domingo, 27 de abril de 2014

Hongos de Yuggoth y otros poemas fantásticos. H.P. Lovecraft (1890 - 1937)



Hongos de Yuggoth

 


I. El libro


El lugar era oscuro y polvoriento, un rincón perdido
en un laberinto de viejas callejuelas junto a los muelles,
que olían a cosas extrañas traídas de ultramar,
entre curiosos jirones de niebla que el viento del Oeste
dispersaba.                                                             
Unos cristales romboidales, velados por el humo y la
escarcha,                                                                
dejaban a penas ver los montones de libros, como árboles
retorcidos                                                              
pudriéndose del suelo al techo...ventisqueros
de un saber antiguo que se desmoronaba a precio de saldo.

Entré, hechizado, y de un montón cubierto de telarañas
cogí el volumen más a mano y lo hojeé al azar,
temblando al leer raras palabras que parecían guardar
algún secreto, monstruoso para quien lo descubriera.
Después, buscando algún viejo vendedor taimado,
sólo encontré el eco de una risa.                     





II. Persecución


Llevaba el libro apretado bajo el abrigo,
escondiéndolo como podía en semejante lugar,
mientras apretaba el paso por las viejas calles del puerto
volviendo con recelo la cabeza a cada instante.
Ventanas sombrías y furtivas de tambaleantes casas de
ladrillo
espiaban extrañamente mi paso apresurado,
y al pensar en lo que cobijaban ansié violentamente
una visión redentora de puro cielo azul.

Nadie me había visto cogerlo... y sin embargo
una risa hueca seguía resonando en mi aturdida cabeza,
dejándome adivinar qué mundos nocturnos de maldad
acechaban en aquel volumen que había codiciado.
El camino se me hacia extraño, los muros demenciales...
y a mi espalda, en la distancia, se oían pasos invisibles. 





IV. Reconocimiento


Había vuelto el día en que de niño
vi -una sola vez- aquella hondonada cubierta de viejos robles
grises por la bruma que sube del suelo y envuelve y ahoga
las formas abortadas que la locura ha profanado.
Volvía a verlo: la hierba tupida y salvaje
ciñendo un altar cuyos signos tallados invocan
a Aquel Que No Tiene Nombre, hacia quien ascienden
mil humaredas, eones emanados, desde altas torres impuras.

Vi el cuerpo tendido sobre aquella piedra húmeda
y supe que aquellas cosas celebrantes no eran hombres;
supe que aquel extraño mundo gris no era el mío,
sino el de Yuggoth, más allá de los abismos estelares...
Y entonces el cuerpo me lanzó un grito de agonía
¡y supe demasiado tarde que era yo! 



 

VII. La colina de Zamán


La colina se alzaba junto al viejo pueblo,
una mole contra el final de la calle mayor;
verde, alta y boscosa, dominaba sombríamente
el campanario del recodo de la carretera.
Doscientos años antes corrían rumores
sobre lo que ocurría en aquella ladera evitada por el
hombre...                                                      
Historias de ciervos o pájaros extrañamente mutilados
o de niños perdidos cuyos padres habían abandonado
toda esperanza.                                           

Un día el cartero no encontró el pueblo donde solía
y nadie volvió a ver a sus habitantes ni sus casas;
la gente venía de Aylesbury y se quedaba mirando...
pero todos decían al cartero que a buen seguro
estaba loco por contar que había alcanzado a ver
los ojos glotones de la gran colina y sus fauces abiertas de
par en par.  
                                                    




XIII. Hesperia


La puesta de sol invernal, refulgiendo tras las agujas
y las agujas medio desprendidas de esta esfera sombría,
abre grandes puertas a algún año olvidado
de antiguos esplendores y deseos divinos.
Futuras maravillas arden en aquellos fuegos
cargados de aventura y sin sombra de temor;
una hilera de esfinges indica el camino
entre trémulos muros y torreones hacia liras lejanas.

Es la tierra donde florece el sentido de la belleza,
donde todo recuerdo inexplicado tiene su fuente,
donde el gran río del Tiempo inicia su curso descendiendo
por el vasto vacío en sueños de horas iluminadas por las
 estrellas.
Los sueños nos acercan...pero un saber antiguo
repite que el pie humano no ha hollado jamás estas calles.





XXXII. Alineación


Su carne material nunca se había alejado,
pues cada aurora le encontraba en su lugar habitual,
pero su espíritu amaba vagar cada noche
por abismos y mundos distantes del día ordinario.
había visto Yaddith y conservado empero el juicio,
había vuelto indemne de la región ghoórica,
hasta que una noche tranquila atravesó el curvo espacio
aquella llamada apremiante que venía del espacio exterior.

Por la mañana despertó convertido en un anciano,
y desde entonces nada ha vuelto a parecerle igual.
Los objetos flotan a su alrededor, nebulosos e indistintos,
como fantasmas engañosos que ejecutan un plan más vasto.
Su familia y amigos son ahora una multitud extraña
a la que lucha en vano por pertenecer.





