jueves, 21 de noviembre de 2013

Shutter Island. Dennis Lehane



"Cuando uno lee sus novelas, piensa que los grandes -Chandler, Macdonald, Parker- están velando por él mientras escribe todas y cada una de sus páginas." Michael Connelly
 
                                                      

Dennis Lehane es autor, entre otras, de las novelas  Mystic River, Desapareció una noche y Plegarias en la noche. Con su primera novela, A Drink Before the Ward, ganó el Premio Shamus. nació en Dorchester, Massachussets.
 


 3 de mayo de 1993

Hace varios años que no veo la isla. La última vez fue desde el bote de un amigo, que tuvo la osadía de llegar hasta el extremo más alejado del puerto; la divisé a lo lejos, más allá de la parte resguardada, envuelta en la neblina veraniega, una desaliñada mancha de pintura que destacaba en el cielo.

 Hace más de veinte años que no pongo los pies en la isla; sin embargo, Emily afirma (algunas veces en broma, otras en serio) que no está muy segura de que jamás me haya marchado de allí. Una vez me dijo que para mí el tiempo es sólo una colección de puntos de libro que utilizo para avanzar y retroceder en el texto de mi vida, y así poder regresar una y otra vez a los acontecimientos que me marcaron, a los ojos de mis colegas más inteligentes, como si tuviera todas las características del típico melancólico.



Verano de 1954. El agente federal Teddy Daniels llega a Shutter Island, isla en la que está ubicado el hospital Ashecliffe, un centro penitenciario para enfermos mentales.
 
Junto con su compañero, Chuck Aule, se propone encontrar a una paciente desaparecida, una asesina llamada Rachel Solando.

                                                                                                                  




A veces somos menos infelices cuando
aquellos a los que amamos nos engañan, que
cuando no nos engañan.

                                                         F. La Rochefoucauld, Máximas



 

Anglada Camarasa y el arte japonés
 
El interés por las artes de Japón entre los artistas europeos y norteamericanos a partir de la década de 1860 tuvo también su influjo en España. Del mismo modo que Monet, Degas, Toulose-Lautrec o Gauguin se sintieron sorprendidos y atraidos por los temas y las soluciones compositivas y cromáticas del arte nipón, particularmente de las estampas japonesas, dicho descubrimiento fue también compartido por otros artistas en España como Dario de Regoyos o Miquel Utrillo, pintores entre un largo etcétera de nombres dentro del cual no debemos olvidar a Hermenegildo Anglada Camarasa.
 
Cabeza de valenciana, 1907.
 
Grupa y dos valencianas

Anglada Camarasa forjó su éxito como pintor en París, donde fue aclamado como uno de los principales artistas de los primeros años del siglo XX. Viajó por primera vez a la capital francesa en 1894, donde permaneció durante varios meses antes de regresar a Cataluña. Sin embargo su viaje decisivo se produjo en 1897; se estableció inicialmente en el Quartier Latin y pronto empezó a frecuentar el Montmartre. A partir de ese momento Anglada Camarasa se introdujó en el mundo de los cafés, los teatros, los espectáculos y los cabarets nocturnos que regentaba Josep Oller y que inmortalizaron tantos artistas de fin de siglo.
 




El ascenso de Anglada Camarasa a la fama internacional fue precedido por su paso por dos de las principales academias parisinas, la Academia Julian y la Academia Colarossi, por donde pasaron un número importante de artistas japonistas y pintores japoneses.
En el caso de Anglada Camarasa, la aproximación al fenómeno del japonismo se hizo patente mediante la adquisición de una colección de 155 estampas así como seis libros ilustrados japoneses. Dichas piezas fueron adquiridas probablemente envarios lotes en París entre los años 1900, año de la gran Exposición Universal francesa, y 1914, cuando, coincidiendo con el inicio de la Primera Guerra Mundial el pintor se trasladó a Mallorca.




Conservadas hasta la actualidad, son obras representatibas del arte del ukiyo-e del siglo XIX, principalmente retratos de actores de teatro kabuki de artistas de la escuela Utagawat -Toyokuni, Kunisada, Kuniyoshi, Kunichika, Kunidada II, etc..., así como paisajes y escenas naturales de hiroshige y de Hokusai y varios retratos de cortesanas, de autores como Keisal Eisen.
 




En París, y posteriormente en Mallorca, el arte de Anglada Camarasa fue evolucionando, pasando de las imágenes sombrías y decadentes de la ciudad de las luces a retratos de la España folklorica y, finalmente, a los paisajes del Mediterráneo. este viaje fue acompañado también por un interés real y sincero por el arte japonés que empezó a emeger de forma sutil a través de alguna de sus obras, tanto retratos femeninos decorativos y coloristas como principalmente paisajes. Es así que, en ocasiones, los troncos sanos y robustos de los pinos de Pollensa y del Cap des Pinar pintados al óleo sobre tela nos recuerdan los que aparecen en las estampas que coleccionó, de artistas como Kuniyo-shi, del mismo modo que las formas y los cromatismos de grutas cársticas de la costa mallorquina recuerdan poderosamente algunas de las vistas célebres de Hiroshige que también coleccionó.







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