viernes, 18 de octubre de 2013

Safo. Poemas y Testimonios.


Mykonos

Que se me perdone si hablo de Safo como de una contemporánea mía. En la poesía, como en los sueños, no envejece nadie. Odiseas Elitis
                                  

Bora-Bora

Tal vez la Safo que conocemos es un fantasma, es una nube que ha levantado en las revoluciones de la historia el calor de la imaginación del poeta, y que adopta formas y colores, según el punto de vista que ocupa sobre los pueblos. Carolina Coronado


Bora-Bora, bungalows

The Isles of Greece, the Isles of Greece,
Where burning Sappho loved and sung!
                                                             Lord Byron
                                          

Montaña en Bora-Bora

                     
La poetisa griega Safo nació en la isla de Lesbos, seguramente en Mitilene, a finales del siglo VII a.C. Los fragmentos conservados de su obra constituyen una muestra de la primera poesía lírica que se hizo en Europa. 
Compuesta para el canto y difundida en un contexto todavía enigmático, la poesía de la décima Musa se convirtió ya desde Grecia en una referencia de autoridad indiscutible para la literatura creada por mujeres.
Su discurso sobre eros -sutil y perturbador-, la estilizada inmediatez de su lenguaje y su inventiva métrica y formal han fascinado a lectores y escritores de todos los tiempos, desde Platón y Catulo hasta Virginia Woolf y Marguerite Yourcenar. 




Las noticias sobre la vida de Safo que nos han legado los antiguos son fragmentarias, como su obra; dibujan un perfil impreciso de su figura, velado por la leyenda, que se imbrica con los motivos y las imágenes de sus versos. Los poemas y los testimonios se iluminan, pues, mutuamente, como destellos de un enigma reinterpretado constantemente a lo largo de los siglos.



Propémtico

Diosa Cipria y Nereidas, que sin daño
mi hermano aquí regrese concededme,
y todo lo que quiera realizar
en su ánimo se cumpla.

Que se libre de aquello en lo que ha errado
y para sus amigos causa sea de gozo.
Enemigos no haya entre nosotros
ni uno solo.

Y que anhele lograr
honor para su hermana sin sufrir el penoso
tormento del pasado.

Pero tú, Cipris,
disponiendo de una perversa...





 Décima Musa

Dicen unos que nueve son las Musas. Qué negligencia.
Que sepan que la décima es Safo la de Lesbos.
                                                             
                                                 Platón, Antología Palatina 9, 506






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