domingo, 23 de febrero de 2014

Cézanne (1839 - 1906)




Fundación Colección Thyssen-Bornemisza
Paseo del Prado,8. Madrid
 
 
Bodegón con cortina, 1895

La vida del solitario Paul Cézanne no padece altibajos. Conoce en el colegio Bourbon de Aix-en Provence a Émile Zola, va a París a estudiar pintura, no es aceptado en los salones oficiales, expone en 1863 en el Salón de los Rechazados y, tras morir su padre y cobrar una herencia de 200.000 francos, se retira de nuevo a Aix a seguir con su práctica de pintura. De su relación con Hortense Fiquet tiene un hijo, Paul, pero prefiere vivir solo. Cézanne se molesta incluso si alguien le roza. Lo suyo fue la soledad del corredor de fondo.
 

Bañistas, 1880

Si Jean Dominique Ingres es el gran pintor de la primera mitad del siglo XIX, este siglo se cierra bajo la influencia de Paul Cézanne. Maurice Denice presenta una obra en el Salón de los Independientes de 1901 con el título Homenaje a Cézanne. En ella están todos sus compañeros contemplando una naturaleza muerta de Cézanne que perteneció a Paul Gauguin. Cézanne, en su carrera de fondo y en su magisterio, fue un pintor de pintores. No sólo Gauguin poseía una obra de este artista, también lo hicieron Henry Matisse, Pablo Picasso, Maurice Denis o Henry Moore, que compró un óleo con el tema de Bañistas.


El jarrón azul, 1889. Musée d'Orsay, París


"Hoy quería hablarle un poco de Cézanne. En lo tocante al trabajo, según afirma, vivió como un bohémien hasta los cuarenta años. Sólo después, de conocer a Pissarro, tomó gusto al trabajo. Pero entonces hasta el extremo de pasarse los últimos treinta años de su vida sin hacer otra cosa que trabajar. En realidad sin alegría, al parecer; con una rabia incesante, en conflicto con todas y cada una de sus obras, porque ninguna de ellas le parecía llegar a lo que él pensaba que era lo más indispensable.Denominaba a esto la réalisation, y la hallaba en los "venecianos" que había visto y vuelto a ver en el Louvre y que apreciaba incondicionalmente. Lo convincente, el convertirse en algo. La realidad sublimada hasta tornarse indestructible a través de la propia experiencia del objeto, esto era lo que le parecía la finalidad más íntima de su trabajo; viejo, estropeado, consumido cada tarde hasta el espasmo por la regular labor cotidiana (hasta el punto de irse muchas veces a dormir a las seis, al anochecer,  después de una cena despachada distraídamente), furioso, desconfiado, escarnecido cada vez que se dirigía a su taller objeto de burla maltrato...



Naturaleza muerta con manzanas y naranjas, 1899
París, Musée d'Orsay


Esperaba un día alcanzar ese logro que percibía como lo único esencial. De este modo (...) había exacerbado las dificultades de su labor de la manera más obstinada...iba de acá para allá por su estudio, que tenía la luz equivocada, dado que el maestro de obras no había considerado necesario hacer caso a ese viejo extravagante al que en Aix todos estaban de acuerdo en tomar en serio. Iba de acá para allá por el estudio, en el que había manzanas verdes esparcidas, o se sentaba desesperado en el jardín y allí se quedaba. Y delante de él se extendía la pequeña ciudad, ignorante, con su catedral, una ciudad para ciudadanos de bien y discretos, mientras él, como había previsto su padre, que era sombrerero, se había convertido en otra cosa, en un bohémien (...) 



Botella, garrafa, jarro y limones, 1902 - 1906
Acuarela sobre papel
Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid


Quería contarle todo esto porque en cien aspectos tiene que ver con muchas cosas que nos rodean y con nosotros mismos. 
Fuera llueve increíblemente, como antes. Adiós...mañana hablaré otra vez de mí. Pero tú sabes sin duda cuánto lo he hecho hoy también..."
Así escribía el poeta Rainer María Rilke a su mujer, la escultora Clara Westhoff, el 9 de octubre de 1907 desde París, tras una intensa visita a la gran retrospectiva que el Salón de otoño dedica a Paul Cézanne un año después de su desaparición. 


El aparador, 1877 - 1879
Óleo sobre lienzo
Szépmüvészeti Müzeum, Budapest 


En 1969, el artista Robert  Smithson propuso una nueva interpretación de la obra de Paul Cézanne (1839 - 19069. Para Smithson, la pintura de Cézanne había sido tergiversada por los cubistas, reduciéndola a un juego de formas casi abstracto. Frente a esa simplificación formalista, Smithson subraya la necesidad de recobrar la referencia física en la obra del pintor, su fuerte vinculación con ciertos lugares del territorio provenzal. 
El subtitulo de la exposición, site/non-site, evoca una pareja de conceptos forjada por Smithson en su propia creación, planteando la dialéctica entre el trabajo al aire libre y el estudio. Esta dialéctica se refleja a su vez en la relación entre paisaje y naturaleza muerta. En la obra de Cézanne, el paisaje es el género dominante, identificado (como en sus compañeros impresionistas) con la práctica de la pintura al aire libre.


El muchacho del chaleco rojo (detalle), 1888 - 1889
Zurich, Fundación Bührle


Pero, a diferencia de los impresionistas, Cézanne cultivará ambos géneros pictóricos a lo largo de toda su carrera y establecerá una íntima conexión entre ellos, introduciendo en sus bodegones elementos paisajísticos y, recíprocamente, llevando a sus paisajes el orden de la naturaleza muerta.


Retrato de un campesino
Óleo sobre lienzo
Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid


1. Retrato de un desconocido

La primera sección de la exposición consta de un solo cuadro: el Retrato de un campesino, de la colección Thyssen-Bornemisza, uno de los últimos lienzos en que trabajó Cézanne antes de su muerte. El hombre, cuya identidad no se conoce, no tiene rostro. Su cara se ha quedado sin definir, como si el pintor esperase llenar el hueco más adelante. ¿Estamos ante un verdadero retrato, o es que la identidad individual del personaje ya no importa? Sabemos que Cézanne, cuando le faltaba uno de los modelos, posaba a veces él mismo ante el espejo. ¿Se trata en realidad de un autorretrato indirecto?
 


Tiene las torpezas y las imperfecciones de un verdadero primitivo.

                                                  G. Lecomte
                                  en La Revue d'Art, 1899
 



Un colorista revelador (...) que contribuyó más que Manet al movimiento impresionista, un artista de retinas enfermas, que, en su exasperada percepción visual, descubrió los pródromos de un arte nuevo: en tales términos se puede sintetizar al demasiado olvidado Cézanne.

                               J.K.Huysmans
                                Certains, 1889 




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