domingo, 26 de enero de 2014

Velázquez y la familia de Felipe IV.




A través de treinta obras, esta exposición muestra la actividad de Velázquez como artista real durante los últimos once años de su vida, y la manera como sus sucesores Juan Bautista Martínez del Mazo y Juan Carreño renovaron el género tras su muerte. Las tres décadas que abarca constituye uno de los momentos cumbres de la historia del retrato cortesano español, tanto por su alta calidad pictórica como por sus novedades iconográficas.

Además de su valor artístico, estas obras poseían una naturaleza utilitaria, que propiciaba su repetición. Mediante varias obras de carácter derivativo, se ha querido subrayar ese aspecto y propiciar la comparación con los originales.





De Roma a Madrid

En 1650 Velázquez triunfó en la corte papal con retratos caracterizados por una notable franqueza comunicativa. Esta sección muestra cuatro de ellos, y permite compararlos con las efigies de Felipe IV que realizó tras su vuelta en 1651, en las que recuperó la sobriedad formal y la distancia emotiva que habían predominado en sus representaciones de la familia real.


Las dos primas

La reina Mariana y la infanta María Teresa, además de madrastra e hijastra eran primas, y sus edades parecidas. Retratarlas fue una de las primeras tareas a las que tuvo que dedicarse Velázquez a su vuelta de Italia. Con ellas se inaugura una época en su carrera caracterizada por el predominio de los modelos femeninos y por la invasión del mundo textil, en forma de vistosos trajes, alfombras o cortinas. Respondió a los nuevos retos ampliando la gama cromática, haciendo más densa la materia pictórica y utilizando una pincelada a la vez libre y asombrosamente certera.


 


La infanta Margarita

La exposición permite asistir al desarrollo de la infanta Margarita desde 1654, cuando tenía tres años, hasta 1666 cuando marchó a Viena para casarse con el emperador. Fue el modelo más frecuente de los últimos años de Velázquez, quién la retrató en al menos cuatro ocasiones, incluida Las meninas. Forman, junto con Felipe Próspero, un capítulo esencial de la historia del retrato infantil.
  
Las meninas

 Aunque sigue presidiendo la sala XII del museo, Las meninas forman parte fundamental de la exposición, pues se trata de un gran retrato colectivo, y una imagen única para conocer la composición de la Corte y el juego de jerarquías en el que estaba basado el protocolo cortesano. Con su complejidad esta obra constituye también una reivindicación del género del retrato, y de la posición de su autor en la estructura palaciega.




Mazo y Carreño: Continuidad
y renovación

La historia del retrato cortesano español no se vio interrumpida tras la muerte de Velázquez. Su yerno Martínez del Mazo, y Juan Carreño, supieron renovar las fórmulas y adaptarlas a las nuevas situaciones políticas. Tomaron como punto de partida Las meninas, con su audaz incorporación del espacio cortesano al espacio del retrato. 


Una historia circular

La exposición muestra tanto la vitalidad extraordinaria del retrato cortesano en esos años, como su carácter especular. Por eso, acaba con los retratos de Carlos II y Mariana de Carreño (Col.Harrach): el primero supone un paso extraordinario en la representación del poder real; y el segundo un homenaje a Velázquez y a su retrato de la misma reina, que aquí aparece "traducido" al gris.



Inocencio X, 1650.
Diego Velázquez
The Wellington Museum-Apsley House. Londres


 


El retrato del Papa

Desde 1640 Velázquez sentía cierta nostalgia por el ambiente artistico italiano. Por fin, en 1649 pudo volver a a él con un encargo oficial. Llegó a Génova en febrero de 1649 y de allí marchó a Venecia, donde al parecer adquirió numerosos cuadros de Tiziano, Tintoretto y Veronese.
En Roma fue acogido como un gran maestro. Si en su primer viaje era un perfecto desconocido, ahora los italianos le veían -según consta en documentos- como un caballero noble, un notable artista y un gran señor. En esta ciudad realizó casi una docena de retratos, entre los que hay que destacar el del Papa Inocencio X, el de su ayudante Juan de Pareja, que hoy se encuentra en el Museo Metropolitano de Nueva York, y los de personajes del circulo papal, como los cardenales Astalli y Massimi, y Olimpia Pamphili, cuñada del pontifice. El retrato de Inocencio X es una obra cumbre de la penetración psicológica, que el pintor realizó sin concesiones.


                           Fotografía: Gorka Lejarcegi


El Papa quiso pagar el cuadro a Velázquez, pero éste rechazó el dinero, pues no se consideraba un artista a sueldo, sino un servidor del rey de España. El pintor fue adquiriendo también obras para las Sala Octogonal, y el resultado de estos esfuerzos sería el embrión de lo que hoy es el Museo del Prado.
Mientras tanto, el rey se impacientaba por su prolongada estancia en Italia y le hizo saber a través de diversas misivas que esperaba su pronto regreso a la Corte.
En 1650 salió por fin hacia Génova, desde donde embarcó rumbo a España. En la primavera del año siguiente  Diego Velázquez estaba de nuevo en Madrid. 


Camilo Massimo, 1658
(Cardenal en Roma miembro de la corte papal)
Óleo sobre lienzo 73,6 X 58,5 cm.
Kingston Lacy Dorset
Diego Velázquez
 


Felipe IV (1655-60)
Óleo sobre lienzo (69 X 56 cm.
Diego Velázquez
Museo Nacional del Prado. Madrid



Este es quizá uno de los retratos del rey que recoge más fielmente el aspecto humano. En atuendo sobrio, Velázquez ha captado la abulia y el cansancio de un monarca que ya ha entrado en la cincuentena y que dista de su imagen juvenil donjuanesca. Despojado aquí de la pompa de la corona, aparece con una simple golilla, en actitud serena y próxima. El rostro alargado y pálidose corta con el perfil de las guías del bigote.
Es el retrato de un hombre y no el del primer personaje de la Corte. Un decreto transfirió este cuadro a la Academia de San Fernando en 1816, de donde pasó al cabo de once años al Museo del Prado.




El príncipe Felipe Próspero, 1659
Diego velázquez
Kunsthistorisches Museum Germäldegalerie, Viena. 



 


La infanta Margarita, en azul y oro, 1659.
Diego Velázquez
Kunsthistorisches Museum, Gemäldegalerie, Viena



La infanta Margarita de Austria, 1660
Óleo sobre lienzo 209 X 147 cm.
Diego Velázquez
Museo Nacional del Prado, Madrid


Aunque este cuadro se tuvo durante varios años por retrato de la infanta María Teresa, se trata en realidad del de la infanta Margarita de Austria, hija mayor del segundo matrimonio del rey Felipe IV. La infanta nació poco después del regreso del pintor de su segundo viaje a Italia, se casó a los quince años, en 1666 con el emperador Leopoldo I  de Alemania, que era su tío y su primo; tuvo seis hijos y falleció a los veintidós años.


La infanta María Teresa (1653)
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Metropolitan Museum of Art. The Jules Bache Collection



Las meninas, o la familia de Felipe IV (1656)
Diego Velázquez






Árbol genealógico de los componentes de la familia de Felipe IV representados en la exposición de Velázquez.

                






Pierre-Adrien Soller







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