín, mi bosque, el sol poniente de mi calle. El colegio estaba sobre el mar y rodeado de grandes parques; cerca de mi dormitorio había una ventana que daba a la playa y por donde, las noches de primavera, se veía el cielo profundo y dormido sobre el agua, y Cádiz, a lo lejos, con la luz triste de su faro.- Al salir del colegio hubo algo feliz en mi vida: es que el Amor aparece en mi camino...Juan Ramón Jiménez
                                                   






Autor: Juan Ramón Jiménez

Títulos: Sonetos espirituales / Estío / Diario de un poeta reciencasado / Eternidades /  Piedra
            
Recopilación y Prólogo: Agustín Caballero

Editorial: Aguilar, S.A. de Ediciones

Edición: 1957

Nº Páginas: 1441 

 





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