jueves, 6 de marzo de 2014

Bucólicas. Virgilio (15 oct. de 70 a.C., / 21 sep. de 19 a. C., Italia)


Paul Cézanne (1839-1906)
Melibeo

TÍTIRO, tú, bajo el cielo de esta haya tendida acostado
con la finísima flauta de las Musas del bosque convocas.
Yo he de dejar los surcaños del pueblo y sus dulces labrados, 
yo ya la patria la pierdo; tú, Tíntiro, lento a la sombra
vas enseñando a cantar tu Amarílide linda a los bosques.


Théophile Steinlen (1859-1923)
Títiro

Ah Melibeo, esta paz es un dios quien me la ha regalado.
Que para mi será siempre un dios aquel hombre: el hato
no ha de faltarle cordero que tiña lechal sus altares.
Él me dejó -ya lo ves- a las vacas vagar a su suelta
y que en la rústica caña yo enhebre los aires que quiera.


Eugéne Delacroix (1798 / 1863)
Melibeo

No, no me pesa tu bien, mas no acierto a entenderlo, pues anda
todo el campo revuelto. Ve aquí que yo mismo las cabras 
voy con dolor conduciendo; y aún esta la llevo a la rastra:
entre el cerrado avellano de echar dos mellizos me viene
¡ay! y en la piedra pelada dejó la ilusión del rebaño.
Más de una vez este mal (bien avieso andaría el sentido)
me lo anunciaba -hoy lo veo- la encina tocada del cielo.
Bah, pero en fin...y ese dios quién es él, vamos, Títiro, dime.


Vincent van Gogh (1853 - 1890)

El poeta Virgilio , cuya voz encontró acomodo desde muy pronto entre sus contemporáneos, y su presencia en las artes y en la literatura ha sido durante siglos fructuosa y constante hasta prácticamente nuestros días. Dante, Petrarca, Boccaccio, Sannazaro, Juan de Encina, Garcilaso, Fernando de Herrera, Fray Luis, Lope son algunos de los nombres de la literatura tras los cuales alienta Virgilio. Y muy especialmente las Bucólicas.
Estos cantares de pastores, escritos a imitación de los Idilios siracusanos de Teócrito, los fue haciendo Virgilio entre los años 42 y 39 antes de Cristo, cuando rondaba sus treinta años de edad. No era, pues, un poeta joven, ni un poeta primerizo, ni era tampoco un poeta desconocido.
Cuenta Suetonio que los poemas, que fueron apareciendo en Roma de uno en uno a lo largo de esos años, eran representados frecuentemente por los cantores en el teatro. Llegó a formarse incluso un grupo de seguidores entorno al poeta que se llamaban así mismos árcades.
Virgilio aprende los pequeños cuadros de Teócrito y escribe desde el orgullo de la imitatio, una actitud literaria que no les resta ni originalidad ni mérito a sus creaciones.J.M.R.T

                                                                                    
Théophile Steinlen (1859 / 1923)



Autor: Virgilio
Título: P. Vergili Maronis Bvcolica

Traducción: Juan Manuel Rodríguez Tobal
Edición: Bilingüe



Editorial: Ediciones Hiperión S. L.
Nº Páginas: 119




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