domingo, 24 de noviembre de 2013

El Surrealismo y el Sueño.



El Surrealismo y el Sueño

PALACIO DE VILLAHERMOSA

MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA

Paseo del Prado, 8


Paul Delvaux. Mujer en una gruta, 1936

La consideración surrealista del sueño tiene unos rasgos específicos que la diferencian de otros enfoques. Es verdad que, a partir de diversos antecedentes -la literatura romántica, la simbolista, y aportaciones específicas de la psiquiatría y la psicología en el siglo XIX- el impulso decisivo para los planteamientos y elaboraciones surrealistas entorno al sueño provienen de Sigmund Freud y de su gran obra La interpretación de los sueños (1900). Pero los surrealistas no se limitan a ser meros seguidores de Freud. Para ellos, el sueño es lo que podríamos llamar la otra mitad de la vida, un plano de experiencia diferente al de la vida consciente, cuyo conocimiento y liberación incide de modo especial en el enriquecimiento y ampliación del psiquismo, que constituye su objetivo principal.

En el surrealismo, el sueño deja de ser considerado como un vacío, un mero agujero de la consciencia, para ser entendido como "el otro polo", más o menos latente o no completamente explicito, del psiquismo. Lo "real" se amplía en lo "surreal", cuya manifestación más consciente por su continuidad e intensidad, sería el sueño.
 

Rousseau "El Aduanero". Una tarde de carnaval, 1886

 
Leonora Carrington. El Templo de la Palabra, 1957

Es importante también destacar la importancia del carácter visual del sueño. Y, en relación con ello, no concebir de manera ingenua o reductiva la vía por la que el sueño se hace presente en el universo plástico surrealista. En este sentido, me parece fundamental tener presente el punto de vista de Max Erns quien, con extraordinaria lucidez, en "¿Qué es el surrealismo?", un texto escrito en 1934, rechaza la ingenua y tópica afirmación, demasiado habitual incluso hoy mismo, de que los artistas surrealistas "copian" sus sueños en sus obras. Representar plásticamente un sueño no significa sin más copiarlo, la utilización de los materiales oníricos en las artes demanda un proceso de transcripción, de elaboración secundaria de los mismos.

 
Salvador Dalí. La miel es más dulce que la sangre, 1941













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