lunes, 7 de abril de 2014

Darío de Regoyos y Valdés (1857 - 1913)


Darío de Regoyos. Pancorbo, 1901


Daniel Vázquez Díaz. Retrato de Darío de Regoyos, 1909


Museo Thyssen-Bornemisza
Paseo del Prado, 8
Madrid
 
Organizada con ocasión del centenario de su fallecimiento, esta exposición presenta una amplia retrospectiva de la trayectoria artística de Darío de Regoyos (Ribadesella, Asturias 1857 - Barcelona 1913) principal representante español del impresionismo, con más de cien obras que muestran las diversas formas de expresión, los intereses temáticos y la evolución estética de toda su carrera. La originalidad cromática y la audaz representación de los fenómenos lumínicos y atmosféricos hacen de los paisajes de Regoyos uno de los episodios  más innovadores del panorama artístico español del momento.



Darío de Regoyos pintando en una calle de Durango, 1908


Darío de Regoyos


Regoyos, humano, lírico y crepuscular


A Regoyos se le ha llamado "pintor franciscano" porque, tierno y melancólico, poseía un alma lírica, prendada de naturaleza, a la que se acercó siempre con humildad y con amor, nunca con retóricas.
Paisajista de veta brava, enamorado de España, a pesar del dolor que sintió por ella, también se le ha llamado lunático romántico, aunque nunca prescindió de lo visible, de lo real, que versificó como profundo poeta de lo insignificante.
Fue, ciertamente, la inocencia hecha pintura, captador de luces y de tonos, hipersensible a las cosas y a los hombres, que plasma en sus paisajes, llenos de alma.
Superador de la pintura tradicional, se le suele adscribir a las corrientes impresionistas europeas, pero las superó a todas con su singular espíritu que sublima lo estrictamente colorista, para hacer aflorar el alma allí donde los demás la aniquilaban.
Enorme colorista, captó el sol y las sombras violetas con una paleta donde se ignoraban los negros, en busca constante de nuevas exaltaciones cromáticas. Amó sobre todo, la luz del norte, sus suaves paisajes de frescos y húmedos verdes, y los pintorescos rincones de los puertos cántabros.Joaquín de la Puente

                                                                          
Darío de Regoyos


Darío de Regoyos y Valdés, hijo del arquitecto e ingeniero industrial don Darío de Regoyos Molenillo, natural de Cabezón de Pisuerga (Valladolid), y de doña Benita Valdés y Sieres, natural del puerto de Gijón, nació en Ribadesella (Asturias) el día 1 de noviembre de 1857, ciudad en la que la familia residía temporalmente por razón de trabajo de su padre.
Algunos años más tarde éste se trasladó definitivamente a Madrid, donde llevó a cabo la urbanización de los barrios de Pozas y Argüelles.



Darío de Regoyos. Mercado de Dax


En esta ciudad es donde Regoyos pasó parte de su infancia y toda la adolescencia, una adolescencia marcada por la creciente afición a la música y a la pintura, y por la resistencia a los deseos de su padre de hacerle seguir estudios universitarios con el fin de que fuera algún día arquitecto como el. No hay que olvidar que por esos años su padre era conocido y apreciado profesionalmente y había sido nombrado académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y diputado provincial de Madrid.


Darío de Regoyos. vida y obras


Darío de Regoyos estudió en Madrid con Carlos de Haes y en Bruselas, a donde se trasladó en 1879, con Joseph Quinaux. Con ambos maestros descubrió que el paisaje, género por entonces poco apreciado, era lo que más le interesaba como pintor. Su aprendizaje se enriqueció en contacto con los artistas belgas y franceses más renovadores del momento, entre otros, sus amigos Ensor, Van Rysselberghe, Pissarro, Seurat y Signc, o el norteamericano Whistler. Mantuvo, además, una estrecha relación artística y familiar con el País Vasco, y desempeñó un papel fundamental en la modernización de la pintura vasca en el cambio de siglo.
 
 
 
Regoyos. Théo Rysselberghe, 1882



Regoyos. Paisaje de Hernani, 1900


Viajó por Europa y la geografía española en busca de motivos pictóricos, pues trabajaba directamente del natural captando los fenómenos atmosféricos mientras se producían. Por eso en su obra abundan los formatos pequeños y medianos, más fáciles de transportar. Pintaba sin rapidez y sin bocetos previos ni arrepentimientos.


Darío de Regoyos. El puente del arenal, 1910


Darío de Regoyos. Efectos de luz, 1881

Primeros años

Hasta los años finales del siglo Regoyos compaginó sus estancias de trabajo en Bélgica y España. En Bruselas se vinculó a dos de los grupos artísticos más avanzados., L'Essor (El vuelo) y Les XX, y se dejó seducir por una pintura en ocasiones algo sombría, pero siempre interesada por los efectos lumínicos. Por influencia de sus amigos belgas, en muchas obras va a utilizar la espátula en lugar del pincel para aplicar la pintura sobre el lienzo. En la primera sala se incluyen además dos autorretratos y algunos retratos realizados a sus amigos, como Guitarrista. Retrato del pintor español Darío de Regoyos (1882), de Théo van Rysselberghe que muestran el lado más humano del artista.
 

Darío de Regoyos. La Concha, nocturno (1906)

Este espléndido nocturno de La Concha de San Sebastián, recoge el ambiente de un anochecer, en el que las personas dialogan y el mar tranquilo es solamente perturbado por un barco de paseo. Su composición de luces y sombras le dan una luminosidad al primer plano perfecta y en el que asoma un trozo de arboleda para indicarnos la cusa de esas sombras y dan un tono verde al conjunto de colores que abarca el azul, pasando por el malva al amarillo. El centrado del cuadro es perfecto y lo consigue mediante una sucesión de líneas oblicuas. Fue expuesto en las Galerías Dalmau de Barcelona, en 1913 y en las salas del Museo de Arte Moderno de Madrid, en 1921.


Regoyos. Catedral de Burgos por la mañana, 1906

España negra

En 1888 recorrió España con el poeta Émile Verhaeren, quién a su regreso a Bélgica publicaría en una revista las impresiones del viaje. Diez años después, los artículos fueron traducidos e ilustrados por Regoyos xilografías, dando como resultado el conocido libro España negra. El pintor dedicó numerosos óleos, pasteles, acuarelas y dibujos a este mismo tema, que hasta comienzos de siglo alternó con la producción de paisajes luminosos y de técnica impresionista. Victimas de la fiesta (1894) y Viernes Santo en Castilla (1904) son, con su crudo simbolismo, obras paradigmáticas de este momento. 
 



Divisionismo

En 1887 se interesó por el neoimpresionismo o divisionismo, tras conocer en París y Bruselas sus primeras formulaciones de la mano de Seurat, Signac y Pissarro. Las redes (1893) es una obra maestra de este periodo, que fue breve.


Darío de Regoyos. Paisaje nocturno nevado Haarlem, 1886


Darío de Regoyos. Camino de los neveros, 1911

 

Impresionismo

"El impresionismo es un infinito capaz de renovarse siempre, al ser el reflejo de ese otro infinito -la naturaleza- que se transforma constantemente".Darío de Regoyos
                                                                                 






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