viernes, 1 de noviembre de 2013

Aelita. Alexéi Tolstói (1883 - 1945)


Ibrahim El-Salahi

Prólogo

Última puesta de sol en Tuma


El hombre puede creer en lo imposible, pero no creerá nunca en lo improbable, decía  Oscar Wilde. Y es esa búsqueda de la verosimilitud por encima de la credibilidad la que desde siempre ha perseguido la ciencia ficción. La realidad, por imposible que nos resulte, solo necesita convertirse en probable para que el lector pueda habitarla cómodamente. y tan feliz metamorfosis se consigue abusando de los detalles, también sabía Nabókov, que los usaba a modo de redes cazamariposas para atrapar esa insobornable sensación de verosimilitud que él tanto ansiaba...(pag. 7-8) 


Alexéi Tolstói, que en su novela Aelita, considerada una de las obras cumbres de la ciencia ficción soviética, hace eso y mucho más. Con el pulso romántico de un orfebre, sumerge al lector en un onírico comienzo, jalonado de imágenes inquietantes...(pag.8)




De entre la multitud surge un protagonista, un científico idealista, solitario y abrumado por un profundo conflicto emocional llamado Loss; se desvela un invento: una nave que constituye un maravilloso avance tecnológico y se establece un postulado fantástico: viajar a Marte es posible...(pag.9)

Sobrino del célebre escritor León Nicolaevich Tolstói, Alexéi Tolstói era un aristócrata, pero siempre se sintió cercano a la ideología socialista, viviendo sumergido en la bohemia literaria de San Petersburgo durante los tiempos anteriores a la Revolución.

En 1918 emigró a Berlín, huyendo de la revolución bolchevique en una desbandada de escritores rusos. muchos de ellos habían sido fervientes defensores de la ideología soviet, pero no pudieron ocultar la necesidad de alejarse de un régimen que no sabía todavía muy bien como gestionar a sus artistas, un régimen preocupado por implantar y controlar una cultura oficial con la que definir sus señas de identidad...(pag.10)

Tolstói añora Rusia, ama a su patria, no hay un segundo que pase lejos de ella en el que su alma no anhele regresar...(pag.11) 




Cinco años después de su huida, en 1922, Tolstói volvió a Rusia como el hijo pródigo, convertido en un vehemente defensor de la revolución socialista, anhelando el beneplácito del régimen para poder ser considerado un escritor políticamente correcto. De hecho, la trama de Aelita, publicada ese mismo año, se trenza alrededor de una clara alegoría utópica: una sociedad dirigida por un gobernante zarista y marcada por una fuerte lucha de clases, se ve abocada a la destrucción, entregando su única y crepuscular esperanza a la revolución socialista acaudillada por el valiente soldado Gúsev, ante la melancólica mirada de Loss, quien observa con tristeza, desde su atalaya intelectual, toda la sabiduría arruinada, siendo desde el egoísmo de su alma enamorada que, a la larga, por lo único que merece la pena luchar es por el amor...(pag. 12)



Constituye Aelita un mosaico de influencias armonioso y singular, como un collage de variopintos recortes, exquisitamente barnizados de poesía...(pag.12)

Tolstói, quién estudió física, química e ingeniería, despliega a lo largo de sus páginas todos sus conocimientos científicos en el más puro estilo verniano, con explicaciones rigurosas y didácticas, sobre temas astrológicos, aerodinámicos, físicos o biológicos. Sin amedrentarse en la recién estrenada Teoría de la Relatividad General, publicada por Einstein en 1915, especula sobre la curvatura espacio-tiempo y los posibles viajes temporales al futuro, plantea el hallazgo de nuevos minerales milagrosos, como la ultralidita, describe con exactitud de astrónomo las explosiones y las manchas de la superficie solar, los efectos de la gravedad y la aceleración sobre el cuerpo humano, y hasta se erige en visionario con inventos como las videoconferencias y las imágenes de sociedades observadas por cámaras, que actualmente forman parte de nuestra cotidianidad...(pg. 14)
 

Ibrahim El-Salahi


Y como un eco lejano, atravesando las llanuras inmensas y desoladas del tiempo y del espacio, escuchamos la voz del autor hablándonos sobre el origen de la vida, sobre la religión y la fe, sobre la guerra y la conquista, sobre el conocimiento y su pérdida, sobre la eterna lucha entre el bien y el mal y, en definitiva, sobre la búsqueda de la felicidad. Porque más allá de la historia de un pueblo sometido, un pueblo cuya insatisfacción -aquella que va impresa en la misma semilla de la vida- se ve aplacada por una droga anuladora de deseos y preguntas, más allá de la historia de unos ideales, de un héroe  liderando una revolución salvadora, más allá de la historia de una civilización crepuscular y de un paraíso perdido, el autor nos confiesa cual es la verdadera salvación del individuo: el amor, lo único que realmente puede redimirlo.


Ibrahim El-Salahi

"Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse así mismo", nos dice Tolstói. Y es bajo esa premisa que la historia de amor entre Loss y Aelita se erige como auténtica protagonista de la novela. El amor es lo único que merece la pena salvarse porque solo en el amor está la salvación. y así lo comprenden los amantes, cuando, derrotando a todos los fantasmas que habitan en su interior, enfrentan ese abismo que significa la muerte de la razón y se entregan el uno al otro, sustituyéndose en la esencia del amado. Aelita como una moderna Medea, traiciona todo aquello en lo que creía, todo aquello que significa su verdad. Y Loss, por su parte, se entrega a ella sin fisuras, consciente de que el hombre que escucha el corazón de una mujer ya nunca se verá saciado de ella, rindiéndose a la sed eterna de sus palabras, aceptando que la añoranza de su piel le perseguirá a través de las estrellas.



Ibrahim El-Salahi


Por todo ello, las últimas palabras de Aelita no son sólo un canto de esperanza al paraíso y al amor perdido, si no también el sortilegio que encierran algunos finales, para permanecer inolvidables en nuestra memoria. Félix J. Palma

                        


Imposible dejar el mágico mundo de Aelita, la atmósfera de la novela me impide desconectar, volver a la Tierra y comenzar otra lectura.



Autor: Alexéi Tolstói
Título: Aelita

Traducción: Marta Sánchez-Nieves
Prólogo: Félix J.Palama

Editorial: Nevsky Prospects
Edición 2010

Nº de páginas: 281




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