lunes, 3 de febrero de 2014

La forja de un ladrón. Francisco Umbral (1932-2007)



La forja de un ladrón

 España, ese misero país de los años cuarenta, era buena fragua para el latrocinio, Al calor de su sol de horno, cara al sol y tardes de toros, y golpe a golpe, con el hambre dentro martilleando como se trabaja el metal sobre el yunque, y la única luz, imposible y lejana, del cine, cegadora entre el negro fascista del NODO, lo que allí se forjaba era un millar de ladrones, un millar de millares de herederos del pícaro, nuestro más genuino héroe.
 
 Aquí se cuenta la forja de uno de estos héroes, de un héroe, entiéndase bien, a la callada, de los que no gustan de meter ruido; acaso lo contrario de un héroe. El día que decidió ser ladrón el protagonista de esta historia llevaba ya mucho cine a cuestas.



 Ante la pantalla había aprendido a ser ambicioso, y a no resignarse a esa realidad suya de cada día, tan sin prestigio, tan de sopa de ajo. Tras los pinitos del estraperlo, hasta sus mañanas en la oficina de reaseguros, el ladrón adolescente se enlaberinta por las calles del crimen, en un intenso aprendizaje del oficio de robar, que en su caso -niño de posguerra, escasez y miedo-, es oficio de existir.

 Con ese estilo tan suyo que nos hace enorgullecernos de nuestra tradición, la que va de Quevedo a el mismo pasando por Valle-Inclán, Francisco Umbral ha recreado una vez más el escenario de sus primeros años, el real y los imaginarios gracias al celuloide, para representar ahí  la forja de un ladrón, una estupenda farsa y licencia castiza.



Glorificar el culto de las imágenes    
(mi grande, mi única, mi definitiva pasión)
     Baudelaire    



Titulo: La forja de un ladrón.
 (Premio de Novela Fernando Lara 1997
Autor: Francisco Umbra
Editorial: Planeta 










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