domingo, 27 de octubre de 2013

Relatos de Amor



Isabel Allende

Mario Benedetti

Alfredo Bryce Echenique


Regalo para una novia

Horacio Fortunato había alcanzado los cuarenta y seis años cuando entró en su vida la judía escuálida que estuvo a punto de cambiarle sus hábitos de truhán y destrozarle la fanfarronería. Era de raza de gente de circo, de esos que nacen con huesoso de goma y una habilidad natural para dar saltos mortales...(pag.9) Isabel Allende



   
Puentes como liebres
 
Había oído mencionar su nombre, pero la primera vez que la vi fue un rato antes de subir al vapor de la carrera. Mis viejos y mis hermanas habían venido a despedirme y estaban algo conmovidos, no porque viajara a Buenos Aires a pasar una semana con mis primos sino...(pag.37) Mario Benedetti

                                                                                                                      


A veces te quiero mucho siempre
 
Había amarrado la lancha pero se había quedado sentado en el pequeño embarcadero y desde ahí continuaba contemplando la casa al atardecer. Sintió que el mayordomo lo estorbaba, cuando se le acercó a preguntarle si estaba satisfecho con su día de pesca y si deseaba que se fuera llevando las cosas...A. Bryce Echenique




Julio Cortázar

Javier García Sánchez

Graham Greene

Cambio de luces
 
Esos jueves al caer la noche cuando Lemos me llamaba después del ensayo en radio Belgrano y entre dos cinzanos los proyectos de nuevas piezas, tener que escuchárselos con tantas ganas de irme a la calle y olvidarme del radioteatro  por dos o tres siglos, pero Lemos era el autor de moda y me pagaba bien para lo poco que yo tenía que hacer en sus programas, papeles más bien secundarios...(pag.11) Julio Cortázar
                                                                                            


                                                
Manos Muertas

Cuando Carter cumplió cuarenta y dos años pensó que era maravillosa la paz, la seguridad de un matrimonio genuino. Y hasta disfrutó con cada detalle de la ceremonia religiosa, salvo cuando vio a Josephine secarse una lágrima mientras él atravesaba la iglesia del brazo de Julia. No era sorprendente que Josephine estuviera presente, dada su nueva franca relación. Carter no tenía secretos con Julia...(pag. 65) Graham Greene
                           


                                                


Fotografía: Mark Olich





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