viernes, 24 de enero de 2014

Roma en el bolsillo.


Cuadernos de dibujo y aprendizaje
 artístico en el siglo XVIII

Roma en el bolsillo
 

Museo del Prado

15.10.2013
19.01.2014

Las pensiones en Roma fueron uno de los proyectos más importantes de la Academia de San Fernando de Madrid a mediados  del siglo XVIII, que a semejanza de la Academia francesa, consideraba la estancia en la ciudad de los jóvenes artistas un paso ineludible  en la formación. Fruto de este planteamiento fue el envío en 1758 de un grupo de ocho jóvenes artistas y arquitectos de los que se han conservado los cuadernos romanos de cinco de ellos -Domingo Álvarez Enciso, Antonio Primo, Domingo Antonio Lois, Mariano Salvador Maella y José del Castillo, en el caso de este último tres volúmenes- lo que constituye un conjunto excepcional que permite comprender los intereses y el modo de trabajo durante su estancia.
Además del cuaderno de Maella y los de Castillo, el Museo del Prado conserva de Francisco de Goya, que aunque un poco posterior, unido a los anteriores articula el discurso de esta muestra. Además se incluyen taccuini de artistas europeos que en esta segunda mitad del siglo también estuvieron en Roma, como Angelika Kauffmann, Joshua Reynolds, Edme Bouchandon o Carlo Spiridione Mariotti.




Los cuadernos, por su reducido tamaño, eran el medio adecuado para llevar de viaje e ir anotando todo aquello de interés, ya se tratase de las obras indicadas por sus directores o bien las descubiertas por su propia mirada.
Entre las instrucciones que dieron a los pensionados españoles se indicaba que "traerán siempre consigo libros de memoria en que apuntar las obras más dignas que encuentren en los templos, palacios, jardines, y fuentes, y los adornos antiguos y modernos donde quiera que los hallen".Su análisis permite deducir que el estudio de la Antigüedad y de las obras de arte del Renacimiento y el Barroco fueron puntos de referencia obligados. En todos ellos encontramos copias de edificios, pinturas, esculturas y elementos decorativos que inciden en su carácter de obra de aprendizaje, entremezcladas con apuntes de la realidad cotidiana vista en el devenir del paseo o el viaje.



 Francisco de Goya. Academia, figura velada,
de perfil, con cesto sobre la cabeza. Gato,h.1771
Cuaderno italiano,p.7. Madrid. Museo del Prado 


Además estos cuadernos revelan el carácter más íntimo del artista y sus preocupaciones e intereses en un momento crucial de su carrera. Al pasar sus páginas descubrimos su personalidad a través de la representación ordenada o desordenada de aquello que le interesa y de su modo de dibujar, más o menos cuidadoso dependiendo del objeto y del momento. Pero también incluyen a veces comentarios que nos suministran una preciosa información sobre su vida.



 Domingo Antonio Lois Monteagudo.
Crátera con relieve alegórico de la Villa Borghese, h.1759-64.
Libro de varios adornos,fol.56. 
Biblioteca Nacional de España. Madrid. 



El contexto académico de estos cuadernos se desarrolla en la exposición con una serie de obras que complementan la actividad de los artistas en Roma. En primer lugar un extraordinario panorama de la ciudad en el que destacan los lugares que visitaban los pensionados, junto a guías de viajes que estuvieron a su alcance. junto a estas obras se exponen diversos libros y documentos de archivo que ayudan a trazar visualmente la historia de estas pensiones y que explican cómo se gestionaron.


José del Castillo.
Alegoria de las Artes, 1762.
Cuaderno italiano I, p.3
Museo Nacional del Prado. Madrid.


Finalmente se muestra una selección de los dibujos de los discípulos españoles de esta generación realizados en la Academia del Nudo, fundada por el Papa Benedicto XIV en el Campidoglio, en la que los jóvenes copiaban modelos del natural. Estas academias fueron remitidas a Madrid para comprobar el progreso artístico de sus autores y seguir de modelo a los más jóvenes. Sus tipologías revelan los objetivos de estas sesiones: estudiar el cuerpo humano a partir de un modelo que en unos casos imitaba las obras de la Antigüedad o de los maestros modernos, y en otros estudiaba el esfuerzo, la tensión y el movimiento.
Como conclusión, el espectador podrá comprender que con estas becas, los jóvenes artistas españoles, por primera vez en su historia, se instruyeron de forma similar al resto de jóvenes europeos.


 


















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