martes, 28 de enero de 2014

Las Furias.



Museo Nacional del Prado
Paseo del Prado S/N


Las Furias
Alegoría política y desafío artístico

21 enero - 04 mayo 2014

 

Edificio Jerónimos, Salas A y B. Planta baja.


  

Ticio, 1532
Miguel Ángel Buonarroti
The Royal Collection, Londres
 

En España se conocieron como Furias a cuatro moradores del Hades greco-latino, al que habían sido condenados por haber desafiado a los dioses: Ticio, cuyo hígado devoraba un buitre por intentar violar a una amante de Zeus; Tántalo, castigado a procurarse en vano alimento por servir a su hijo de festín a los dioses, Sísifo, condenado a portar una enorme piedra por haber delatado las infidelidades de Zeus, e Ixión, castigado a dar vueltas sin fin en una rueda por querer seducir a Hera. Pese a su origen clásico, las Furias irrumpen como conjunto de la historia del arte en 1548, cuando María de Hungría solicitó a Tiziano para su palacio de Binche cuatro lienzos con estos personajes, identificados con los príncipes alemanes que se habían alzado contra su hermano el emperador Carlos V y a quienes éste había derrotado un año antes en Mühlberg.



Salvador Rosa
Prometeo h. 1640
Roma. Galleria Nazionale d'Arte
Antica di Palazzo Corsini


Las furias disfrutaron de notable fortuna en los 120 años posteriores, durante los cuales asumieron otros significados además del político inicial. Desde fines del siglo XVI se consideró un asunto idóneo para ilustrar la dificultad máxima en el arte (eran enormes figuras desnudas en complicados escorzos), y representar el dolor extremo. Esto último explica la popularidad de las Furias en el Barroco, cuando se convirtieron en vehículo privilegiado para visualizar la estética del horror que se extendía entonces por Europa; una estética que había hecho del horror un fin en sí mismo, y no una estrategia para trasmitir un mensaje.
Todas estas circunstancias hicieron de las Furias una temática de prestigio, razón por la cual fueron elegidas por importantes artistas para demostrar su talento. Hacia 1680, sin embargo empezaron a dar síntomas de agotamiento y, tras 1700, fueron reemplazadas por otros temas que permitían a los pintores planteamientos similares.


Giovanni Battista Langetti
El castigo de Ixión, 1663
Museo de Arte Ponce, Puerto Rico


Las Furias ofrecen múltiples lecturas. En primer lugar, son un instrumento idóneo para profundizar en la recepción de la Antigüedad en el Renacimiento y el Barroco, así como el intercambio de artistas, obras e ideas entre distintas partes de Europa. De hecho, probablemente sea el único asunto mitológico en cuya concepción y desarrollo se dio un excepcional y fascinante equilibrio entre las aportaciones de artistas y patronos de ambos lados de los Alpes. Las Furias plantean además dos nociones teóricas de gran relevancia; de un lado, la sucesión de obras obviamente relacionadas unas con otras invita a pensar sobre los conceptos de imitación, emulación y originalidad; de otro se impone reflexionar sobre por qué ciertas formas adquieren un significado que se transmite de generación en generación.


 Tiziano
Ticio, h.1560-65
Madrid. Museo Nacional del Prado


La vigencia de estas pathosformeln viene simbolizada en la exposición por el Laocoonte, en su doble condición de exemplum artis y exemplum doloris tras su exhumación en Roma en 1506.
Estas y otras cuestiones son tratadas a través de 28 obras en distintos soportes firmadas por algunos de los grandes artistas de los siglos XVI y XVII y distribuidas en cinco secciones.
La primera trata sobre Miguel Ángel, autor de un Ticio que constituye el único precedente iconográfico del conjunto encargado por María de Hungría a Tiziano, a quienes está dedicada la segunda sección. La tercera se centra en Haarlem y Amberes en el quicio de los siglos XVI y XVII, pues fue allí donde las Furias tuvieron una recepción más temprana. La cuarta sección ilustra el "retorno" de las Furias a Italia, el papel desempeñado por flamencos y holandeses en tal proceso, y la importancia de Nápoles como "capital" barroca de las Furias y de  Ribera como su máximo representante. La quinta y última sección visualiza cómo el tema se diseminó por Italia, hasta finalizar en Venecia con Langetti y los tenebrosi, cerrando así un imaginario círculo iniciado más de un siglo atrás por Tiziano.


José de Ribera
Ixión, 1632
Madrid. Museo Nacional del Prado








Nos acompaña un genio de la pintura universal Albrecht Dürer, ocupado en su taller pintando su autorretrato.



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