Poemas Fantásticos
 



Madre tierra


Una noche, paseando, descendí por el talud
de un valle profundo, húmedo y silencioso,
cuyo aire estancado exhalaba un tufo de podredumbre
y una frialdad que me hacían sentir enfermo y débil.
Los árboles numerosos a cada lado
se cernían como una banda espectral de trasgos,
y las ramas contra el cielo menguante
tomaban formas que me daban miedo, sin saber por qué.
Seguí avanzando y parecía buscar 
alguna cosa perdida como la alegría o la esperanza,
pero pese a todos mis esfuerzos no pude encontrar
más que los fantasmas de la desesperación.
Los taludes se estrechaban cada vez más,
hasta que pronto, privado de la luna y las estrellas,
me vi comprimido en una grieta rocosa
tan vieja y profunda que la piedra
respiraba cosas primitivas y desconocidas.
Mis manos, explorando, intentaban rastrear
los rasgos del rostro de aquél valle,
hasta que entre el musgo parecieron encontrar
un perfil espantoso para mi mente.
Ninguna forma que forzando mis ojos
hubiera podido ver, habría reconocido;
pues lo que tocaba hablaba de un tiempo
demasiado remoto para el paso fugaz del hombre.
Los líquenes colgantes, húmedos y canosos,
me impedían leer la antigua historia;
pero un agua oculta, goteando tenuamente,
me susurraba cosas que no habría debido saber. 
"Mortal, efímero, osado,
por piedad guarda para ti lo que cuento,
pero piensa a veces en lo que ha sido,
y en las escenas que han visto estas rocas desmoronadas;
en conciencia ya viejas antes de que tu débil progenie
apareciese en una magnitud menor,
y en seres vivientes que todavía alientan
aunque no parezcan vivos a los humanos.
Yo soy la voz de la madre tierra,
de la que nacen todos los horrores". 

  


 El horror de Yule

Hay nieve en el campo
y los valles están helados,
y una profunda medianoche
se cierne sombría sobre el mundo;
pero una luz entrevista en las cumbres
revela festines profundos y antiguos.

Hay muerte en las nubes,
hay miedo en la noche,
pues los muertos en las mortajas
celebran la puesta de sol,
y entonan cantos salvajes en los bosques mientras danzan
en torno al altar de Yule, fungoso y blanco.

Un viento que no es de este mundo
recorre el bosque de robles,
cuyas mórbidas ramas se ahogan
en una maraña de delirante muérdago,
porque estos son los poderes de las tinieblas, que perviven
en las tumbas de la raza perdida de los Druidas.

                                                                                      Diciembre, 1926







Algo sobre H.P..L

La noche del 16 de marzo de 1970 una curiosa procesión formada por unos 150 estudiantes y encabezada por tres profesores recorrió el barrio de College Hill, en Providence, portando antorchas y linternas, en un homenaje local póstumo, a los 33 años de su muerte, al oscuro prisionero de Rhode Island, H.P.Lovecraft. Finalmente el cortejo se detuvo junto a la Casa Apartada, residencia en vida del homenajeado, y se procedió a la lectura de Fungi from Yuggoth, en un ceremonial que habría hecho las delicias de su autor (...)

Su abuelo, Whipple Phillips, aficionado desde joven a los relatos de horror de la literatura gótica, al descubrir que su nieto mostraba interés por ese tipo de historias, le entretenía con cuentos inventados sobre "bosques tenebrosos, cuevas insondables, horrores alados...viejas brujas con siniestros calderos" y le hablaba de "profundos y sonoros gemidos" (...)

Lovecraft aprendió a leer a los tres años y pronto se convirtió en un insaciable devorador de libros. Empezó leyendo los Cuentos de Grimm, y a los cinco años se empapó de la atmósfera de las mil y una noches, leída en una edición juvenil, hasta tal punto que se pasaba el día jugando a ser árabe; le pidió a su madre que le decorara la habitación con tapices y lámparas de incienso, y acabó por proclamarse musulmán (...)

Pronto su avidez por la lectura le llevó a descubrir la mitología clásica. "A los siete u ocho años yo era un auténtico pagano, embriagado con la belleza de Grecia que alcancé una semicreencia en los viejos dioses y los espíritus naturales. Llegué a construir, literalmente, altares a Pan, Apolo y a Atenea y a vigilar los bosques y campos en el atardecer, con la esperanza de sorprender a las dríades y a los sátiros" (...)

El 2 de marzo de 1937, aquejado de fuertes trastornos intestinales, se decidió a ir a un especialista, que le confirmó sus sospechas: cáncer. Falleció en la madrugada del 15 de marzo a los 47 años (...)

En nuestros días H.P.L. comparte -junto a su admirado Poe- la gloria de estar entre los inmortales de la literatura fantástica (...)




 Autor: H.P.Lovecraft
Título original: Fungi from Yuggoth

Traducción: Juan Antonio Santos y Sonia Tribaldos
Ilustración cubierta: Beksinski (sin título, 1979)

Editorial: Valdemar (Enokia S.L.)
Nº Páginas: 161






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