lunes, 14 de octubre de 2013

"Poemas del manicomio de Mondragón" Leopoldo María Panero (1948 - 2014)




A quien me leyere


Los libros caían sobre mi máscara (y donde había un rictus de viejo moribundo), y las palabras me azotaban y un remolino de gente gritaba contra los libros, así que los eché todos a la hoguera para que el fuego deshiciera las palabras...
Y salió un humo azul diciendo adiós a los libros y a mi mano que escribe: "Rumpete libros, ne rumpant anima vestra": que ardan, pues, los libros en los jardines y en los albañiles y que se quemen mis versos sin salir de mis labios:
el único emperador es el emperador del helado, con su sonrisa tosca, que imita a la naturaleza y su olor a queso podrido y vinagre. Sus labios no hablan y ante esa mudez de asombro, caigo estático de rodillas, ante el cadáver de la poesía. Leopoldo María Panero




En el obscuro jardín del manicomio
los locos maldicen a los hombres
las ratas afloran a la Cloaca Superior
buscando el beso de los Dementes. 




Los ángeles cabalgan a lomos de una tortuga
y el destino de los hombres es arrojar piedras a la rosa
Mañana morirá otro loco;
de la sangre de sus ojos nadie sino la tumba
sabrá mañana nada.
 


                                                                                       a José Saaverda      

Has dejado huella en mi carne
y memoria en la piel de las interminables bofetadas
que surcaran mi cuerpo en el claustro del sueño
quién sabe si mi destino se parecerá al de un hombre
y nacerá algún día un niño para imitarlo.





Ven hermano, estamos los dos en el suelo
hocico contra hocico, hurgando en la basura
cuyo calor alimenta el fin de nuestras vidas
que no saben cómo terminar, atadas
las dos a esa condena que al nacer se nos impuso
peor que el olvido y la muerte
y que rasga la puerta última cerrada
con un sonido que hace correr a los niños
y gritar en el límite a los sapos.


 
                                                                       
                                                                        a Marava        

Brindamos con champagne sobre la nada
salto de un saltimbanqui en el acero escrito
donde la flor se desnuda y habita entre los hombres
que de ella se ríen y apartan la mirada
sin saber oh ilusión que es también a la nada
adonde ellos la vuelven y que a cada jugada
se tiende la Muerte ante el jugador desnuda
y enanos juegas con cabezas humanas.


Ilya y Emilia Kabakov. Pianista y Musa, 2003

Del polvo nació una cosa.
Y esto, ceniza del sapo, bronce del cadáver
es el misterio de la rosa.

 




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