sábado, 23 de noviembre de 2013

Japonismo.


 
Mujer entre la lluvia,1870
Kusakabe Kimbei. Biblioteca de Cataluña



La fascinación por el arte japonés

El japonismo, la atracción e influencia que ejerció el arte japonés en Occidente a partir de mediados del siglo XIX, es uno de los fenómenos artísticos y culturales más ricos y fructíferos de las relaciones entre Oriente y Occidente.
Nacido a partir de la apertura de los puertos de Japón durante la década de 1860, el japonismo se convertiría en uno de los ingredientes más importantes y esenciales de la modernidad artística de la Europa de la segunda mitad del ochocientos.


Imágenes del mundo flotanteI

"Vivir únicamente el momento presente entregarse completamente a la contemplación de la luna, la nieve, de la flor del cerezo, y la hoja de arce (...), no dejarse abatir por la pobreza y permitir que se trasluzca en el rostro, sino flotar a la deriva como una calabaza en el río: eso es lo que denominamos mundo flotante..." (Asai Ryoi, Leyendas del mundo flotante, 1665)
                    
Asai Ryoi escritor japonés de principios de la era Edo, era un monje budista de un templo de Kioto y está considerado uno de los mejores autores de kana-Zoshi, un tipo de literatura popular escrita con pocos o ningún Kanji, por lo que resulta accesible a casi todos.
 
Con la actitud de contemplación y gozo, los artistas japoneses representaban instantes de la vida en sus estampas...Y cuando los artistas europeos las descubrieron ¡se sintieron fascinados por ellos!


Alexandre de Riquer. Crisantemos, 1899

Las 200 piezas que se exponen, muchas de las cuales son inéditas y se muestran por vez primera, nos aproximan a una historia de descubrimientos y de intercambios que tiene sus orígenes más remotos en la llegada de los primeros misioneros durante el período Namban, hace cuatrocientos más de cuatrocientos años.

Las obras seleccionadas son el testimonio de una fascinación compartida, testimonio del descubrimiento de un arte, una estética, de una cultura y de una visión del mundo aparentemente distantes, pero que cautivaron a los artistas del cambio de siglo y entraron en diálogo, rico diálogo, con la sociedad de toda la época.
 

Alfred Stevens. La parisina japonesa, 1872


José Villegas Cordero. Juegos orientales, 1880


Hendrik Breitner, 1857 - 1923
Muchacha en un kimono blanco, 1894
Rijksmuseum, Amsterdam



Hendrik Breiner, había adquirido recientemente un estudio sobre el Lauriergracht Amsterdam (laurel canal) una de las zonas más bonitas de la ciudad. En 1892 el artista había visitado la exhibición: "Influencia del arte japonés en la Haya", el estilo que había inspirado anteriormente a Vincent van Gogh, entre otros, y había adquirido con entusiasmo varios kimonos. La muchacha del kimono es Geesje Kwak nació en Zaandam, en 1877 y posó como modelo para el pintor.


Geesje Kwak, 1877-1899

Siempre innovador Breitner hizo un amplio uso de la fotografía como herramienta. Geesje se muestra reflexiva posando, la mano en la barbilla. esta impresión en gelatina de plata nos ofrece quizás nuestra mirada más clara a la muchacha que inspiró al artista.
 
   













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