jueves, 17 de octubre de 2013

Ballet Clásico de Moscú, "La Cenicienta" de Sergei Prokofiev



Sergei Prokofiev, nace el 23 de abril en Sontsovka (Ukrania) en 1891 y muere el 5 de marzo de 1953, víctima de un infarto cerebral, en Nikolina Gora, cerca de Moscú. Sus restos reposan en el cementerio moscovita de Novodevichi.

Prokofiev, triunfó en el ballet, los que más fama le han dado datan de su período soviético. Romeo y Julieta (1936) y Cenicienta (1944) son dos obras maestras que brillan por su invención melódica y su color orquestal , en las que el músico retornó a la tradición romántica.

El cuento de hadas Cenicienta, muy conocido en occidente del escritor francés Charles Perrault, escrito en 1697, es de los más conocidos del mundo. El Ballet Clásico de Moscú ofrece su propia versión de este ballet en tres actos.



Los creadores N. Kasatkina y V. Vasiliov dicen que "a parte de la técnica virtuosa, el artista tiene que tener personalidad, tiene que cuidar cada detalle y no solo con el cuerpo, sino con el corazón y la cabeza. Sólo en este caso en el espectáculo se encienden las estrellas"

Mucho del mérito de este Ballet Clásico de Moscú pertenece a la formación que recibieron en la Escuela Bolshoi, pero eso no explica que ellos bailen con un estilo tan diferente al de cualquier otra compañía de Rusia.

Natalia Kasatkina y Vladimir Vasiliov, directores artísticos de la compañía, son ademas responsables de su delicadeza y su estilo.



 Libreto y coreografía: Natalia Kasatkina y Vladimir Vasiliov
Escenografía: Lev Solodovnikov
Vestuario: Elizaveta Dvorkina



I Parte:

Como siempre, la mañana empieza para Cenicienta teniendo que soportar las maldades de sus hermanastras. Solamente en los ratones de la cocina, encuentra consuelo y comprensión. Su padre, a escondidas de la madrastra, le regala los rudos zapatos que habían sido de su madre. Pero la malvada madrastra no les deja estar a solas.
Más tarde Cenicienta encuentra, al lado de la chimenea, a una indigente que no se sabe de donde apareció. Compadecida, le regala sus zapatos a la pobre viejecita. 

Sus hermanastras se preparan para el baile: se prueban vestidos, se pelean y se envidian mutuamente. Su riña la interrumpe el profesor de baile. Las clases no se les dan nada bien, pero Cenicienta baila todo con tanta gracia, que de nuevo provoca la envidia de sus hermanastras y la furia de la madrastra.

Antes de irse todos al baile, Cenicienta se imagina ser Princesa y su padre juega con ella haciendo que es el Príncipe. Cuando se queda sola Cenicienta llora desconsoladamente...
De repente la cocina se llena con una extraña luz. Junto al reloj vuelve a aparecer la viejecita y de la chimenea salen unos enanitos. La viejecita se convierte en una bellísima Hada y con ella se encuentran cuatro Hadas de las Estaciones del Año, con el séquito de los enanitos-meses. El Hada de la Primavera regala a Cenicienta un maravilloso vestido, el Hada del Verano convierte a los ratones en caballos, el Hada de Invierno le regala la corona y, el Hada de Primavera le regala unos preciosos zapatos de cristal y la avisa seriamente que tiene que volver a casa antes de las 12 de la noche...sino, la magia terminará.



II Parte:

Al baile llegan los invitados entre los príncipes de lejanos países: España, China y Chukotka. Entre las invitadas hay muchas bellezas, pero la más bonita es la que ha llegado la última, que no sólo destaca por su belleza, sino por la simpatía y la bondad que irradia. Todos quieren bailar con ella, y el Príncipe le ofrece su mano y su corazón.
Suenan las campanas del reloj, dando las doce. El baile, para Cenicienta ha terminado, así que rápidamente abandona el palacio, perdiendo un zapato en su carrera.



III Parte:

El Príncipe busca afanosamente a su bella desconocida, pero ningún zapatero de su reino puede darle la información necesaria.
El príncipe viaja a los lejanos países de las invitadas al baile, pero el zapato no les vale a ninguna de ellas.
La otra zapatilla de cristal es lo único que le queda a Cenicienta de ese maravilloso baile y, en su sueño, revive una y otra vez esos mágicos momentos. La madrastra y las hermanastras, la despiertan de sus fantasías con gritos y reproches. El padre de cenicienta ya no aguanta más e intenta que la madre y sus hijas realicen algunas tareas caseras.
De repente aparece el Príncipe con su séquito. El zapato no le vale a las hermanastras. Tampoco a la madrastra, que intenta cortarse parte del pie para que le pudiera servir el zapato. Al intentar evitarlo, a Cenicienta se le cae al suelo la pareja del zapato de cristal que traía el Príncipe. Así, este consigue reconocer a su amada.

Y después se celebró la más bonita y divertida boda del mundo 

 











 







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