domingo, 3 de noviembre de 2013

"Historias Sagradas".




Luis de Madrazo. Entierro de Santa Cecilia en las Catacumbas de Roma, 1852

"Tres veces descargó el verdugo, con fuerza, su espada sobre el cuello de Cecilia sin lograr que su cabeza se desprendiera del cuerpo, y como las leyes del Imperio prohibían que a los condenados a muerte por el sistema de decapitación no se les dieran más de tres tajos, no pudo procederse a realizar un cuarto intento, por lo cual la santa salió de aquella horrible carnicería medio muerta y medio viva, y así estuvo durante tres días que aprovechó para distribuir todos sus bienes entre los pobres y para rogar a Urbano que cuidase de las personas que ella había logrado convertir a la Fe (...). San Urbano enterró el cuerpo de la santa en el mismo lugar en el que estaban sepultados los obispos; y, cumpliendo los deseos de la mártir, consagró la que había sido su casa y la convirtió en templo." (Jacobo de Vorágine, La leyenda dorada, cap. CLXIX)

Alejo Vera. Entierro de San Lorenzo en las Catacumbas de Roma, 1862

"Y cuando era el primer crepúsculo del dos de los idus de agosto, fue Hipólito, que por las maravillas del beato Lorenzo había creído y recibido el bautismo, con el sacerdote Justino, y recogieron el cuerpo y lo envolvieron en un lienzo con aromas y lo transportaron a la casa de la viuda Ciriaca en la vía Tiburtina, donde muchos sacerdotes y muchos cristianos perseguidos se reunían, y le dieron sepultura en una cripta que había en la huerta de la casa, después de ofrecer Justino el sacrifico de alabanza del que participaron la viuda Ciriaca, la cristiana Flavia e Hipólito, y de derramar muchas lágrimas sobre su santo cuerpo." (Actas de los mártires)

 
Domingo Valdivieso. El descendimiento, 1864

"Era el día de la preparación. Así que al atardecer, José de Arimatea, miembro distinguido del Consejo, y que también esperaba el reino de Dios, se atrevió a presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato,, sorprendido de que ya hubiera muerto, llamó al centurión y le preguntó si hacía mucho que había muerto. Una vez informado por el centurión, le entregó el cuerpo a José. Entonces José bajo el cuerpo, lo envolvió en una sábana que había comprado, y lo puso en un sepulcro cavado en la roca. Luego hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. María Magdalena y María la madre de José vinieron dónde lo pusieron." (Evangelio según San Marcos 15, 42-47)

Eduardo Rosales. Tobías y el Ángel, 1858-63

"El joven partió con el ángel, y el perro los seguía. Caminaron los dos y, al llegar la primera noche, acamparon a orillas del río Tigris. El joven bajó a lavarse los pies en el río, y de pronto saltó del agua un pez que intentó devorarle el pie. El joven gritó, pero el ángel le dijo: "¡Agárralo y no lo dejes escapar!". Entonces él se apoderó del pez y lo sacó a tierra." (Tobias 6,1-3)

Roma fue, junto con Madrid y París, uno de los escenarios principales del arte español del siglo XIX. La Ciudad Eterna poseía un significado propio, fruto de su tradicional protagonismo en la formación de los artistas durante toda la Edad Moderna, pero en el siglo XIX la estancia en Italia se convirtió ya en el punto final de la etapa académica de cualquier artista y suponía el inicio de su madurez profesional.

Los artistas españoles que llegaban a Roma, normalmente disfrutando de una pensión oficial, debían realizar una gran pintura de composición que justificara sus estudios allí. Unos prefirieron llevar a cabo episodios históricos pero otros, entregados al verdadero protagonismo de lo religioso en esa ciudad, eligieron asuntos piadosos. 

A partir de 1852 y coincidiendo con el descubrimiento del enterramiento original de santa Cecilia y de la cripta de los Papas en las catacumbas de la vía Appia, comenzó una auténtica fiebre por los asuntos de la arqueología sagrada que, desde entonces, deslumbró la sensibilidad de casi todos los artistas allí instalados. 

Eduardo Rosales.





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